Cuando una historia de amor se transforma en diseño

Inspirada por la fortaleza de los bebés prematuros y la calma de la Patagonia, la diseñadora Gisela Cuenca creó Amapola Sur, una marca en la que cada detalle nace de una experiencia profundamente personal.

Por Martina Sehmsdorf

Ajuar cielo. Foto: gentileza.

Ajuar cielo. Foto: gentileza.

Hay marcas que nacen de un sueño y otras que surgen en los momentos más inesperados. Amapola Sur tuvo su origen en una sala de neonatología, cuando una mamá descubrió que vestir por primera vez a su hija prematura significaba mucho más que ponerle ropa: era una señal de esperanza. Aquella experiencia cambió para siempre su manera de entender el diseño.

Gisela Cuenca es neuquina, mamá y diseñadora. Su proyecto comenzó a tomar forma en 2023 cuando el nacimiento de su hija llegó antes de lo esperado. Pasó casi tres meses junto a ella en neonatología y recuerda con claridad el momento en que, después de varias semanas, el equipo médico les pidió que llevaran ropa para vestirla.

«No era solamente ponerle una prenda. Sentíamos que era una señal de que estaba mejorando», cuenta. Hasta entonces, encontrar ropa para un bebé prematuro había resultado casi imposible. Las prendas para recién nacidos le quedaban grandes y las opciones eran pocas.

Casi un año después de esa experiencia, Gisela lanzó su primera colección de Amapola Sur. Desde entonces, la marca confecciona ropa para bebés prematuros y recién nacidos, con talles que acompañan los primeros meses de vida y, actualmente, llegan hasta los dos o tres años.

La propuesta no busca sólo resolver una necesidad funcional. Cada colección cuenta una historia inspirada en la Patagonia. Ballenas francas australes, huemules, araucarias, zorros colorados, pingüinos de Magallanes, flores como la amancay y los paisajes del sur aparecen ilustrados en acuarela para dar vida a prendas que se alejan de los diseños infantiles tradicionales. «Queríamos que los bebés pudieran vestir animales y paisajes que hablan de nuestra identidad», explica orgullosa.

Las ilustraciones, creadas a mano en acuarela y luego plasmadas en las telas, aportan una estética delicada que se convirtió en uno de los sellos distintivos de la marca. Muchas nacieron de viajes familiares por distintos rincones de la Patagonia, como Trevelin, el bosque de Arrayanes o el refugio Frey en Bariloche.

Su impronta también está presente en el propio nombre. El logo representa a un monito del monte abrazando una amapola. Todo tiene una explicación: «Es un marsupial que se desarrolla fuera del vientre materno, en la bolsita, entonces esto simboliza la lucha y el crecimiento de los bebés prematuros», detalla. «Y la amapola es una flor muy delicada y muy resiliente porque es capaz de florecer en terrenos muy fríos y desafiantes», agrega.

La confección se realiza en Neuquén, un desafío que implicó montar un taller propio y reunir un equipo especializado. Allí trabajan principalmente con algodón para las prendas que están en contacto con la piel de los recién nacidos, priorizando materiales suaves y cómodos para una etapa en la que cada detalle importa.

A la línea de bodys, ranitas y conjuntos se fueron sumando mantas, gorros, baberos, vestidos y otras prendas pensadas para acompañar los primeros meses de vida. Hace pocas semanas, además, la marca inauguró su primer local físico, un nuevo paso para un emprendimiento que nació de una experiencia íntima y hoy acompaña a muchas otras familias en calle La Pampa 320 de la ciudad de Neuquén. 


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Hay marcas que nacen de un sueño y otras que surgen en los momentos más inesperados. Amapola Sur tuvo su origen en una sala de neonatología, cuando una mamá descubrió que vestir por primera vez a su hija prematura significaba mucho más que ponerle ropa: era una señal de esperanza. Aquella experiencia cambió para siempre su manera de entender el diseño.

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