Tras el mito, el hombre
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PARÍS.- Un apretón de manos y dos minutos de conversación bastaban para darse cuenta de que Hugo Chávez mentía cuando decía que soñaba con retirarse un día a orillas del río Arauca, a cuidar de cuatro vacas tumbado en una hamaca. El presidente venezolano era político 24 horas al día y había hecho de la revolución bolivariana su única obsesión. Con todo lo que ello implicaba: un idealismo inundado de dolorosas contradicciones, un radicalismo sin concesiones frente a sus adversarios, una peligrosa certeza de ser imprescindible y una soledad en el poder que inspiraba cierta tristeza. “Chávez es un hombre 150% político. Nadie le podrá reprochar no estar entregado en cuerpo y alma al país. Eso lo tienen claro incluso quienes lo odian y por eso lo odian tanto”, explicaba un cercano colaborador del fallecido presidente. En 14 años de presidencia, Chávez siempre estuvo ahí. Dormía poco, no se iba de vacaciones y hacía pocas visitas de Estado. “Voy a hablar poco hoy, unas cuatro horas”, bromeaba allá por 2009, en los momentos más pletóricos de su presidencia. El presidente era protagonista y único actor de la vida política. El chavismo era él. Y vivir en Venezuela podía convertirse en una gran sobredosis de Chávez. Incluso sus más acérrimos opositores y los periodistas más críticos admitían, tras haber estado frente a él, que su carisma era innegable, su presencia tenía algo de imponente y “el tipo resultaba hasta simpático”. Enzarzado en profundas contradicciones hasta el fin de su vida, Chávez podía perfectamente llamar “cochino” a su adversario político y apelar luego a la reconciliación, mandar al infierno a Obama y decirle después “I want to be your friend” (quiero ser tu amigo), denunciar terribles intentos de magnicidio y cantar acto seguido una alegre ranchera. Y no pasaba nada. Más allá del grotesco líder tropical que muchos vieron en él, se escondía un hombre calculador, con un instinto casi animal para identificar las oportunidades y sobrevivir a los fracasos. Su alimento necesario parecía ser, simplemente, sentir la unión casi mística con centenares de miles de venezolanos que le pedían que no se fuera nunca. (AFP)
Chávez gobernó 14 años.
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