La Norpatagonia se mantiene como polo de atracción para el mundo

Redacción

Por Redacción

Río y Neuquén se mantienen como tierra de inmigrantes. Aunque su composición sigue en parte las tendencias nacionales a una fuerte “latinoamericanización” con recambio de nacionalidades, también asume perfiles propios, como la gran movilidad territorial que hace difícil establecer registros estadísticos. El último censo (2010) refleja a nivel nacional que, si bien sigue siendo predominante el componente latinoamericano, ha cambiado el origen nacional y se agrega, sobre todo en Capital y el Gran Buenos Aires, un creciente aporte asiático y africano. Nuestra región, tradicionalmente fuerte receptora de inmigración chilena por razones económicas y durante los 70 por motivos políticos, no ha sido la excepción. Hasta la década de los 90 la inmigración chilena era la tercera en el país, después de la italiana y la paraguaya. Pero la situación fue diferente desde entonces. La población chilena, histórica mano de obra del agro y la construcción en Cuyo y la Patagonia, descendió de 244.410 en 1991 a 212.429 en el 2001. Según el censo 2010, se registraron 191.147 chilenos en la Argentina, una disminución del 21% en 20 años. Apenas el 6,7% de los chilenos residentes ingresó al país entre el 2002 y el 2010. Igual se mantienen como tercera comunidad. Por el contrario, los paraguayos han mantenido su fuerza como fuente inmigratoria joven creciendo un 69,4% a nivel nacional al pasar de 325.046 personas en el 2001 a 550.713 en el 2010, la abrumadora mayoría de ellos (60,8%) concentrada en Capital y el conurbano bonaerense. Otras dos poblaciones que han crecido con fuerza en los últimos años son la boliviana, que aumentó de 233.464 personas en el 2001 a 345.272 en la última década, y la peruana, que también creció: de 88.280 a 157.514 personas. Todas estas poblaciones sumaron integrantes fuertemente en los últimos 20 años (paraguayos un 61,8%, bolivianos un 67,9% y peruanos un 89,3%), mientras que países limítrofes de inmigración tradicional a nuestro territorio experimentaron descensos, con un patrón similar a la corriente chilena. De los residentes uruguayos, apenas el 9,7% llegó en la última década, al igual que un 6,4% de brasileños. Las razones tienen que ver con las situaciones internas en esos países: tanto Chile como Uruguay y Brasil han experimentado, con matices, dos décadas de estabilidad y crecimiento económico, mientras que Paraguay, Bolivia y Perú han sufrido crisis económicas y políticas que estimularon la emigración. Para Jorge Muñoz, titular de la Pastoral de Migraciones de Neuquén, las estadísticas oficiales son apenas “una fotografía parcial” que no refleja la dinámica del rico fenómeno migratorio regional. “Por ejemplo, la inmigración boliviana, que es la principal hoy en nuestra región, tiene una norme movilidad, tanto desde y hacia Bolivia como dentro del mismo