Lento crecimiento poblacional

Redacción

Por Redacción

En el período intercensal 1991-2001, la población argentina creció un 10,6%, valor sólo algo inferior al observado en el período intercensal anterior: 1980-1991. La tasa de crecimiento anual fue del 1%, inferior a las registradas en períodos pasados, sobre todo cuando el país se favorecía con flujos migratorios de importancia. Entre 1890 y 1930 llegaron a observarse tasas del orden del 3%. Luego decrecieron. La importancia de la inmigración para el crecimiento poblacional hizo que la transición demográfica en la Argentina siguiera una trayectoria algo atípica, cuyos rasgos son más usuales en países poco habitados y de inmigración europea. El rasgo de mayor particularidad se refiere sobre todo a las primeras etapas de la transición. Nuestro país no experimentó la etapa de explosión de población que ocurre cuando al principio de la transición baja la tasa de mortalidad antes que la de natalidad. El rezago en la caída de la natalidad no se observó en nuestro país, donde la fecundidad y la mortalidad caen de manera simultánea haciendo que el incremento poblacional dependa en mayor medida del aporte de inmigrantes. A principios del siglo XX, antes de la Primera Guerra Mundial, era frecuente que el aporte de la inmigración al crecimiento poblacional fuera superior al de la natalidad. Después de la crisis del 30 la inmigración perdió peso. Hoy el aporte inmigratorio es sobre todo de los países limítrofes, pero está lejos de tener entidad para cambiar el cuadro general de la transición.


En el período intercensal 1991-2001, la población argentina creció un 10,6%, valor sólo algo inferior al observado en el período intercensal anterior: 1980-1991. La tasa de crecimiento anual fue del 1%, inferior a las registradas en períodos pasados, sobre todo cuando el país se favorecía con flujos migratorios de importancia. Entre 1890 y 1930 llegaron a observarse tasas del orden del 3%. Luego decrecieron. La importancia de la inmigración para el crecimiento poblacional hizo que la transición demográfica en la Argentina siguiera una trayectoria algo atípica, cuyos rasgos son más usuales en países poco habitados y de inmigración europea. El rasgo de mayor particularidad se refiere sobre todo a las primeras etapas de la transición. Nuestro país no experimentó la etapa de explosión de población que ocurre cuando al principio de la transición baja la tasa de mortalidad antes que la de natalidad. El rezago en la caída de la natalidad no se observó en nuestro país, donde la fecundidad y la mortalidad caen de manera simultánea haciendo que el incremento poblacional dependa en mayor medida del aporte de inmigrantes. A principios del siglo XX, antes de la Primera Guerra Mundial, era frecuente que el aporte de la inmigración al crecimiento poblacional fuera superior al de la natalidad. Después de la crisis del 30 la inmigración perdió peso. Hoy el aporte inmigratorio es sobre todo de los países limítrofes, pero está lejos de tener entidad para cambiar el cuadro general de la transición.

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