Hay más vendedores ambulantes en el Limay
Los balnearios del Limay son lugares aptos para vender.
NEUQUÉN (AN) – Como ocurre siempre cuando hay una concentración de gente importante, la que provoca la temporada estival en los balnearios municipales deriva en una actividad comercial en pequeña escala. Así es como una notable cantidad de vendedores ambulantes encuentra en las orillas del río Limay un lugar favorable para su desarrollo que, en muchos casos suele ser el sustento de grupos familiares. Churros, pasteles, sándwiches caseros, inflables para el agua, ensaladas de fruta y helados son algunos de los productos que se pueden conseguir, a un precio competitivo con el de los comercios, en los distintos balnearios municipales de la ciudad. Tanto en el Albino Cotro, el Sandra Canale y el Río Grande, la gente se acerca y le compra a estas personas que recorren incansablemente, bajo el intenso calor del sol, las distintas playas de la ciudad. “La gente no acostumbra a traer comida o algo para la merienda, o para acompañar el mate, entonces nos compra a nosotros”, es el comentario de los churreros que caminan con sus bandejas al hombro a lo largo de la costa del río. En la mayoría de los casos aseguraron que su actividad consiste en el sustento de sus familias y que “son muchos los años que llevamos haciendo lo mismo”. Frente a las distintas necesidades, encontraron en esto una alternativa económica. Algunos vendedores cuentan con cierta experiencia, que se remonta a más de 10 años de trabajo, pero no solamente en el río. Fuera de la temporada veraniega su labor continúa en las calles del centro de la ciudad con la venta de las mismas mercaderías o de otros artículos. Máximo, un vendedor de inflables, afirmó que trabaja en el balneario Sandra Canale con su mujer hace 14 años “es mi oficio”, explicó. “Yo no tuve buenas oportunidades laborales ni de estudio, cuando era joven, y antes de salir a robar prefiero trabajar en esto”, enfatizó. La historia de Omar es parecida, pero tiene 76 años y una operación del corazón, lo que la vuelve más interesante. Omar aseguró que trabaja “desde los 18 años” vendiendo helados en distintas playas de la costa atlántica y que este año llegó a Neuquén para ayudar a su hija, que consiguió la concesión de una conocida marca. En otros casos las necesidades son diferentes, muchos jóvenes también aprovechan para vender pasteles dulces, sandwiches o torta fritas, por ejemplo; y con ese dinero poder solventar gran parte de sus gastos durante las vacaciones de verano. Si bien la mayoría de los vendedores concordaron en afirmar que “la temporada veraniega siempre es buena” y que los últimos días fueron con mucho calor y productivos para ellos, también comentaron que “este año arrancó flojo, en diciembre, por el viento y algunos días de frío, porque la gente no sólo viene a bañarse”, concluyeron.
Matías Subat
NEUQUÉN (AN) - Como ocurre siempre cuando hay una concentración de gente importante, la que provoca la temporada estival en los balnearios municipales deriva en una actividad comercial en pequeña escala. Así es como una notable cantidad de vendedores ambulantes encuentra en las orillas del río Limay un lugar favorable para su desarrollo que, en muchos casos suele ser el sustento de grupos familiares. Churros, pasteles, sándwiches caseros, inflables para el agua, ensaladas de fruta y helados son algunos de los productos que se pueden conseguir, a un precio competitivo con el de los comercios, en los distintos balnearios municipales de la ciudad. Tanto en el Albino Cotro, el Sandra Canale y el Río Grande, la gente se acerca y le compra a estas personas que recorren incansablemente, bajo el intenso calor del sol, las distintas playas de la ciudad. “La gente no acostumbra a traer comida o algo para la merienda, o para acompañar el mate, entonces nos compra a nosotros”, es el comentario de los churreros que caminan con sus bandejas al hombro a lo largo de la costa del río. En la mayoría de los casos aseguraron que su actividad consiste en el sustento de sus familias y que “son muchos los años que llevamos haciendo lo mismo”. Frente a las distintas necesidades, encontraron en esto una alternativa económica. Algunos vendedores cuentan con cierta experiencia, que se remonta a más de 10 años de trabajo, pero no solamente en el río. Fuera de la temporada veraniega su labor continúa en las calles del centro de la ciudad con la venta de las mismas mercaderías o de otros artículos. Máximo, un vendedor de inflables, afirmó que trabaja en el balneario Sandra Canale con su mujer hace 14 años “es mi oficio”, explicó. “Yo no tuve buenas oportunidades laborales ni de estudio, cuando era joven, y antes de salir a robar prefiero trabajar en esto”, enfatizó. La historia de Omar es parecida, pero tiene 76 años y una operación del corazón, lo que la vuelve más interesante. Omar aseguró que trabaja “desde los 18 años” vendiendo helados en distintas playas de la costa atlántica y que este año llegó a Neuquén para ayudar a su hija, que consiguió la concesión de una conocida marca. En otros casos las necesidades son diferentes, muchos jóvenes también aprovechan para vender pasteles dulces, sandwiches o torta fritas, por ejemplo; y con ese dinero poder solventar gran parte de sus gastos durante las vacaciones de verano. Si bien la mayoría de los vendedores concordaron en afirmar que “la temporada veraniega siempre es buena” y que los últimos días fueron con mucho calor y productivos para ellos, también comentaron que “este año arrancó flojo, en diciembre, por el viento y algunos días de frío, porque la gente no sólo viene a bañarse”, concluyeron.
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