La cocina no es para b…

Con trasfondo de puja salarial, oficialistas y opositores van asando sus vituallas para las legislativas.

Redacción

Por Redacción

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Cada uno lo puede interpretar a su manera. Durante un tramo de la gira que la llevó a Emiratos Árabes, la presidenta Cristina Fernández –merced a una gestión del secretario de Comercio Guillermo Moreno– recibió la visita militante de Diego Maradona. El exastro futbolístico, confeso admirador del proyecto K, fue implacable con los dirigentes que atacan al gobierno. “Son siempre los mismos, nacieron en cuna de oro”, sentenció. Y fue particularmente mordaz con Francisco de Narváez, al que desafió a preparar un guiso. El empresario recogió el guante publicitario, se fotografió con delantal de chef frente a una hornalla y contestó que no sólo se sentía mejor comiendo ese plato popular recalentado al día siguiente de su elaboración sino que en la disyuntiva de tener que optar se inclinaba por (Lionel) Messi como modelo de conducta fuera de la cancha. La anécdota culinaria dio lugar a los más risibles comentarios. Por ejemplo, un periodista radial le pidió al especialista Carlos Regazzoni, dueño del bodegón El gato viejo, que le diera una receta, al cabo de la cual el “artista ferroviario”, sentenció: “La cocina (política, se entiende) no es para boludos”. En esta suerte de guerra de posicionamientos para las legislativas de octubre toda argucia es valedera, aunque a la hora de las efectividades triunfan los más ladinos. La oposición tiene un problema mayúsculo: su fraccionamiento. Baste recordar que en las elecciones de medio turno del 2009, teniendo enfrente una lista testimonial en la provincia de Buenos Aires encabezada nada menos que por Néstor Kirchner, De Narváez salió airoso. Pero luego surgieron cortocircuitos en un espacio al que la ciudadanía había apostado, se rompió su idilio con Mauricio Macri y se produjo el desgajamiento de Felipe Solá quien, con reparos, regresó al redil peronista. En una palabra, el abanico que se ofrecía como alternativa de recambio republicano desaprovechó la ocasión en las presidenciales del 2011 y Cristina ganó con el 54%. Alrededor de ese guarismo se quemó otro dirigente, el exministro y excandidato Roberto Lavagna, quien cuando pasó la digestión (nada menos que 15 meses) se despachó con una denuncia que caerá en saco roto: “Hubo un fraude altísimo”, declaró. No había acompañado las airadas protestas de “Chiche” Duhalde y Carlos Brown. Está a la vista que ningún partido (de derecha, centro o progresista) pudo capitalizar las multitudinarias marchas callejeras de noviembre y diciembre contra aspectos centrales de la gestión cristinista y en rechazo de un estilo de confrontación basado en el control estatal de resortes productivos y un nacionalismo que se hizo patente en el retorno de la fragata “Libertad”. La presidenta exhibió una fotografía en la que se ve a marinos y jóvenes de La Cámpora como símbolo de una armonía imposible en la década del 70. Macri, peronistas disidentes y el socialista Hermes Binner (segundo con el 17% en las pasadas presidenciales) despotricaron por lo que estimaron “oportunismo y aprovechamiento” de la Rosada de un acontecimiento tan trascendente, igual que con el Bicentenario. A propósito de lo que acontece en el Frente Amplio Progresista, la líder de la Coalición Cívica, “Lilita” Carrió, consideró inoportuna la foto que su mimado Alfonso Prat Gay se tomó en la costa bonaerense con la diputada Victoria Donda y el exguerrillero del ERP Humberto Tumini. Es que las inciertas alianzas desviven a la oposición. Binner y Margarita Stolbizer aceptan la proximidad con la UCR alfonsinista y los seguidores de Fernando “Pino” Solanas, que “hasta hace poco nos daban vuelta la cara”. “Que Macri se quede donde está, no con nosotros”, precisó Binner. Sin embargo, en su intento de dirigir el descontento hacia el gobierno, el jefe porteño privilegia el trato con intendentes de la UCR exitosos como Gustavo Posse, de San Isidro. Al sector peronista que controla el poder lo desvela la sucesión, para la que se alistan sin ser de la tropa confiable el gobernador Daniel Scioli y el intendente Sergio Massa. No hay aún un heredero señalado por Cristina, a quien guía una convicción: el piso del kirchnerismo nunca bajará del 35%.

ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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