Del laboratorio en Nueva York al Instituto Leloir en Argentina para ganarle la batalla al hantavirus

"No hay antivirales, no hay vacunas y se sabe poco", explicó la doctora en Bioquímica, María Eugenia Dieterle, que, después de ocho años en un colegio de Medicina de Nueva York, volvió al país con el desafío de encontrar nuevas terapias.

Por Lorena Roncarolo

Al concluir su doctorado en Bioquímica, la bióloga argentina María Eugenia Dieterle puso el foco en laboratorios estadounidenses que trabajan con ciertos virus, especialmente el hantavirus. Lo consideraba «un nicho para explorar».

«No hay antivirales, no hay vacunas y se sabe poco. El porcentaje de letalidad es alto. Es complejo de estudiar porque se necesitan sistemas de bioseguridad altos», resumió esta investigadora oriunda de Sierras Bayas en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires.

Después de realizar un posdoctorado en el Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, ocho años después María Eugenia decidió regresar al país para desarrollar nuevas formas de diagnóstico del hantavirus (enfermedad que se se transmite a los seres humanos a través de la orina, saliva y heces de roedores silvestres) y nuevas terapias alternativas. Su nueva base es el Laboratorio de Virus Emergentes de la Fundación Instituto Leloir.

«Me fui por unos años cuando supe de un pequeño grupo de trabajo que avanzaba en una línea en hanta, los contacté y empecé a investigar allá. Los años pasaron volando, pero siempre supe que quería regresar«, confió.

María Eugenia se propuso estudiar los receptores que usan los hantavirus para entrar en la célula del hospedador. Su primer gran descubrimiento fue que, en el caso de la cepa Andes (endémica de la zona patagónica y la más letal), utilizan un receptor llamado protocadherina-1. Desde el laboratorio intentaron desarrollar posibles terapias con anticuerpos monoclonales para tratar la enfermedad una vez declarada.

María Eugenia Dieterle investigó durante ocho años en Estados Unidos. Foto: gentileza

«Se hicieron anticuerpos monoclonares contra las proteínas de las superficies virales para un posible uso como terapia que pareció funcionar en animales. Ahora hay varios laboratorios que han desarrollado anticuerpos monoclonares aunque no hay nada en la etapa clínica«, dijo y subrayó que estos avances fueron publicados en revistas científicas aunque falta financiamiento para dar el siguiente paso. «Con el brote de hantavirus en el crucero, gran parte del mundo se enteró que existen estos virus y podrían surgir posibilidades de financiamiento. Sucede que ahora está el ébola en agenda», admitió.

Su desembarco en Argentina ocurrió en febrero luego de ganar un concurso abierto del Instituto Leloir en el Laboratorio de Virus Emergentes. «Cuando uno busca laboratorios de biología molecular que trabajen con hantavirus en el país, además del centro de referencia, no hay tantos», reconoció y valoró que «en este momento, instalo el laboratorio y conformo el grupo de investigación para avanzar en tres líneas de trabajo».

Su desafío es avanzar en la comprensión de los diversos mecanismos virales para infectar las células a fin de poder desarrollar terapias efectivas y nuevas formas de diagnóstico. Por un lado, María Eugenia pretende continuar con el desarrollo de anticuerpos monoclonales a partir del suero de pacientes convalecientes -aunque de una manera algo más novedosa: intenta que estos anticuerpos reconozcan proteínas que no están expuestas en el virus.

El hantavirus suele provocar una insuficiencia cardíaca y respiratoria. De modo que cuanto antes se lo detecta, se pueden mejorar los cuidados del paciente y tomar las medidas necesarias para evitar el contagio de persona a persona.

«Si bien existe una técnica para detectar cuando alguien se infecta y se pueden reconocer anticuerpos, queremos generar herramientas complementarias que pemiten detectar al virus. Al detectarlo antes, ayuda a mejorar la prognosis (pronóstico) del paciente y los cuidados paliativos«, comentó. La tercera línea de análisis la define como «ciencia básica» y aborda la replicación del virus.

«¿Se estudian todas las variantes del virus que hay en Argentina o el foco está en la cepa Andes que produce contagio interhumano?», se consultó. «Hay aspectos que son similares en todos los virus hanta en Argentina. La idea es hacer pruebas con todas las variantes que existen. En el laboratorio tenemos modelos que nos permiten estudiar al virus desde distintos ángulos, pero a la vez, tenemos una colaboración con el instituto Malbrán que trabajan con virus patogénicos de verdad«, respondió.

El trabajar con modelos, especificó, les permite trabajar en cabinas de bioseguridad más bajos, es decir en un laboratorio de investigación convencional, sin riesgos. «Sin embargo, una línea apunta a usar la sangre de pacientes infectados y convalecientes para hacer estudios«, aclaró.

Sobre los escasos avances en hantavirus a lo largo de los años, María Eugenia consideró que es difícil su estudio ya que se requiere un alto sistema de bioseguridad. «Las alarmas saltan cuando ocurren brotes como el de Epuyén en 2019 o el barco. Pero el hecho de que no haya tantas herramientas para trabajar con estos virus es un problema», planteó y aseguró: «La función de mi laboratorio es generar esas herramientas para entender mejor. La mejor forma de generar terapias antivirales o vacunas es estudiando«.


Los casos según el Boletín Epidemiológico Nacional

-En lo que van del año, se registraron 44 casos de hantavirosis, según en Boletín Epidemiológico Nacional. El número, advierte el informe, «está por encima de lo esperado» en relación a otros años.

-En tanto, en temporada 2025/2026 ya se notificaron 24 muertes en el país, con una letalidad del 30%, «la más elevada de los últimos ocho años», según el último Boletín Epidemiológico Nacional.

-La provincia de Buenos Aires encabeza el listado de jurisdicciones con más contagios confirmados. Le sigue Salta, Santa Fe y Jujuy. Río Negro suma seis en 2026. Entre Ríos y Chubut reportaron cinco contagios cada una.

María Eugenia Dieterle investigó durante ocho años en Estados Unidos. Foto: gentileza

Al concluir su doctorado en Bioquímica, la bióloga argentina María Eugenia Dieterle puso el foco en laboratorios estadounidenses que trabajan con ciertos virus, especialmente el hantavirus. Lo consideraba "un nicho para explorar".

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