Política económica: tras José Ber Gelbard

Redacción

Por Redacción

SEBASTIÁN MARÍA STEVERLYNCK (*)

José Ber Gelbard (1973-1974), el otrora poderoso ministro de Economía de Juan Domingo Perón, al 30 de junio de 1975 jamás hubiese imaginado la implementación de su plan económico inconcluso por Celestino Rodrigo, hubiese llegado tan lejos en sus similitudes al día de hoy. En ese entonces, al 31 de mayo de 1973, ya se registraba un consumo real que superaba a todos los productos en especial el total real, así como los tres tipos de cambio, comercial, financiero y paralelo. Una notoria acta de compromiso nacional fechada el 8 de junio de 1973 establecía que el “gobierno popular entiende que la crítica situación nacional exige, como medio para encaminar el proceso de reconstrucción y liberación nacional y lograr el objetivo enunciado, la adopción de un compromiso que implica renunciamientos y esfuerzos de todos los sectores de la comunidad, pero que necesariamente deberán ser mayores por aquellos que tienen más capacidad de realizarlo”. El alegato de lo expuesto fue entonces un proceso de injusta redistribución de la riqueza por parte de los trabajadores, para ello se llegó a un acuerdo entre el gobierno popular, la CGT y la Confederación General Económica, teniendo los siguientes objetivos: 1) implantar como política salarial todas las medidas destinadas a la justa redistribución del ingreso, cuya finalidad determine la conformación de salario con creciente poder adquisitivo; 2) eliminar la marginalidad social mediante la acción efectiva del Estado en materia de vivienda, educación, salud y asistencia social; 3) absorber en forma total y absoluta la desocupación y el subempleo de los trabajadores argentinos; 4) mejorar en forma irreversible la asignación regional de ingreso; 5) terminar con el descontrolado proceso inflacionario y la fuga de capitales; En cuanto a la política de precios, en el sector privado se implementó que no podrán modificarse los de mercaderías y servicios por motivo de mayores costos originados por los aumentos salariales dispuestos; infracciones a esta norma serán severamente penadas. Ello dio luz a la controvertida ley 20.680 de Abastecimiento, para la compraventa, permuta o locación de cosas muebles, bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades de la población. En el mismo sentido se procedió a la revisión de aumentos de precios ocurridos durante 1973, así como determinar aquellos injustificados y retrotraerlos a sus justos niveles. También se creó la pomposa “Comisión Nacional de Precios, Ingresos y Nivel de Vida”. Para asegurarles a los argentinos la canasta familiar. En tanto en el sector público es menester destacar. “Quedarán así congelados hasta el 1/6/75 los precios de todas las mercancías y servicios una vez trasladados los mayores costos del reajuste tarifario”, en congruencia con la política económica concertada por el acuerdo se dictó una serie de normas que nos esclarecen la situación de aquel entonces. En junio de 1973 se aumentaron las tarifas. Para la nafta, el incremento fue del 77%, mientras que en el transporte público de pasajeros los aumentos iban desde el 12% al 20%; en energía eléctrica, desde el 20% al 37%, y en Gas, del 30%. Por medio del decreto 187 se declararon intervenidos seis mercados concentradores de capital. En julio se dictó las resoluciones números 513- 514 de comercio en las que se fijaba precios máximos para la nafta de aviación, combustibles para turbina, solventes, bebidas, etc. Durante agosto, mediante la ley 20520 y el decreto 647 se promulgó la nacionalización de los depósitos bancarios, así como las circulares B 1055 E IF 405 reglamentaron el régimen de nacionalización de los depósitos. En septiembre se dictó la resolución número 1558 de Impositiva, que estableció normas para ingresar el impuesto a la compra de moneda extranjera. Así como la resolución de la Secretaría de Energía número 320, también de 1973, que reglamentó el traspaso a YPF de todas las bocas de expendio, hoy día aseguran los titulares –si bien no hay estadísticas– del cierre de unas 3.000 bocas de expendio en los últimos años. Salarios: en aquellos años tanto en mediciones del Indec como la consultora Fiel estimaron el aumento en un porcentual del 20; se elevaron las asignaciones familiares así como las jubilaciones. Tasas de interés: la tasa activa es decir aquella que los bancos le toman a los tomadores de crédito se redujeron enormemente y más aún cuando se trataba de créditos. Según la nómina de empleados de la empresa, este costo o subsidio encubierto es difícil de determinar en la actualidad. Ésa fue al menos la intentona en política monetaria y fiscal, lo sucedió a José Ber Gelbard –después de su renuncia en octubre de 1973– el doctor Alfredo Gómez Morales por un breve lapso; poco tiempo después asumió Celestino Rodrigo con su inolvidable frase “Mejor que decir es hacer”. Si bien en la actualidad las tarifas como en ese entonces están congeladas por vía normativa, lo que hoy nos ocurre es una congelación de hecho de las tarifas de servicios y después por ley, en caso de que la empresa de energía no esté con grandes pasivos que el Estado nacional por su déficit fiscal sea incapaz de asumir. Es de esperar que podamos evitar los fracasos anteriores, asumiendo pacientemente nuestro pasado y mirando esperanzado el porvenir. (*) Abogado


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora