Les Luthiers: clásicos, modernos y maravillosos

Redacción

Por Redacción

Un Ruca Che repleto aplaudió y festejó cada cuadro de este quinteto.

paula gingins pgingins@rionegro.com.ar Las palmas, ansiosas, empezaron a sonar diez minutos antes del horario convenido. Cuando desde las butacas intuyeron que se acercaba el momento, surgió un silencio expectante: pasadas las diez, los Luthiers aparecieron lentamente en fila, como es su costumbre. Fue entonces que el público estalló en aplausos y gritos de bienvenida. Ese estallido, que ocupó un estadio Ruca Che repleto, se escuchó por primera vez en la noche (y se repetiría al final de cada cuadro). El humor del absurdo, delirante, sostenido con sutiles juegos de palabras, maravilló en esta antología (como antes, como siempre), acompañado por bellas melodías en cada fragmento: así pasaron “Manuel Darío (Canciones descartables)”, biografía del músico que triunfó en “Norteamérica y Estados Unidos”; “La comisión (Himnovaciones)”; “La bella y graciosa moza (Madrigal)”; “Sólo necesitamos (Canción ecológica)”; “La hija de Escipión (Fragmento de ópera)”; “Bolero de los celos (Trío pecaminoso)”; “Educación sexual moderna (Cántico enclaustrado)” -ese fragmento en el que sonó el nuevo instrumento que habían prometido traer: el increíble Campanófono Autoflagelador, la creación de Fernando Tortosa que ejecutó Carlos Núñez en su papel de monje; “La redención del vampiro (Hematopeya)” y “Encuentro en el restaurante (Rapsodia gastronómica)”. Les Luthiers mostraron, una vez más, su creatividad y lucidez para cuestionar anquilosadas tradiciones y la parte oscura de las instituciones. Tal vez el cuadro más sorprendente haya sido “Los jóvenes de hoy en día (r.i.p. al rap)”, donde mostraron que no sólo están vigentes, sino su dinamismo y “modernidad”, lejos del ridículo: con sus pasos de rap y hip hop deslumbraron a la audiencia, que se transformó, en el acto, en público seguidor de una banda del Bronx, o algo parecido. Hasta para “retar” a la persona que, desde su butaca, tomó una foto con flash (habían solicitado evitarlo) mostraron su oficio: incorporaron la situación a la escena en una improvisación cómica y sutil, que el público aprobó y reconoció con aplausos, “reprendiendo” el desatino del (o la) asistente. Con todo, la audiencia se mostró respetuosa y maravillada el viernes por la noche (el estadio completo aplaudió de pie en dos momentos). Y hay que decir que la muy buena organización colaboró con el disfrute. “Chist!” sólo recibió risas agradecidas y aplausos. Es que los geniales Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos López Puccio, Daniel Rabinovich y Carlos Núñez Cortés estaban sobre el escenario.


Un Ruca Che repleto aplaudió y festejó cada cuadro de este quinteto.

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