La religión de las grandes olas

Los surfistas tradicionales y los que utilizan "scooter" protagonizan una polémica.

Redacción

Por Redacción

Una dura pulseada se desarrolla entre los surfistas con «scooter» de agua y los amantes de la clásica tabla, en la que por ahora están llevándose la victoria los «puristas». Los primeros son los que aprendieron a deslizarse por la cresta de olas gigantescas gracias a la ayuda de la tecnología, en tanto los segundos, en nombre de la tutela del ambiente y de la tradición deportiva, quieren los «motores» acuáticos fuera de su terreno. Después de un par de años de tensiones y enfrentamientos, ahora la guerra se ha adueñado del santuario marino protegido por la bahía de Monterey.

En este lugar, en un punto al sur de San Francisco llamado Maverick»s, el Océano Pacífico produce contra la costa de California algunas de las olas más impresionantes del mundo, de hasta 20 metros de altura. Durante décadas, esas montañas de agua fueron el sueño prohibido de generaciones de surfistas, porque son demasiado altas para ser escaladas a brazadas y luego descender de ellas. El cambio lo produjo el uso de los MPWC (motorized personal watercraft), «scooter» de agua que arrastran a los surfistas a la cima de la ola para dejarlos luego en libertad de lanzarse hacia la Half Moon Bay. La llegada de las «scooter» a las aguas de una de las reservas más protegidas de California creó primero perplejidad, luego hostilidad y ahora obligó a la NOAA, ente federal que tutela los santuarios marinos, a abrir una investigación. Después de haber prohibido las motos de agua en otra zona de California, más al norte, la NOAA evalúa la posibilidad de hacer lo mismos en Maverick»s, para proteger el delicado sistema marino.

De ser así sería sin dudas una victoria para los «puristas», gente par la cual el desafío de las olas es una religión y que además conforman un poderoso lobby.

En sus clubs y en revistas símbolo como Surfer el debate es duro: «En 40 años que practico el surf, nunca vi un tema transformarse en una tempestad como en este caso», confesó Mark Renneker, un oncólogo que lidera la protesta de los «puristas». Esta protesta contra las «scooter» de agua llegó a su punto más alto el 21 de noviembre último, cuando a Maverick»s llegó una de las más grandes marejadas de las últimas décadas.

Los «surfistas» «de remolque», es decir, los que usan «scooter», excitados por las olas, rompieron ese día el pacto no escrito que les exigía estar lejos del agua cuando estaban en acción los «puritas» y se lanzaron al mar, provocando riesgos en el caso de producirse una colisión.

Para los que aceptan la ayuda de la «tecnología», como Ken «Skindog» Collins, el problema real es que los «puristas» sienten envidia y son incapaces de aceptar el desafío de la «scooter». Jeff Clark, otro de los entusiastas de las motocicletas de agua, utiliza una imagen más romántica: «Hubo un tiempo, dice, en que mirar las olas en Maverick»s era como mirar la Luna desde la Tierra, preguntándose cómo se podía hacer para llegar allá arriba». Pero para los «astronautas» del surf, el regreso a la Tierra parece inminente y quizás sea incluso bastante brusco. (ANSA)


Una dura pulseada se desarrolla entre los surfistas con "scooter" de agua y los amantes de la clásica tabla, en la que por ahora están llevándose la victoria los "puristas". Los primeros son los que aprendieron a deslizarse por la cresta de olas gigantescas gracias a la ayuda de la tecnología, en tanto los segundos, en nombre de la tutela del ambiente y de la tradición deportiva, quieren los "motores" acuáticos fuera de su terreno. Después de un par de años de tensiones y enfrentamientos, ahora la guerra se ha adueñado del santuario marino protegido por la bahía de Monterey.

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