La historia de Gaby, la mujer que venció al cáncer y encontró en el canotaje una nueva forma de vivir

Tras superar un cáncer de mama y una mastectomía bilateral, Gabriela Temperini encontró en el canotaje una forma de volver a empezar. Remar le devolvió movilidad, confianza y un propósito: crear en Villa Regina una escuela de canotaje donde chicos y familias encuentren en el río un lugar para crecer.

Por Walter Rodriguez

Gaby Temperini, a orillas del río en la Isla 58 de Regina. Allí le dio forma a la Escuela de canotaje La Isla, un refugio que le dio una nueva oportunidad de vida.

Gaby Temperini, a orillas del río en la Isla 58 de Regina. Allí le dio forma a la Escuela de canotaje La Isla, un refugio que le dio una nueva oportunidad de vida.

El río siempre estuvo ahí, abrazando la Isla 58 de Villa Regina y esperando que alguien descubriera todo lo que podía ofrecer. Durante décadas fue paisaje, recreación y escenario de encuentros. Pero a pesar de la condiciones favorables del idílico lugar, no había una escuela de canotaje capaz de cambiar vidas. Para Gabriela Temperini sí, aunque antes tuvo que aprender a salvar la propia.

En 2015, el tiempo se detuvo para ella. Un diagnóstico de cáncer de mama le derrumbó la vida en un puñado de días. Por ese tiempo su vida deportiva pasaba por el básquet pero el diagnóstico, directo y brutal, la sacó de todo y la llevó al quirófano. Una mastectomía bilateral, metástasis en los ganglios y un largo tratamiento de quimioterapia y radioterapia, marcaron un antes y un después.

Nuevas voces comenzaron a minar su espíritu y una realidad inimaginada le ponía límites. “Lo único que escuchaba era ‘no vas a poder’. No vas a poder hacer esto, no vas a poder hacer aquello…”. Durante mucho tiempo creyó que esas palabras tenían razón. La cirugía le había quitado movilidad en los brazos y el torso. Le costaba realizar tareas cotidianas y hasta dejó de conducir durante años. El cuerpo respondía lentamente, pero el golpe emocional era todavía más profundo.


Hasta que apareció el río en la realidad de Gaby, que estaba en la búsqueda de algo. No precisamente un deporte, sino en una forma de volver a sentirse viva. Descubrió el canotaje casi por casualidad y entendió que sobre un kayak no había choques, ni golpes, ni el miedo permanente a que alguien lastimara un cuerpo que todavía estaba reconstruyéndose.

“Cuando empecé a remar sentí que ese podía ser mi lugar.” Gaby no imaginaba que aquel descubrimiento terminaría transformándose en un proyecto para toda una ciudad.

Una tarde llevó un kayak hasta la costa para remar. Mientras descansaba, una mujer se acercó con sus dos hijos y le preguntó si podían usar la embarcación. “Yo no podría tener un bote como este, no se lo puedo comprar a los chicos…, me dijo la señora», le cuenta Gaby a diario Río Negro junto a la costa del río, en la Isla 58 de Villa Regina. Ella les prestó el bote y se quedó observándolos desde la orilla. Esa escena cambió el rumbo de su historia.

Parte del equipo de la Escuela La Isla, en un alto del entrenamiento del fin de semana.

Si remar la había ayudado a reencontrarse con la vida, otras personas también merecían esa oportunidad. Al día siguiente presentó en la Municipalidad de Regina un proyecto para crear una escuela de canotaje. La iniciativa fue aprobada y comenzó con lo indispensable: un bote, muchas ganas y la decisión de compartir lo que el río le había regalado.

Con el tiempo llegaron más alumnos, profesores y voluntarios. La actividad dejó de ser un pequeño grupo para convertirse en una institución. Se organizó una comisión directiva, obtuvo la personería jurídica y nació oficialmente la Escuela de Canotaje La Isla, la primera y hasta hoy la única escuela activa de Regina que este mes cumple dos años de vida.


