“Historia desvirtuada y repetitiva”

Redacción

Por Redacción

Gran decepción causa ver cómo se tergiversan hechos de nuestra historia reciente, tal como actualmente ocurre en algunos medios o es auspiciado por algunos sectores o personajes allegados al poder de turno en que se ningunea a la sociedad como si hubiere estado ajena o en otra galaxia. Se finge falazmente el origen y circunstancias reales con argumentos que invocan sólo a los “efectos” y se soslayan las “causas” de aquella realidad totalmente desviada, preponderantemente con pensamientos foráneos y anárquicos, que se pretendía imponer ilícitamente en el país. Estas ideas, parece mentira, encauzadas y ajenas al sentir nacional, tuvieron epicentro en claustros universitarios, captando a jóvenes inexpertos, ansiosos de experimentar vivencias, adelantándose a su propia y progresiva existencia y realización personal, y obtener hegemonía y poder por medios repudiables e ilícitos; hechos incomprensibles si tenemos en cuenta que se vivía un período democrático tan esperado por los argentinos y quizás por el mundo entero. ¡Una perversión política de advenedizos a su máxima expresión! Esta subversión de valores que encauzara la triste paradoja de nuestra historia y que nos legara un destino de largos desencuentros, muy difíciles de superar; impidiendo la concordia política y búsqueda del consenso hacia el progreso y desarrollo del país y en que aún se observan reminiscencias o aristas que deberían haber sido superadas y no lo fueron, máxime el denominado juicio a la Junta Militar y sus acólitos y, no solo a éstos, ya que sólo representaban los “efectos” de un fenómeno subversivo, faltando en el juicio el principio de la ecuanimidad, ya que los que representaban a las “causas”, por acción u omisión, quedaron incólumes, llámense terroristas, funcionarios del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Sobre el particular, y a fin de explicitar el texto, rememoro un párrafo extraído del libro del gral. Mitre sobre la vida del gral. San Martín, en que dice: “…cuando un pueblo se halla bajo la influencia de la fuerza, tanto los habitantes como las instituciones deben someterse al mandamás de turno…”. Los integrantes del último gobierno de facto, pese haber sido recibidos con una esperanza renovada para muchos sectores de la sociedad, se creyeron en serio que eran la reserva moral del país que tanto pregonaban, pero se enceguecieron con el poder y llegó la soberbia, el despotismo y los abusos, que los condujo al repudio social y posterior proceso y condenas de orden penal. Sobre este particular tópico, creo que los juristas Strassera, Moreno Ocampo y Arslanian, entre otros, no agotaron las instancias para vislumbrar y procesar también a los terroristas, que fueron la causal de la debacle que nos tocó vivir y cuyas heridas aún no se restauran. Justamente por esa falta de ecuanimidad que les faltó poner de manifiesto en tal proceso. Particularmente no veo nada de hermoso en lo realizado por las organizaciones guerrilleras, pues captaron jóvenes y los impulsaban con argumentos erróneos a matar. A muchos los llevaron a la muerte y posteriormente fueron indemnizados por ser considerados víctima de terrorismo de Estado. Esta circunstancia no ocurrió con las víctimas producidas por las organizaciones guerrilleras, resultando otro desliz de injusticia manifiesta que impide en gran parte la reconciliación de los argentinos. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas

Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas


Gran decepción causa ver cómo se tergiversan hechos de nuestra historia reciente, tal como actualmente ocurre en algunos medios o es auspiciado por algunos sectores o personajes allegados al poder de turno en que se ningunea a la sociedad como si hubiere estado ajena o en otra galaxia. Se finge falazmente el origen y circunstancias reales con argumentos que invocan sólo a los “efectos” y se soslayan las “causas” de aquella realidad totalmente desviada, preponderantemente con pensamientos foráneos y anárquicos, que se pretendía imponer ilícitamente en el país. Estas ideas, parece mentira, encauzadas y ajenas al sentir nacional, tuvieron epicentro en claustros universitarios, captando a jóvenes inexpertos, ansiosos de experimentar vivencias, adelantándose a su propia y progresiva existencia y realización personal, y obtener hegemonía y poder por medios repudiables e ilícitos; hechos incomprensibles si tenemos en cuenta que se vivía un período democrático tan esperado por los argentinos y quizás por el mundo entero. ¡Una perversión política de advenedizos a su máxima expresión! Esta subversión de valores que encauzara la triste paradoja de nuestra historia y que nos legara un destino de largos desencuentros, muy difíciles de superar; impidiendo la concordia política y búsqueda del consenso hacia el progreso y desarrollo del país y en que aún se observan reminiscencias o aristas que deberían haber sido superadas y no lo fueron, máxime el denominado juicio a la Junta Militar y sus acólitos y, no solo a éstos, ya que sólo representaban los “efectos” de un fenómeno subversivo, faltando en el juicio el principio de la ecuanimidad, ya que los que representaban a las “causas”, por acción u omisión, quedaron incólumes, llámense terroristas, funcionarios del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Sobre el particular, y a fin de explicitar el texto, rememoro un párrafo extraído del libro del gral. Mitre sobre la vida del gral. San Martín, en que dice: “…cuando un pueblo se halla bajo la influencia de la fuerza, tanto los habitantes como las instituciones deben someterse al mandamás de turno...”. Los integrantes del último gobierno de facto, pese haber sido recibidos con una esperanza renovada para muchos sectores de la sociedad, se creyeron en serio que eran la reserva moral del país que tanto pregonaban, pero se enceguecieron con el poder y llegó la soberbia, el despotismo y los abusos, que los condujo al repudio social y posterior proceso y condenas de orden penal. Sobre este particular tópico, creo que los juristas Strassera, Moreno Ocampo y Arslanian, entre otros, no agotaron las instancias para vislumbrar y procesar también a los terroristas, que fueron la causal de la debacle que nos tocó vivir y cuyas heridas aún no se restauran. Justamente por esa falta de ecuanimidad que les faltó poner de manifiesto en tal proceso. Particularmente no veo nada de hermoso en lo realizado por las organizaciones guerrilleras, pues captaron jóvenes y los impulsaban con argumentos erróneos a matar. A muchos los llevaron a la muerte y posteriormente fueron indemnizados por ser considerados víctima de terrorismo de Estado. Esta circunstancia no ocurrió con las víctimas producidas por las organizaciones guerrilleras, resultando otro desliz de injusticia manifiesta que impide en gran parte la reconciliación de los argentinos. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas

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