Un pequeño drama populista
A base de los miles de millones de dólares –verdes o “blue”, da igual– aportados por los contribuyentes, el complejo sojero y otros donantes, los kirchneristas y sus aliados coyunturales lograron armar un sistema clientelista que es aún más extenso que los construidos por movimientos populistas anteriores, pero al entrar el país en una etapa de vacas flacas, sus arquitectos se han visto obligados a intentar reducir sus dimensiones, lo que, huelga decirlo, no les está resultando del todo fácil. Entre las víctimas de la crisis que se ha desatado, una que con toda seguridad se agravará mucho en los meses próximos, está el intendente suspendido de Bariloche, Omar Goye. Tendrán razón aquellos políticos rionegrinos que, luego de haberlo apadrinado durante años, se han puesto a acusarlo de “negligencia”, “ineptitud”, “irregularidades” administrativas y así por el estilo, pero nadie ignora que su caída en desgracia no se debió a su inoperancia sino al fracaso de sus esfuerzos por mantener conformes a los militantes de la Cooperativa 1º de Mayo, que está vinculada con la red de agrupaciones politizadas que responden a la cuñada presidencial, la ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner, pagándoles 100.000 pesos por servicios presuntamente rendidos. Según parece, los “luchadores sociales” barilochenses querían más de lo que el intendente estaba dispuesto a darles, razón por la que optaron por aumentar sus ingresos organizando saqueos de supermercados locales, iniciativa que pronto imitarían otros de mentalidad similar en el resto del país. No le servirá de consuelo a Goye, pero es de prever que muchos otros intendentes kirchneristas compartan su destino humillante. Cuando el dinero escasea, los jefes necesitan sacrificar a chivos expiatorios, culpándolos por las lacras que ellos mismos han ayudado a provocar o, cuando menos, a perpetuar. Mientras que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se ensaña con los gobernadores provinciales, éstos señalan con el dedo a los intendentes que, si pueden, denuncian a funcionarios menores o, como en el caso de Goye, procuran defenderse afirmando que se limitaban a obedecer las órdenes de los de arriba. Se trata de un sistema perverso, caracterizado por mezquindades, traiciones y retórica engañosa, pero ya ha durado tantos años que reemplazarlo por otro menos denigrante exigiría una harto improbable revolución cultural. Para ahorrarse problemas engorrosos y para dotarse de un aura “progresista”, el en aquel entonces flamante presidente Néstor Kirchner y su esposa decidieron aliarse, aprovechando el contenido de una “caja” repleta de fondos, con docenas de agrupaciones de piqueteros, organizaciones barriales, facciones supuestamente izquierdistas, sindicatos combativos, entidades que se habían adueñado del tema de los derechos humanos y así por el estilo. Mientras hubo dinero suficiente, la estrategia funcionó muy bien, pero al hacerse cada vez más difícil respetar lo que desde el punto de vista de los beneficiarios son derechos adquiridos irrenunciables –“conquistas sociales”– están multiplicándose los conflictos. Puesto que todo hace suponer que la Argentina no reanudará el crecimiento macroeconómico “a tasas chinas” preciso para que el gobierno nacional, los provinciales y los municipales puedan continuar subsidiando el ejército inmenso de dependientes de los “planes sociales” que se han creado, además de pagar a tiempo los sueldos de una cantidad a todas luces excesiva de empleados públicos, sería sorprendente que no se produjeran muchos episodios más como aquel que, por un par de días, hizo de Bariloche, una ciudad largamente habituada al desgobierno, el epicentro del país. Los populistas son expertos consumados cuando es cuestión de invertir dinero en emprendimientos clientelistas, pero no lo son cuando se trata de tomar medidas prácticas encaminadas a atenuar la pobreza extrema. No es que se hayan propuesto agravarla por entender que, por motivos políticos, les conviene que amplios sectores de la población sigan hundidos en la miseria, es que están tan acostumbrados a responsabilizar a otros por las desgracias ajenas, de tal modo llamando la atención a los sentimientos solidarios que se atribuyen, que nunca harían nada que pudiera debilitar las redes clientelares de las que dependen para mantenerse en el poder.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.031.695 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 20 de enero de 2013
