Las bombas de fragmentación y la reelección de Milei

El Gobierno le habla a las mayorías en un lenguaje simple y brutal. La oposición insiste con agendas de fragmentación y le garantiza al oficialismo mantener su apoyo social.

Por Lucas Arrimada*

“La desintegración de la persistencia de la memoria”, Salvador Dalí, 1954

Una oposición líquida y fragmentada.

1. La regresión se consolida con la división


El oficialismo está debilitado por sus múltiples internas salvajes. Sabe que se juega todo, su propia supervivencia y la tan buscada paz judicial. En ese contexto, la oposición hace todo para garantizarle su reelección en primera vuelta.

Milei puede perder por su propia torpeza en 2027 pero la oposición quiere hacerlo ganar. La supuesta oposición colabora y co-gobierna con Milei. Por un lado le vota leyes regresivas y perjudiciales tanto para las provincias patagónicas como para toda la Nación, como la reforma de “zonas frías”. Por otro lado, insiste con sus agendas de fragmentación que saturaron a las mayorías que votaron enojadas.

¿Cómo entender que después de perjudicar a jubilados, discapacitados, enfermos oncológicos, luego de la negación sistemática de prestaciones en el Pami, abandonar las rutas nacionales, después de quitarle recursos a las provincias y de destruir capacidades del Estado -que necesitaremos para incendios e inviernos polares-, el apoyo al Gobierno siga con una base sólida? La clave es atender los malestares que generaron las minorías intensas de la oposición en mandatos pasados y que el Gobierno capitalizó.

Los partidos políticos tradicionales destruyeron sus últimos lazos sociales con agendas realmente lesivas como las guerras culturales que fortalecen a nivel global a las derechas. Mientras el progresismo hacía daño, del otro lado cosechaban a sus heridos y les pedía sus votos.

Sin desarmar esas bombas de fragmentación, sin reconocer las heridas abiertas, nada cambiará, todo seguirá empeorando, desintegrándose.

Las políticas de miedo y pánico creadas por el progresismo siguen vigentes y no se pueden resolver en el espacio público porque justamente el miedo persiste y la autocensura es la regla. El riesgo es alto y la amenaza continúa.

Existe ese miedo en relaciones sociales e íntimas, con más razón existirá el temor en los espacios políticos ante los linchamientos públicos, judiciales o parajudiciales, construidos como hitos disciplinadores. Milei y las nuevas derechas son sucedáneos a un debate político abierto desinhibido porque se puede ir a un cuarto oscuro y votar sin exponerse. Eso volverá a pasar. No deben sorprender los resultados electorales después. Ese silencio, ese miedo reverencial es producto lógico del autoritarismo progresista, de su violencia pública y de sus ritos sacrificiales.

Hace dos años comparamos a Kiciloff con Joe Biden, esto es, dos líderes cuyas agendas de gobierno son las de las guerras identitarias, las bombas de fragmentación, que llevaron a sus partidos a la derrota. El péndulo de Biden llevó a Trump. La todavía incipiente candidatura de Kiciloff es una gran noticia para el Gobierno libertario, incluso para aquellos que piensan en un escenario de mileísmo sin Milei. El péndulo de Trump o Milei también pasará. Quizás la clave sea frenar el péndulo y salir de la política pendular.

2. Un Congreso que deroga lo que le ordenan


La supuesta oposición se prepara para acompañar la Ley Hojarasca en el Senado. Es una ley ómnibus negativa, una derogación masiva, totalmente impropia para la función del Congreso. También apoyará otro retroceso con la reforma de “zonas frías” justo cuando los inviernos se vuelven extremos e impredecibles.

Hace ya unos días, una diputada nacional por Neuquén, supuestamente opositora a Milei, recordó muy elogiosamente a De Nevares como alguien que “reformó la Constitución” (sic) para un rato después dar quórum y votar a favor de la quita de los subsidios por zonas frías. Históricamente lo primero es falso y políticamente lo segundo es demasiado cínico.

Jaime de Nevares anunció este tipo de regresión institucional masiva cuando se enfrentó a la reforma constitucional tal como estaba planteada en el “Pacto de Olivos” y renunció en la Convención Constituyente de 1994 como representante de Neuquén. Se opuso a los decretos de necesidad de urgencia, a la delegación legislativa y al hiperpresidencialismo constitucionalizado que Sturzenegger ejecuta sin freno y casi sin críticas.

Como en el cuadro de Dalí -un ejemplo de la complejidad de la memoria y del olvido selectivo- el tiempo no se desintegra ni fragmenta. El tiempo se pierde, se fuga como una bala. Bien lo sabe la oposición que lucra en los funerales de la república y acompaña la desintegración de la Nación.

* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.


“La desintegración de la persistencia de la memoria”, Salvador Dalí, 1954

Una oposición líquida y fragmentada.

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