país; ahora, en agosto, que terminan las fiestas nacionales allá, viene una fuerte corriente de trabajadores que se desempeñan como ladrilleros, en labores hortícolas y el comercio en Río Negro y Neuquén, hasta marzo o abril del año que viene. Luego regresan a su país o muchas veces se movilizan a Capital o Buenos Aires por otros trabajos”, explica. La comunidad boliviana se asentó fuertemente en Allen, en la zona de hornos ladrilleros, “donde realizan el aporte más importante, varias veces millonario, a la economía regional”, agrega Muñoz. También en labores agrícolas, fundamentalmente horticultura, en la zona rural de Centenario-Cinco Saltos-Campo Grande y hasta “hemos trabajado con un asentamiento grande en El Chañar”, destaca Muñoz. También hay una fuerte visibilidad en varias ciudades, en el comercio minorista de ropa. Otra colectividad creciente en la región es la paraguaya, con asentamientos importantes en el oeste neuquino y en zonas cercanas al parque industrial, fundamentalmente ocupados en la construcción y el trabajo doméstico, en el caso de las mujeres. El dirigente de la Pastoral confirma el amesetamiento que ha experimentado la inmigración chilena en la zona y agrega un detalle: el grueso de los inmigrantes nuevos en la zona son jóvenes que buscan iniciar o completar estudios universitarios, dados los convenios binacionales que facilitan el ingreso, muy restrictivo en Chile. Las carreras preferidas son medicina y las ingenierías. Muñoz afirma que en la región también se están dando incipientes movimientos poblacionales que siguen la tendencia nacional, como por ejemplo la presencia de inmigrantes de origen caribeño, africano y asiático. “Hasta el momento hemos ayudado, por ejemplo, a inmigrantes senegaleses, sobre todo en Neuquén capital, Zapala y Cutral Co, y a personas de origen haitiano y dominicano, en el caso de las mujeres, muy estigmatizadas y discriminadas por ser asociadas automáticamente con la prostitución”, explica. Y los europeos no han estado ajenos a la tendencia: un creciente número de españoles elige la región para vivir, lo que podría acentuarse en medio de la crisis actual. Para Muñoz, nuestro país y la Patagonia, con escasos habitantes por kilómetro cuadrado y abundantes recursos, seguirán siendo polo de atracción de inmigrantes. Ante ello “nos quedan dos alternativas: o asumimos y aprendemos de la enorme riqueza cultural y económica que aportan los migrantes o viviremos en un infierno discriminatorio. Nosotros como Pastoral apostamos a desarrollar la primera opción”, sostiene. Y destacó como ejes de trabajo, además del apoyo en trámites legales, el fomento de la interculturalidad entre las comunidades inmigrantes y con las comunidades receptoras, el rescate de políticas migratorias basadas “en el migrante como sujeto de derechos humanos” y el acompañamiento de formas de asociatividad solidarias propias de cada comunidad.

Leonardo Herreros lherreros@rionegro.com.ar


Río y Neuquén se mantienen como tierra de inmigrantes. Aunque su composición sigue en parte las tendencias nacionales a una fuerte “latinoamericanización” con recambio de nacionalidades, también asume perfiles propios, como la gran movilidad territorial que hace difícil establecer registros estadísticos. El último censo (2010) refleja a nivel nacional que, si bien sigue siendo predominante el componente latinoamericano, ha cambiado el origen nacional y se agrega, sobre todo en Capital y el Gran Buenos Aires, un creciente aporte asiático y africano. Nuestra región, tradicionalmente fuerte receptora de inmigración chilena por razones económicas y durante los 70 por motivos políticos, no ha sido la excepción. Hasta la década de los 90 la inmigración chilena era la tercera en el país, después de la italiana y la paraguaya. Pero la situación fue diferente desde entonces. La población chilena, histórica mano de obra del agro y la construcción en Cuyo y la Patagonia, descendió de 244.410 en 1991 a 212.429 en el 2001. Según el censo 2010, se registraron 191.147 chilenos en la Argentina, una disminución del 21% en 20 años. Apenas el 6,7% de los chilenos residentes ingresó al país entre el 2002 y el 2010. Igual se mantienen como tercera comunidad. Por el contrario, los paraguayos han mantenido su fuerza como fuente inmigratoria joven creciendo un 69,4% a nivel nacional al pasar de 325.046 personas en el 2001 a 550.713 en el 2010, la abrumadora mayoría de ellos (60,8%) concentrada en Capital y el conurbano bonaerense. Otras dos poblaciones que han crecido con fuerza en los últimos años son la boliviana, que aumentó de 233.464 personas en el 2001 a 345.272 en la última década, y la peruana, que también creció: de 88.280 a 157.514 personas. Todas estas poblaciones sumaron integrantes fuertemente en los últimos 20 años (paraguayos un 61,8%, bolivianos un 67,9% y peruanos un 89,3%), mientras que países limítrofes de inmigración tradicional a nuestro territorio experimentaron descensos, con un patrón similar a la corriente chilena. De los residentes uruguayos, apenas el 9,7% llegó en la última década, al igual que un 6,4% de brasileños. Las razones tienen que ver con las situaciones internas en esos países: tanto Chile como Uruguay y Brasil han experimentado, con matices, dos décadas de estabilidad y crecimiento económico, mientras que Paraguay, Bolivia y Perú han sufrido crisis económicas y políticas que estimularon la emigración. Para Jorge Muñoz, titular de la Pastoral de Migraciones de Neuquén, las estadísticas oficiales son apenas “una fotografía parcial” que no refleja la dinámica del rico fenómeno migratorio regional. “Por ejemplo, la inmigración boliviana, que es la principal hoy en nuestra región, tiene una norme movilidad, tanto desde y hacia Bolivia como dentro del mismo país; ahora, en agosto, que terminan las fiestas nacionales allá, viene una fuerte corriente de trabajadores que se desempeñan como ladrilleros, en labores hortícolas y el comercio en Río Negro y Neuquén, hasta marzo o abril del año que viene. Luego regresan a su país o muchas veces se movilizan a Capital o Buenos Aires por otros trabajos”, explica. La comunidad boliviana se asentó fuertemente en Allen, en la zona de hornos ladrilleros, “donde realizan el aporte más importante, varias veces millonario, a la economía regional”, agrega Muñoz. También en labores agrícolas, fundamentalmente horticultura, en la zona rural de Centenario-Cinco Saltos-Campo Grande y hasta “hemos trabajado con un asentamiento grande en El Chañar”, destaca Muñoz. También hay una fuerte visibilidad en varias ciudades, en el comercio minorista de ropa. Otra colectividad creciente en la región es la paraguaya, con asentamientos importantes en el oeste neuquino y en zonas cercanas al parque industrial, fundamentalmente ocupados en la construcción y el trabajo doméstico, en el caso de las mujeres. El dirigente de la Pastoral confirma el amesetamiento que ha experimentado la inmigración chilena en la zona y agrega un detalle: el grueso de los inmigrantes nuevos en la zona son jóvenes que buscan iniciar o completar estudios universitarios, dados los convenios binacionales que facilitan el ingreso, muy restrictivo en Chile. Las carreras preferidas son medicina y las ingenierías. Muñoz afirma que en la región también se están dando incipientes movimientos poblacionales que siguen la tendencia nacional, como por ejemplo la presencia de inmigrantes de origen caribeño, africano y asiático. “Hasta el momento hemos ayudado, por ejemplo, a inmigrantes senegaleses, sobre todo en Neuquén capital, Zapala y Cutral Co, y a personas de origen haitiano y dominicano, en el caso de las mujeres, muy estigmatizadas y discriminadas por ser asociadas automáticamente con la prostitución”, explica. Y los europeos no han estado ajenos a la tendencia: un creciente número de españoles elige la región para vivir, lo que podría acentuarse en medio de la crisis actual. Para Muñoz, nuestro país y la Patagonia, con escasos habitantes por kilómetro cuadrado y abundantes recursos, seguirán siendo polo de atracción de inmigrantes. Ante ello “nos quedan dos alternativas: o asumimos y aprendemos de la enorme riqueza cultural y económica que aportan los migrantes o viviremos en un infierno discriminatorio. Nosotros como Pastoral apostamos a desarrollar la primera opción”, sostiene. Y destacó como ejes de trabajo, además del apoyo en trámites legales, el fomento de la interculturalidad entre las comunidades inmigrantes y con las comunidades receptoras, el rescate de políticas migratorias basadas “en el migrante como sujeto de derechos humanos” y el acompañamiento de formas de asociatividad solidarias propias de cada comunidad.

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