A base de los miles de millones de dólares –verdes o “blue”, da igual– aportados por los contribuyentes, el complejo sojero y otros donantes, los kirchneristas y sus aliados coyunturales lograron armar un sistema clientelista que es aún más extenso que los construidos por movimientos populistas anteriores, pero al entrar el país en una etapa de vacas flacas, sus arquitectos se han visto obligados a intentar reducir sus dimensiones, lo que, huelga decirlo, no les está resultando del todo fácil. Entre las víctimas de la crisis que se ha desatado, una que con toda seguridad se agravará mucho en los meses próximos, está el intendente suspendido de Bariloche, Omar Goye. Tendrán razón aquellos políticos rionegrinos que, luego de haberlo apadrinado durante años, se han puesto a acusarlo de “negligencia”, “ineptitud”, “irregularidades” administrativas y así por el estilo, pero nadie ignora que su caída en desgracia no se debió a su inoperancia sino al fracaso de sus esfuerzos por mantener conformes a los militantes de la Cooperativa 1º de Mayo, que está vinculada con la red de agrupaciones politizadas que responden a la cuñada presidencial, la ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner, pagándoles 100.000 pesos por servicios presuntamente rendidos. Según parece, los “luchadores sociales” barilochenses querían más de lo que el intendente estaba dispuesto a darles, razón por la que optaron por aumentar sus ingresos organizando saqueos de supermercados locales, iniciativa que pronto imitarían otros de mentalidad similar en el resto del país. No le servirá de consuelo a Goye, pero es de prever que muchos otros intendentes kirchneristas compartan su destino humillante. Cuando el dinero escasea, los jefes necesitan sacrificar a chivos expiatorios, culpándolos por las lacras que ellos mismos han ayudado a provocar o, cuando menos, a perpetuar. Mientras que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se ensaña con los gobernadores provinciales, éstos señalan con el dedo a los intendentes que, si pueden, denuncian a funcionarios menores o, como en el caso de Goye, procuran defenderse afirmando que se limitaban a obedecer las órdenes de los de arriba. Se trata de un sistema perverso, caracterizado por mezquindades, traiciones y retórica engañosa, pero ya ha durado tantos años que reemplazarlo por otro menos denigrante exigiría una harto improbable revolución cultural. Para ahorrarse problemas engorrosos y para dotarse de un aura “progresista”, el en aquel entonces flamante presidente Néstor Kirchner y su esposa decidieron aliarse, aprovechando el contenido de una “caja” repleta de fondos, con docenas de agrupaciones de piqueteros, organizaciones barriales, facciones supuestamente izquierdistas, sindicatos combativos, entidades que se habían adueñado del tema de los derechos humanos y así por el estilo. Mientras hubo dinero suficiente, la estrategia funcionó muy bien, pero al hacerse cada vez más difícil respetar lo que desde el punto de vista de los beneficiarios son derechos adquiridos irrenunciables –“conquistas sociales”– están multiplicándose los conflictos. Puesto que todo hace suponer que la Argentina no reanudará el crecimiento macroeconómico “a tasas chinas” preciso para que el gobierno nacional, los provinciales y los municipales puedan continuar subsidiando el ejército inmenso de dependientes de los “planes sociales” que se han creado, además de pagar a tiempo los sueldos de una cantidad a todas luces excesiva de empleados públicos, sería sorprendente que no se produjeran muchos episodios más como aquel que, por un par de días, hizo de Bariloche, una ciudad largamente habituada al desgobierno, el epicentro del país. Los populistas son expertos consumados cuando es cuestión de invertir dinero en emprendimientos clientelistas, pero no lo son cuando se trata de tomar medidas prácticas encaminadas a atenuar la pobreza extrema. No es que se hayan propuesto agravarla por entender que, por motivos políticos, les conviene que amplios sectores de la población sigan hundidos en la miseria, es que están tan acostumbrados a responsabilizar a otros por las desgracias ajenas, de tal modo llamando la atención a los sentimientos solidarios que se atribuyen, que nunca harían nada que pudiera debilitar las redes clientelares de las que dependen para mantenerse en el poder.
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