Pero todavía faltaba construir un hogar. Cuando pidió un edificio abandonado en la Isla 58, pocos entendieron qué pretendía hacer allí. Las paredes estaban deterioradas, el lugar parecía condenado al olvido y la respuesta fue tan sincera como desafiante. “Te lo damos, pero arreglarlo corre por tu cuenta”, le dijeron.

Gaby aceptó el reto y con la ayuda de amigos comenzó a darle forma al lugar que hoy funciona como sede de la Escuela. “Me vine acá con un colchón, dormíamos acá con amigos, y todo era arreglar, reparar, pintar… Reconstruimos todo este lugar que parecía imposible”.

Hoy ese edificio es una postal completamente distinta. La botera está llena de kayaks, el predio recibe deportistas durante todo el año y se convirtió en un punto de encuentro para chicos, familias y amantes del río. “Nadie cobra un sueldo. Todo esto funciona por amor, por pasión».


Ella sigue ocupándose de la conducción institucional, mientras la enseñanza está a cargo del profesor Claudio Door, compañero inseparable dentro y fuera del agua. Juntos comparten entrenamientos, proyectos y desafíos que parecían inalcanzables apenas unos años atrás.

Como dupla corrieron la última Regata Internacional del Río Negro, remando más de 400 kilómetros durante diez días. Para cualquiera cualquier palista representa una prueba extrema encarar este tipo de travesías. Lo es aún más para alguien que atravesó una mastectomía bilateral. El desafío parecía casi una locura.

Antes de largar consultó a sus médicos y preparó una lista completa de medicamentos por si el cuerpo no respondía. No hizo falta usar ninguno. En la proa de su kayak llevaba escrita una frase que resumía mucho más que una competencia. “Se puede.”


“Lo hice por todos los pacientes oncológicos, no importa la patología, por todos los que están pasando por un problema de salud tan fuerte. El fin era demostrarles que se puede, que no hay que quedarse, que hay que levantarse, volver a empezar y encontrar nuevos desafíos”, resume Gaby.

Llegó a la meta emocionada, sin lesiones y con una felicidad difícil de describir. Era la confirmación de que había completado mucho más que una Regata. Mientras tanto, la escuela sigue creciendo. Hoy cuenta con jóvenes que compiten en campeonatos provinciales y nacionales, decenas de alumnos recreativos y listas de espera durante el verano.

Cuatro de sus palistas fueron seleccionados para representar a Villa Regina en el Campeonato Argentino de Promocionales que se realizará en Colón, provincia de Buenos Aires. Ellos son Antonella Aramendi, Lucas Solano, Dylan Tejada y Renato Jaramillo, que competirán junto a los chicos del club Deportivo Boulevar de Viedma. En un par de semanas la ciudad volverá a recibir un Campeonato Provincial de canotaje con más de 150 competidores.


Cuando le preguntamos si imaginó alguna vez semejante crecimiento en tan poco tiempo, Gaby solamente sonríe. Sabe que ganó una batalla brava y que el río se convirtió en su aliado y también su refugio. El objetivo no es fabricar campeones sino formar chicos que encuentren un lugar donde crecer, hacer amigos y descubrir que el deporte puede abrir caminos.

«Nosotros tenemos un río hermoso que pasa por nuestra ciudad y el sueño es seguir apostando y que ellos tengan campeonatos argentinos, campeonatos provinciales… Pero no pedimos medallas, pedimos experiencia de vida, que se hagan amigos y que vivan su experiencia”. Gaby sabe, mejor que nadie, que a veces una pala, un bote y un río pueden hacer mucho más que el simple hecho de largarse a remar. Siempre existe una nueva orilla desde donde volver a empezar.



El río siempre estuvo ahí, abrazando la Isla 58 de Villa Regina y esperando que alguien descubriera todo lo que podía ofrecer. Durante décadas fue paisaje, recreación y escenario de encuentros. Pero a pesar de la condiciones favorables del idílico lugar, no había una escuela de canotaje capaz de cambiar vidas. Para Gabriela Temperini sí, aunque antes tuvo que aprender a salvar la propia.

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