A 52 años del hallazgo del Macá Tobiano, el ave emblema de la Patagonia que lucha por sobrevivir

El descubrimiento de esta especie es relativamente reciente, en 1974. Pero los investigadores detectaron una caída abrupta de la población y debieron descubrir cuáles eran las amenazas y diseñar planes de conservación que hoy dan resultado.

Por Lorena Roncarolo

Se cumplieron 52 años del descubrimiento del Macá Tobiano, una especie de ave única de la Patagonia Austral que fue identificada por primera vez por Mauricio Rumboll y Eduardo Shaw en la Laguna de Los Escarchados, en Santa Cruz. Si bien ese hallazgo marcó un hito para la ornitología argentina, también generó una infinidad de descubrimientos posteriores, ante el descenso de la población, y la puesta en marcha de todo tipo de esfuerzos de conservación.

«Fue una especie que, tratándose de vertebrados, se describió tarde, en los 70. Es muy reciente. Lo llamativo fue que los primeros monitoreos arrojaron que la población estaba en buenas condiciones y lejos de cualquier impacto de actividad humana«, comentó la bióloga Laura Fasola, investigadora del Conicet e integrante de la Fundación Macá Tobiano.

En ese momento, se sabía que era una especie que nidificaba en lugares remotos arriba de las mesetas de Santa Cruz. Los investigadores tardaron una década en descubrir a dónde pasaban los inviernos. Resulta que migran a los estuarios sobre la costa atlántica, del río Santa Cruz, Coyile y Gallegos. Luego, regresan a la meseta.

Dos décadas después, los observadores de aves notaron que se les dificultaba encontrar las aves y sospecharon que algo estaba pasando. Por eso, en 2009 se retomaron los monitoreos y concluyeron que había pocos animales. De la población estimada entre 3.000 y 5.000 individuos, solo contabilizaban menos de 800 individuos.

En 2025 se logró la liberación de los primeros tres individuos criados en cautiverio en el estuario del río Santa Cruz. Foto: gentileza

«Esto despertó las alarmas. Había varias causas: por un lado, Patagonia atravesaba un proceso de sequía y efectos de cambio climático. La sequía hacía que las lagunas fueran cada vez menos y el cambio climático produce tormentas de viento fuertes en Patagonia que impide que los nidos de macaes lleguen a término», especificó Laura. Sucede que los macaes construyen los nidos en plataformas flotantes que son destruidas por el viento.

No eran las únicas amenazas. Las especies invasoras también producían un impacto en estas aves. El visón americano, por ejemplo, había desembarcado en las áreas reproductivas, generando una pérdida de individuos. Por otro lado, las truchas que habían sido sembradas en las lagunas propias de los macaes, estaban generando un deterioro en el ambiente.

Desde Fundación Bariloche, destacan el valor de la ciencia aplicada a los territorios. Foto: gentileza

«También nos encontramos con que los asentamientos humanos y el mal manejo de los residuos había propiciado el establecimiento de colonias de gaviota cocinera que son depredadoras de nidos. Así comenzó un largo camino para mitigar todos esos efectos», detalló.

En 2012, el equipo de investigadores puso en marcha diversas estrategias. Por un lado, lograron controlar la población de visones, usando sistemas de trampeo y perros de rastreo. A su vez, bajaron la carga de truchas en las lagunas y pusieron en marcha un «control reproductivo» de la gaviota cocinera para bajar la abundancia de animales cerca de los macaes.

«Todavía no vemos un crecimiento de la población, pero al menos, logramos estabilizarla», valoró Laura. El paso siguiente fue reforzar el ciclo reproductivo de macaes. «En cada nido -aclaró-, ponen dos huevos aunque crían uno solo. Lo que hacemos es recuperar ese huevo ecológicamente perdido y lo criamos en un centro de cría». Luego, es devuelto a las lagunas o los lugares donde migran en el invierno.

Determinar ese protocolo llevó casi 10 años. «Sucede que los macaes nidififican en condiciones super específicas y la cría se da en condiciones muy particulares. Pero estos últimos dos años, logramos llevar tres individuos a término y ya pudimos liberarlos«, valoró.

Habita lagos y lagunas de altura en las mesetas de Santa Cruz durante la temporada reproductiva y, en invierno, migra hacia la costa atlántica. Foto: gentileza

Recalcó que el otoño e invierno del año pasado, las abundantes precipitaciones facilitaron el agua de las lagunas donde viven las colonias de macaes. «Esta temporada -añadió-, tenemos 100 macaes juveniles que deben haber emprendido la migración. De modo que quedamos a la espera de la próxima temporada para contabilizar el efecto«.

Los macaes solo se pueden ver en Santa Cruz, aunque hay registros eventuales -y mínimos- en el sur de Chile. «Creemos que esto tiene que ver con los momentos de baja disponibilidad de agua en Santa Cruz», dijo Laura.

La investigadora destacó la importancia de «sostener los esfuerzos de conservación en Sudamérica y, particularmente en Argentina, donde es tan difícil. Hay mucho esfuerzo en cada una de las acciones».
En este sentido, Fundación Bariloche alberga a los investigadores que definen los trabajos destinados al macá tobiano. «Como investigadores de Conicet, la Fundación es nuestro lugar de trabajo. Un trabajo sustentado a conciencia, con estudios ecológicos aplicados a la conservación. El macá se transformó en la especie bandera, pero hay muchos otros esfuerzos de conservación con otras especies», concluyó.

El Macá Tobiano continúa siendo un símbolo de la Patagonia Austral. Foto: gentileza

El Macá Tobiano es una especie endémica de la Patagonia Austral y nidificante endémica de Argentina. Habita lagos y lagunas de altura en las mesetas de Santa Cruz durante la temporada reproductiva y, en invierno, migra hacia la costa atlántica, especialmente a los estuarios de los ríos Coyle, Gallegos y Chico-Santa Cruz.



Se cumplieron 52 años del descubrimiento del Macá Tobiano, una especie de ave única de la Patagonia Austral que fue identificada por primera vez por Mauricio Rumboll y Eduardo Shaw en la Laguna de Los Escarchados, en Santa Cruz. Si bien ese hallazgo marcó un hito para la ornitología argentina, también generó una infinidad de descubrimientos posteriores, ante el descenso de la población, y la puesta en marcha de todo tipo de esfuerzos de conservación.

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