China: fracasos en el experimento democrático en Wukan
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
En diciembre del año pasado una protesta colectiva en el pequeño pueblo de Wukan, no muy lejos de Hong Kong pero en la China comunista, acaparó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Porque sus habitantes, ruidosamente sublevados contra sus autoridades locales, se enfrentaron corajudamente con unos 13.000 policías que rodearon amenazadoramente el pueblo. La intimidación –sin embargo– no dio frutos, pese a la bravata de que iban a someter al pueblo de Wukan cortándole los servicios y la provisión de alimentos y víveres en general. El coraje cívico de los habitantes de Wukan doblegó a las autoridades, que finalmente, en lugar de reprimir frente a las cámaras de televisión del mundo entero, accedieron a los reclamos que alimentaban la protesta: (1) defenestrar a las corruptas autoridades municipales; (2) convocar a elecciones libres, para reemplazarlas por personas electas directamente por el pueblo; y (3) devolver la tierra pública de la que las autoridades anteriores se habían apropiado, con males artes, para hacer en ella negocios inmobiliarios. En las elecciones que siguieron, los habitantes de Wukan entronizaron disciplinadamente, como alcalde, a uno de los líderes de la protesta: Lin Zuluan. Su gestión, sin embargo, no ha resultado lo atractiva que los habitantes soñaron. Por una parte, las autoridades provinciales –resentidas– no han extendido su simpatía ni su cooperación a las de Wukan. Por la otra, los trámites para la devolución de las tierras mal habidas han sido lentos. Hasta la exasperación. Apenas una tercera parte de la tierra reclamada ha sido –en rigor– restituida. Para peor, la asamblea que fuera convocada para decidir qué hacer con la tierra reintegrada –unas 450 hectáreas– no logró ponerse de acuerdo acerca del destino a conferir a ese lote. Algunos se mostraron partidarios de explotarlas o alquilarlas en conjunto. Otros –más empresarios e individualistas– se pronunciaron, en cambio, por dividirlas y distribuirlas entre los propios habitantes del municipio. Pero como era necesario reunir el voto favorable de las dos terceras partes de los habitantes, no hubo decisión y la tierra sigue sin tener un destino, frustrando a casi todos. Acostumbrados ciertamente a las decisiones autoritarias y poco transparentes, algunos en Wukan manifiestan que la mecánica de la democracia no sirve para tomar decisiones colectivas. Desencantados visiblemente. Por ello ahora deberán convocar a una nueva asamblea y prepararla minuciosamente, de modo de que no fracase y genere los frutos pretendidos. Antes de alcanzar la democracia a nivel local Wukan, en toda su historia, había realizado una sola asamblea municipal. Simplemente para endosar con ella formalmente una decisión previamente tomada por el temeroso aparato del Partido Comunista. A modo de sello legitimante. No es fácil cambiar de sistema y aprender a operarlo, queda visto. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
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