Convivencia forzosa

Un proyecto de la senadora Parrilli tiene media sanción, pero su debate está postergado.

Redacción

Por Redacción

DE DOMINGO A DOMINGO

Algo está fallando en materia de convivencia para que en la calle reine tan mal humor, mucha gente común protagonice escenas de violencia –en centros asistenciales, escuelas y medios de transporte público, como se ha visto en estos días– y funcionarios de diferentes jerarquías, con sus actitudes, contribuyan a exacerbar los ánimos en lugar de calmarlos. Sin agotar los malos ejemplos, baste mencionar que el subsecretario de Salud porteño, Néstor Pérez Baliño, en lugar de aportar a la solución del problema, adhirió a un cese de actividades de 24 horas a raíz de la agresión de un grupo de personas a médicos del Hospital Santojanni, que el metrodelegado Néstor Segovia, uno de los impulsores del paro salvaje en los subtes de la ciudad de Buenos Aires, dijo que el intendente Mauricio Macri y no él, representante de los trabajadores, debía garantizar exclusivamente la paz social y que se inició un politizado juicio contra el máximo exponente de la Unión Ferroviaria, José Pedraza, y una “patota sindical”, acusados del asesinato del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra hace casi dos años. El descontento que se observa con los poderes estatuidos refleja una falta de miramientos generalizada, como se pudo constatar la semana que pasó cuando ciudadanos de todo el país, familiares o víctimas de accidentes de tránsito, llevaron sus reclamos al Congreso para tratar de convertir en ley un proyecto aprobado en el 2010 en el Senado, a instancias de la neuquina Nanci Parrilli, que agrave las penas y desacelere una tragedia que desde hace tres lustros se viene cobrando, en promedio, 8.000 vidas cada 12 meses. Por motivos que desconoce Enrique Schott –padre de Juan, un chico de 17 años que junto con dos compañeros, Eugenio y Nahuel, murió atropellado en El Bolsón en el verano del 2011 por el desaprensivo conductor Francisco Chávez, quien acaba de ser condenado a prisión por un tribunal de Bariloche–, la media sanción del Senado quedó boyando en Diputados, hasta que ahora tuvo ingreso en la Comisión de Legislación Penal, que preside el rionegrino Oscar Albrieu. Los sufrientes manifestantes habían pactado una audiencia pública con cuatro legisladores del oficialismo y la oposición. El día de la cita acudieron los peronistas (no K) Alberto Assef y Gustavo Ferrari (responde a Francisco De Narváez) y se sumó imprevistamente Enrique Thomas, pero faltaron Jorge Yoma, de la mayoritaria bancada gubernamental, y Victoria Donda, del Frente Amplio Progresista de Hermes Binner. Estas ausencias provocaron malestar entre quienes se quejan de las “penas irrisorias” y tratan de entrevistar al juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni, miembro de una comisión que estudia la reforma del Código Penal. “No podemos cantar victoria”, les señaló el diputado Assef, quien les recomendó no introducir modificaciones a la iniciativa de Parrilli para no entorpecer la sanción de la norma. Sin embargo, en el afán de encuadrar en dolo eventual la figura del homicidio culposo, los familiares de los damnificados están resueltos a intervenir activamente en la formación de la ley con cambios que seguramente la dilatarán. Uno de ellos es la imposición de “alcohol cero” y el reemplazo de la figura de accidente (que es algo azaroso y que parte de una conducta correcta) por la de delito vial, que se constituiría al obrar con “desprecio” hacia los demás, violando por caso la velocidad máxima, circulando de noche con las luces apagadas o no respetando el paso de los transeúntes cuando se tiene semáforo en rojo. Enrique Schott asegura que no se trata de una discusión entre garantistas y antigarantistas sino de equilibrar “la situación desventajosa entre víctimas y victimarios. Es así –explica– porque a las víctimas, si no hay querellantes, las dejan indefensas frente a victimarios que son asesorados y protegidos por los fiscales que proceden en nombre de la comunidad y que tratan de disculparlos”. Sabe Schott, quien recuerda que su hijo Juan fue boy scout y acostumbraba ir todas las noches a dar de comer a los indigentes en un barrio céntrico de la capital federal, que lograr castigos severos –como se aplican en Europa o Estados Unidos, según hizo notar el diputado Ferrari al indicar que afuera los argentinos por “miedo” manejan civilizadamente, a diferencia de lo que hacen en el país– llevará su tiempo. Convencer a los connacionales, dice, dará mayor protección al conjunto. Con respeto y leyes consensuadas y justas. En algo deberíamos ponernos de acuerdo.

ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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