Venezuela, frente a una elección que luce cada vez más pareja
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
Los dos principales candidatos presidenciales venezolanos recorren afanosamente su país, de punta a punta; son escuchados y vivados por enormes multitudes y recitan sus mensajes y propuestas en medio de un frenesí político, sin un minuto de descanso. La campaña electoral por ellos emprendida parece una empresa realmente agotadora. Especialmente para Henrique Capriles, un abogado de 40 años que es el candidato de la oposición unificada que, caminando incansablemente a su país, debe luchar denodadamente contra todo el aparato del Estado, que ha sido puesto descaradamente al servicio de Hugo Chávez. Pero lo cierto es que cada uno de los dos principales candidatos parece operar encerrado en su propio universo. Como si no hubiese, en Venezuela, posibilidad alguna de confrontar ideas. Porque Chávez ha rehuido toda invitación o posibilidad de debate o de diálogo. Ocurre que hay una sola verdad: la suya. Y un sólo discurso: el propio. Un modelo único de país y de sociedad: el que él predica. Nada más. Los demás, simplemente están equivocados. Dos Venezuelas entonces. Irreconciliables. Opuestas. Excluyentes, aparentemente. En ese extraño ambiente plagado de expresiones de autoritarismo –donde los venezolanos se juegan realmente nada menos que la posibilidad de vivir en democracia con Capriles o profundizar el rumbo hacia el totalitarismo ya iniciado por Chávez en 1999– la encuestadora venezolana “Varianzas” –cuando estamos apenas a un mes y medio de las elecciones– anuncia lo que es prácticamente un clásico empate técnico. Esto es una diferencia mínima –de un 2,1%– que separa a ambos candidatos. La contienda, sostiene “Varianzas”, será sumamente reñida. Con un ganador que –en rigor– aún es impredecible. Si los comicios se celebraran mañana, Hugo Chávez –para “Varianzas”– posiblemente obtendría el 49,3% de los sufragios y Henrique Capriles el 47,2%. Pero hay todavía un 3,5% de posibles electores que aún dicen estar indecisos. La pregunta que cabe hacerse es si esta última condición, la de los indecisos, es fundamentalmente fruto de la prudencia de los entrevistados o es, en cambio, hija de la intimidación, cuando no del miedo. En el segundo caso, Capriles podría quizás triunfar. Desde junio pasado, la distancia entre los dos principales contendores se estrechó mucho. Esta encuesta, es cierto, coincide sustancialmente con la Consultores 21 que pronostica el 46% para Chávez y también el 46% para Capriles, con un 8% de indecisos. Pero se separa de algunas otras, ellas llamativamente sospechosas, que dan como ganador a Chávez, por un margen algo más claro, de dos dígitos. La gran pregunta es si Chávez, de pronto, pierde ¿permitirá que otra fuerza política, distinta a la suya, asuma efectivamente el poder? Son más los que la contestan desde el pesimismo que los que lo hacen afirmativamente. Pero si esto sucediera, el sistema interamericano todo se estremecería y la incertidumbre, si no la conmoción, excedería ciertamente los límites de Venezuela. Porque el destino de algunos otros países, los del llamado Alba, incluyendo el de Cuba, que sólo ha podido sobrevivir –con un sistema político y económico perimido– gracias a la generosidad de Chávez, estaría en juego. Por esto aquello de que estamos frente a una elección que en rigor es, ideológicamente, una suerte de madre de todas las batallas. Claramente para los venezolanos, pero para algunos otros también. (*) Ex embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
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