Tomatito, un pequeño gran mago

Entrevista con el guitarrista flamenco que mañana se presenta en el Casino de Neuquén.

Redacción

Por Redacción

“El de la música es un mundo tan mágico que al final me hace un pequeño mago”, dice.

Eduardo Rouillet

Casi trece años después de su última presentación en la región, mañana toca en la sala Rainbow del Casino Magic, el maestro de la guitarra flamenca, José Fernández Torres “Tomatito”, con “Luz de guía”, un homenaje al 20º Aniversario de la partida de Camarón de la Isla y a quien acompañó durante los dieciocho últimos años de su corta vida. Llega a Neuquén, adonde fue declarado visitante ilustre, por un grupo de músicos cuidadosamente escogidos por su afinidad con el espíritu musical gitano, con esa intangible magia: Cristóbal Santiago en segunda guitarra, el percusionista Luky Losada, Morenito de Illora, Simón Román en cante, y la bailaora Paloma Fantova González. Tomatito creció rodeado de guitarras flamencas y adquirió fama y prestigio al acompañar a grandes cantaores como Enrique Morente, La Susi, y compartir escenario con Frank Sinatra, Elton John, Chick Corea y Paco de Lucía. Una personalidad serena aunque carismática y un compromiso continuo con el desarrollo y la difusión global del flamenco, lo han hecho merecedor de reconocimiento en el mundo musical, del cine, el teatro y el arte. –Transmitir música, puede sonar poético, es una entrega, un acto de amor… –Sí, sobre todo una entrega, preocupándome por hacer las cosas cada vez mejor y haciendo a la gente creer lo que toco. Que sea creíble. Si me gusta a mí, le agrada al público. A través del año me voy dando cuenta de que si estoy bien conmigo mismo, seguro, a quien escucha le va a ocurrir otro tanto. Lo malo es que yo no me encuentre de buen grado. A la persona que no está bien, le resulta problemático comunicarse con los demás, en mi caso, con el público. –Otra sensación fuerte debe ser estar fuera de tu tierra, tu paisaje, tus olores, la familia. –La verdad es que sí, pero no pienso mucho en ello… Pienso en mi música, en que estoy contento al tocar y con mi forma de realizar lo que sé. No sé más de lo que sé, ni menos tampoco… Cuando subo al escenario, el público es como una adrenalina, una prueba de fuego que siempre tengo que pasar. –No sé más de lo que sé, ni menos, parece restar peso al magnífico modo en que tocás guitarra, a la calidad, energía y pasión de tu interpretación… –Es que nunca se sabe todo lo que se quiere, siempre es poco. Y mucho lo que resta por saber. Estoy entregado a la música y soy un admirador de ella en general y de otros colegas en particular. Seres que adoro como Luis Salinas, mi amigo primero, luego está George Benson, luego Pat Metheny, Chick Corea, luego (Astor) Piazzolla que tiene temas maravillosos, encantadores, románticos, sufridos. Creo que era un hombre que sufría mucho porque su música llega tanto al corazón, es de pasarlo tan mal. Digo yo, qué gran músico, qué bien se lo pasa escuchándolo, pero qué sufriente habrá sido! Es una sensación que tengo desde mi punto de vista musical. Es algo que siempre me tiene pendiente al oírlo… Entonces, no sé, no sé nada más que lo que he podido saber y quiero aprender lo que no sé. –Un camino interminable. –Mira… Infinito. Te mueres, de mayor, y sigue… Es inabarcable la música que resta por escuchar. Hay melodías, armonías de Brasil tan buenas que me pregunto cómo pasar por esa progresión de acordes tan bonitos que puedo aplicar en otra obra, sin querer copiar, claro, sino llenándome de música y aprendiendo. – Con otra forma de vida. –Sí, por eso la cultura flamenca es una manera de vivir desde que levantas hasta que te acuestas… Una cultura musical como la mía, familiar. Me he familiarizado tanto con todo eso… Es como tener una mano que es mía y ya! La llevas a todas partes. Creo que si la música no es así, debería serlo. –Recién mencionaste tu infancia. Se me ocurre que entonces no soñabas andar por dónde has andado, tocar con quienes tocaste… –No, sin dudas, no. No me preocupaba. Ya que soy casi mayor, con esforzarme, tener constancia y el seguimiento de géneros de otros países, de muchos colegas que me hacen mimos musicales que me hacen sentir vivo. Soy fan de otros músicos y es como un mundo tan bonito, tan –¿cómo te diría yo?– tan mágico, que al final me hace un pequeño mago.


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