Alejandro Bercovich: “Los ‘dueños’ de Argentina se sienten incómodos con las formas, pero apuestan a sostener el programa”
ENTREVISTA │ Alejandro Bercovich, economista y autor de "El país que quieren los dueños", dialogó mano a mano con RÍO NEGRO. La mirada de los empresarios sobre la coyuntura, los contactos secretos con la oposición, los encadenamientos productivos anclados en el shale y la minería, y el potencial de la industria argentina.
Alejandro Bercovich, economista.
La economía argentina atraviesa un proceso de profunda transformación. La gestión Milei ha estructurado su vocación reformista sobre tres pilares: equilibrio fiscal, apertura económica y desregulación.
En ese marco, el entramado empresario es un resorte clave. Los grandes decisores del país ocupan un lugar determinante sobre inversión, producción, empleo, y también respecto a la política.
Uno de los economistas que más ha indagado en la estrecha relación de las cúpulas empresarias con el poder político, y luego, con el devenir de los programas económicos en Argentina, es Alejandro Bercovich. Su libro “El país que quieren los dueños” nació de sus entrevistas con cientos de empresarios a lo largo de 15 provincias y vendió 30.000 ejemplares en sus 12 ediciones.
“Comienza a haber cierto hastío en la cúpula empresaria que hasta ahora defendió a capa y espada el modelo de Milei”, afirma Bercovich, “eso se vio nítidamente durante los discursos del presidente en el Council of the Americas y la Bolsa de Comercio de Rosario”, agrega.
En diálogo con RÍO NEGRO, Bercovich analiza la dinámica del programa económico, las expectativas de la política de cara a 2027, el rol de los empresarios y la intención de reformar el Banco Central.
PREGUNTA: ¿Cómo analiza el avance del programa económico?
RESPUESTA: El programa económico está en una encerrona porque los sectores que crecen son muy poquitos, no generan masivamente mano de obra, y tampoco generan encadenamientos productivos que a su vez creen puestos de trabajo. Entonces, ese dinamismo que es espectacular en industrias como la petrolera en Vaca Muerta, tiene como contracara una recesión pasmosa con una caída de la inversión, tanto local como extranjera, con una deuda que funciona como una especie de cuenta regresiva hacia el abismo, porque francamente es muy frágil la situación financiera del gobierno, y esto se ve en las propias advertencias que tiene que hacer el mercado para recordarle a Caputo que todavía no tiene asegurado el financiamiento que debería tener asegurado.
P: ¿El establishment está buscando alguien que represente el mismo programa pero con buenos modales?
R: El ministro de economía hizo ya cinco conferencias de prensa en el último mes y medio para intentar de una u otra manera reactivar un mercado interno deprimidísimo. Y el presidente a quienes le señalan esto, incluso desde el empresariado, los insulta de modo cada vez más destemplado. Eso genera ruido con el sector que más apoya su programa económico. Ese hastío de algún modo incentiva entre los empresarios la búsqueda de un reemplazante, alguien que pueda llevar adelante un mileismo sin exabruptos, sin las excentricidades ni la violencia.
La contracara del superávit fiscal es que en las rutas que usan los camiones para llevar arena de Entre Ríos a Neuquén, hay más pozos que pavimento.
P: ¿Hay chance de que el electorado decida retroceder respecto a la agenda de equilibrio fiscal, apertura económica y desregulación?
R: Creo que el electorado va a reaccionar en contra de la agresión que significó este programa económico. Dudo que vayan a prosperar estas opciones centristas con las que se ilusiona más de uno en el círculo rojo. Esto también se advierte en la interlocución que se empieza a dar con otros actores. La noticia más fuerte del mundo corporativo la semana pasada, no fueron los discursos delirantes de Milei y que los empresarios que se suponía lo iban a aplaudir, se levantaran de sus sillas. La noticia es que una veintena de ellos, muy poderosos, se sentó en secreto, en reserva, casi en la clandestinidad, con Kiccillof. Eso muestra una búsqueda por parte del establishment y también muestra una ductilidad, o un intento de acercamiento por parte de Kicillof. Pero si el círculo rojo está preocupado y dispuesto a tirar a Milei por la ventana, es justamente porque quieren preservar ese marco, esos pilares que tiene hoy el programa económico.
P: Bueno, el consenso respecto al equilibrio fiscal es fuerte…
R: El problema es que el superávit fiscal de Caputo es la contraparte de la gente que se mata en las rutas todos los días en nuestro país. La prosperidad de Vaca Muerta depende de que e Bragado mueran personas porque en las rutas que usan los camiones para llevar arena de Entre Ríos a Neuquén, hay más pozos que pavimento. Entonces, jactarse de un superávit fiscal construido en base a tomar abiertamente el dinero del impuesto a los combustibles y ponerlo en pagos de la deuda, bueno, es algo que hasta ahora se toleró en aras de una baja inflación. Pero es algo que fuera de los enclaves donde esta prosperidad se vierte, es percibido como una agresión. Es un superávit que también depende Íntegramente de haberle manoteado un 20% de su poder adquisitivo a los jubilados, de haberle quitado los remedios gratis, de que un millón de ellos estén endeudados, de que el salario público haya caído un 35%, de que haya vuelto a caer este año el poder adquisitivo del salario privado, de que estén en recesión todos los sectores que animan el mercado interno. Es Algo que va a ser difícil de defender en campaña. Por supuesto que el cuco de la inflación del 200% de Massa va a aparecer, y allí todo dependerá del juego de la política, los partidos, las coaliciones.
P: “El país que quieren los dueños” se parece en términos teóricos al programa económico de Milei, pero esos mismos dueños necesitan una demanda dinámica a nivel interno…
R: Lo que te puedo decir en base a las cientos de charlas que he tenido con ellos para la investigación que culminó en el libro, es que a los dueños los moviliza más el valor de su patrimonio, el stock de su riqueza, que el flujo de ingresos de sus empresas. Y ese stock, ese patrimonio, se incrementa cuando se producen los ajustes que llevan adelante los gobiernos de derecha. Aún cuando sus compañías quiebren o cierren en algunos casos, ellos están dispuestos a esa pérdida que es más que compensada por el incremento del stock de su riqueza total, porque funcionan en parte como acreadores del país, más que como empresarios vinculados al mercado interno. Al haber puesto su dinero en el exterior y al haber armado las estructuras offshore que armaron durante los últimos 30 años, muchos de los dueños aprovechan el monto de la deuda para valorizar su capital ya puesto a salvo de los vaivenes del mercado interno en el exterior. Y por eso les interesa más que se mantenga el pago de la deuda y que no se afecten sus intereses como acreedores, que la preservación del mercado interno o que la salud de sus empresas.
A los dueños los moviliza más el valor de su patrimonio, el stock de su riqueza, que el flujo de ingresos de sus empresas en el mercado interno.
P: ¿Hay cierto viraje del círculo rojo hacia actividades orientadas al extractivismo de los recursos naturales y la exportación?
R: Existe una metamorfosis de grandes empresarios que no dudan en abandonar los negocios vinculados al mercado interno y en los últimos 10 años se han convertido en grandes players del negocio petrolero, apalancados también en los subsidios del Estado. Un Estado al que después empujan gastar menos en otras cosas, pero no en los subsidios que ellos recibieron por ejemplo bajo la forma de la Resolución 46 con Macri, bajo la forma del Plan Gas con el peronismo, y bajo la forma del RIGI ahora. Es evidente que esos dueños renunciaron a encabezar un proceso de desarrollo autónomo de la Argentina, para abrazar un esquema en el cual son meros intermediarios, o socios millonarios, de la explotación de recursos naturales con muy bajo valor agregado y con bajísima creación de empleo en el mercado interno.
P: ¿Puede ese esquema generar al mismo tiempo crecimiento en el entramado productivo argentino?
R: Si hubiera en estos grandes empresarios una vocación de desarrollo nacional tranquilamente podrían trabajar sobre los encadenamientos de estas industrias que hoy pusieron como oasis de prosperidad. Deberían hacerlo. Porque ya dio resultados positivos eso en Argentina. Tenemos un polo petroquímico en Bahía Blanca gracias al descubrimiento de Loma de la Lata en los 70. Tenemos una industria automotriz, gracias a la protección de las primeras multinacionales que entraron al país en los 70 con Frondizi.
P: Existe cierto relato instalado en relación a que la industria argentina es ineficiente y que solo función a en base a la protección del Estado…
R: La industria que los sub desarrollistas asocian a lo ineficiente, a lo caro, a lo viejo, a lo trucho, es en el mundo donde todavía se generan los buenos trabajos, los de mejor remuneración. Se equivocan profundamente los que así piensan. Hay una empresa como Tassaroli en Mendoza por ejemplo, que produce las cápsulas para la fractura hidráulica en los pozos petroleros, que se montó al calor del shale en Argentina, y le terminó vendiendo a Houston, a Dakota del norte, y a la industria petrolera líder del mundo. Eso se basa en el ingenio argentino, pero también en la transferencia tecnológica, y en la sinergia entre los institutos de investigación, las universidades nacionales y las empresas.
Perfil
Alejandro Bercovich es Licenciado en Economía (UBA).
Desde hace 25 años se desempeña como periodista especializado en economía y finanzas.
Actualmente conduce “Pasaron cosas” en Radio con Vos y “La Ley de la selva” en C5N. Además, escribe para BAE y coordina la sección sobre economía de la Revista Crisis.
Es autor de los libros “Estoy verde: Dólar, una pasión argentina” (Alfaguara, 2013), “Vaca Muerta” (Planeta, 2015), y “El país que quieren los dueños” (Planeta, 2015).
La economía argentina atraviesa un proceso de profunda transformación. La gestión Milei ha estructurado su vocación reformista sobre tres pilares: equilibrio fiscal, apertura económica y desregulación.
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