La población rural peruana también progresa

Redacción

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

La noticia es ciertamente excelente: las zonas rurales peruanas han comenzado a crecer y despegar, uniéndose al fuerte proceso de desarrollo del resto del país, que avanza al ritmo del 6,7% anual, pese a la recesión europea y al pantano en que parecería estar la economía norteamericana. Aunque lo cierto sea que allí la pobreza aún persiste, ahora se nota claramente un mayor dinamismo económico en esas zonas andinas. Esto es lo que sostiene Richard Webb, director del Instituto del Perú de la Universidad San Martín de Porres, en una interesante nota recientemente publicada en la sección “Economía” del tradicional diario limeño “El Comercio”. De esta manera, el campo serrano peruano parecería comenzar a salir de su largo estancamiento y lamentable postergación. Cabe destacar que la construcción de puentes y carreteras rurales en los últimos años ha crecido realmente mucho en el Perú, a punto tal que en la última década se construyeron tantos kilómetros rurales como en las cinco décadas previas. Hablamos de casi 50.000 kilómetros nuevos en diez años. Muchos de ellos son caminos de rurales de tierra, que reflejan que la prioridad es sacar al campo del aislamiento. Lo que se logra comunicando entre sí los pequeños pueblos y permitiendo que su producción primaria llegue a tiempo a los mercados zonales, así como que aparezcan oportunidades para actividades que no necesariamente sean agrícolas. Otros factores del cambio rural han sido: el crecimiento vertiginoso del parque automotor, la llegada de la telefonía, particularmente la de los celulares, y el creciente acceso a la internet. Todo lo cual, cada uno a su manera, acorta notoriamente las distancias entre los pobladores rurales y los del resto del país, así como los tiempos de viaje de personas y mercaderías entre las zonas rurales y los centros urbanos. Esto es integrar, obviamente. La mejora de la infraestructura peruana ha demostrado ser un vehículo de particular dinamismo para acelerar la necesaria inclusión de la población rural a la del resto del Perú. Como consecuencia de esto, la tasa de crecimiento de los ingresos rurales se ha acelerado. De crecer a un ritmo de apenas un 1,5% anual durante casi todo el siglo XX, ha pasado ahora a hacerlo a un ritmo del 5,1% al año desde 1995, en lo que aparece como muestra de creciente equidad distributiva. Entre el 2001 y el 2011 la tasa de crecimiento promedio de los jornales que se pagan por las tareas rurales ha crecido, nos dice Webb, un saludable 9,8% anual. En ese mismo período, correlativamente, el precio de la tierra agrícola promedio –en los lugares aislados– se ha duplicado. Algo parecido ha sucedido con los precios de las viviendas en los pueblos rurales. Para celebrar, ciertamente, porque lo antedicho supone que el campo serrano del Perú, con su actual ritmo, se está incorporando al fuerte proceso de crecimiento de la economía abierta de su país. A esto se suma, por otra parte, el vértigo notorio del crecimiento de la zona agrícola que está en la costa del país, al norte de Lima, que es la dedicada a los cultivos industriales, con el significativo aumento paralelo y exponencial de las poblaciones de las ciudades que, como Trujillo, son las metrópolis locales. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


EMILIO J. CÁRDENAS (*)

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