Un extremo amor por las palabras
Los británicos son fanáticos de los diccionarios.
Los británicos son lexicófilos, o dicho más sencillamente, aman las palabras: un inglés inventó, en 1913, los crucigramas, y otro, en Londres, contribuyó a crear el hoy en día internacionalmente famoso juego «Scrabble».
Algunos sostienen que, en vista de que la lengua inglesa carece -como otras lenguas poseen, entre ellas la española- de una Real Academia que rija los destinos de la semántica y de la sintaxis, se debe recurrir de manera constante a los diccionarios.
Los hay para todos los gustos. No se trata sólo de los que se producen para los que estudian la lengua inglesa, sino también para los nativos que padecen graves problemas con la ortografía. Uno de los más solicitados es, justamente, el Diccionario de la Ortografía Perfecta, que ayuda a distinguir de qué manera se escribe un mismo término en los diferentes países de habla inglesa.
A su vez, el Diccionario de Palabras Curiosas e Interesantes explora vocablos inusuales, tomados de autores contemporáneos, tales como Beckett, Fowles, Nabokov y otros.
En cuanto al Diccionario de Términos Desafiantes, el descubrir errores que se cometen habitualmente constituye un verdadero entretenimiento para cualquier hablante de lengua inglesa o para el extranjero que la estudia.
Para los amantes de los lugares comunes, existe el Diccionarios de los Clisés, donde proliferan las burlas sobre aquellos giros que los británicos utilizan hasta el hartazgo, tales como «incidentally» -incidentalmente-, «in the last analysis» -en el análisis definitivo-, «as a matter of fact» -de hecho-, y otros.
En el prólogo de este volumen, el lector se entera de que los ingleses adoran los clisés lingüísticos.
Por último, destinado a los fanáticos de las palabras cruzadas, se ha impreso el Diccionario de los Anagramas que, según los entendidos, pareciera estar confeccionado por una computadora, algo que no va a perturbar a todos aquellos que se desviven por resolver cuanto crucigrama cae en sus manos. (ANSA)
Los británicos son lexicófilos, o dicho más sencillamente, aman las palabras: un inglés inventó, en 1913, los crucigramas, y otro, en Londres, contribuyó a crear el hoy en día internacionalmente famoso juego "Scrabble".
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