“El país del futuro”
Lamentablemente, no resulta sorprendente que ante la desgracia de la gente común, que con la inundación ha perdido seres queridos y bienes materiales, algunos sectores políticos han emprendido una contienda para acusar a sus opositores del desastre causado por una inundación excepcional. Lo cierto es que Buenos Aires es una ciudad casi completamente impermeabilizada por el cemento. Hace muchos años que se permitió construir en el tercio libre de manzana y se ha avanzado sobre espacios verdes de manera constante. En Buenos Aires, la especulación inmobiliaria prevaleció sobre la planificación a largo plazo: la seguridad ante inundaciones fue resignada para favorecer negocios inmobiliarios de los sectores propietarios más ricos de la ciudad. En Bariloche, el nuevo código urbanístico propuesto está diseñado a medida de la corporación inmobiliaria y, especialmente, de los principales propietarios del microcentro. La nueva normativa convertiría al microcentro de Bariloche en algo más parecido a Buenos Aires: techos planos en cualquier parte de la ciudad, fachadas completamente vidriadas y también la habilitación para construir en el tercio libre de manzana. Al parecer, quienes han venido a vivir al sur desde la gran ciudad argentina no pueden sino aspirar a convertir el lugar que eligieron para vivir en el lugar de donde huyeron. Es que se tiende a repetir aquello que se conoce. Probablemente, con un poco de suerte, ahora se le preste más atención a las voces que vienen anunciando la importancia de la previsión ante el cambio climático, las alternativas de modelo energético ante el ocaso del modelo petrolero y la necesidad de preservar el ecosistema y de proteger los recursos naturales. Hoy, en nuestro país, la sojización, el fracking y la megaminería prevalecen sobre la protección de la biodiversidad y preservación del agua como recurso esencial para la vida. Todas estas prácticas son parte de un modelo de exportación de materias primas sin valor agregado que necesita mucho capital pero poca mano de obra. ¿Tendremos que sufrir otra tragedia masiva para prestar atención a las voces de alerta? Las inundaciones de Buenos Aires y La Plata nos pusieron –dolorosamente– en evidencia que como pueblo hemos perdido la capacidad de prever y que vivimos enfrascados en peleas pequeñas, miserables y sin sentido. Otra tragedia, la masacre ferroviaria de Once dejó en evidencia lo que sucede cuando los bienes y servicios públicos son puestos al servicio de los negociados privados. Lo concreto es que en la Argentina prácticamente no se ha realizado ninguna inversión en infraestructura pública de gran escala en materia vial, ferroviaria o energética en los últimos 30 años. Al mismo tiempo se han reinstalado en el país antinomias políticas con varias décadas de antigüedad. Todos los estudios psicopedagógicos concluyen que la capacidad de atención de las personas está determinada por la cantidad de información percibida y por el esfuerzo que demanda su procesamiento. Es por ello que la instalación en la opinión pública de temas del pasado, de manera hegemónica, es una de las formas de evitar la discusión sobre los desafíos para el futuro. En definitiva, hoy no está en la agenda del gobierno ni en la sociedad la necesidad de planificar conjuntamente qué país les dejaremos a nuestros hijos y nietos. Las peleas políticas que pretenden atribuir culpas a otros resulta ofensiva cuando el dolor de los compatriotas que han perdido todo en estas inundaciones aún está conmoviendo al país. Sería, quizá, el momento de guardar un poco de silencio respetuoso y comenzar a reflexionar sobre las causas que nos llevaron a abandonar el pensamiento de gran escala y de largo plazo. Pedro A. Trípoli, DNI 22.495.130 Bariloche
Pedro A. Trípoli, DNI 22.495.130 Bariloche
Lamentablemente, no resulta sorprendente que ante la desgracia de la gente común, que con la inundación ha perdido seres queridos y bienes materiales, algunos sectores políticos han emprendido una contienda para acusar a sus opositores del desastre causado por una inundación excepcional. Lo cierto es que Buenos Aires es una ciudad casi completamente impermeabilizada por el cemento. Hace muchos años que se permitió construir en el tercio libre de manzana y se ha avanzado sobre espacios verdes de manera constante. En Buenos Aires, la especulación inmobiliaria prevaleció sobre la planificación a largo plazo: la seguridad ante inundaciones fue resignada para favorecer negocios inmobiliarios de los sectores propietarios más ricos de la ciudad. En Bariloche, el nuevo código urbanístico propuesto está diseñado a medida de la corporación inmobiliaria y, especialmente, de los principales propietarios del microcentro. La nueva normativa convertiría al microcentro de Bariloche en algo más parecido a Buenos Aires: techos planos en cualquier parte de la ciudad, fachadas completamente vidriadas y también la habilitación para construir en el tercio libre de manzana. Al parecer, quienes han venido a vivir al sur desde la gran ciudad argentina no pueden sino aspirar a convertir el lugar que eligieron para vivir en el lugar de donde huyeron. Es que se tiende a repetir aquello que se conoce. Probablemente, con un poco de suerte, ahora se le preste más atención a las voces que vienen anunciando la importancia de la previsión ante el cambio climático, las alternativas de modelo energético ante el ocaso del modelo petrolero y la necesidad de preservar el ecosistema y de proteger los recursos naturales. Hoy, en nuestro país, la sojización, el fracking y la megaminería prevalecen sobre la protección de la biodiversidad y preservación del agua como recurso esencial para la vida. Todas estas prácticas son parte de un modelo de exportación de materias primas sin valor agregado que necesita mucho capital pero poca mano de obra. ¿Tendremos que sufrir otra tragedia masiva para prestar atención a las voces de alerta? Las inundaciones de Buenos Aires y La Plata nos pusieron –dolorosamente– en evidencia que como pueblo hemos perdido la capacidad de prever y que vivimos enfrascados en peleas pequeñas, miserables y sin sentido. Otra tragedia, la masacre ferroviaria de Once dejó en evidencia lo que sucede cuando los bienes y servicios públicos son puestos al servicio de los negociados privados. Lo concreto es que en la Argentina prácticamente no se ha realizado ninguna inversión en infraestructura pública de gran escala en materia vial, ferroviaria o energética en los últimos 30 años. Al mismo tiempo se han reinstalado en el país antinomias políticas con varias décadas de antigüedad. Todos los estudios psicopedagógicos concluyen que la capacidad de atención de las personas está determinada por la cantidad de información percibida y por el esfuerzo que demanda su procesamiento. Es por ello que la instalación en la opinión pública de temas del pasado, de manera hegemónica, es una de las formas de evitar la discusión sobre los desafíos para el futuro. En definitiva, hoy no está en la agenda del gobierno ni en la sociedad la necesidad de planificar conjuntamente qué país les dejaremos a nuestros hijos y nietos. Las peleas políticas que pretenden atribuir culpas a otros resulta ofensiva cuando el dolor de los compatriotas que han perdido todo en estas inundaciones aún está conmoviendo al país. Sería, quizá, el momento de guardar un poco de silencio respetuoso y comenzar a reflexionar sobre las causas que nos llevaron a abandonar el pensamiento de gran escala y de largo plazo. Pedro A. Trípoli, DNI 22.495.130 Bariloche
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