“Si ganan los K, liquidan el
El exministro de Defensa y Economía, que en las presidenciales del 2003 logró tres millones de votos, cree que el kirchnerismo está bajo poda de poder pero dará dura pelea en las urnas de octubre.
entrevista: Ricardo López Murphy, economista
Carlos Torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
–¿Quién gana las parlamentarias?
–El kirchnerismo está mal, pero no sé quién puede reunir poder para ganarle aprovechando esa situación.
–¿Qué define la situación del kirchnerismo en tanto gobierno nacional?
–El fin de la magia con que gobernaron e intentan seguir gobernando. El creer que gobernar es voluntad, prepotencia, impunidad, gritar, descartar lo distinto y, fundamentalmente, despreciar la idea, el manejo de la duda, la certidumbre, lo contradictorio como factor alentador para, racionalmente, buscar un camino racional. Pero ojo: están mal pero no vencidos. Pelean, en los términos más objetables, menos honrosos. Además, necesitan ganar por infinidad de razones.
–¿No ir a la sórdida?
–Una de ellas. En Brasil, Dilma manda a la cárcel a cuanto corrupto encuentra en el aparato del Estado que dirige y también el que lideró Lula, incluso ministros de una y otro. Acá, con el kirchnerismo, un imposible. En octubre el kirchnerismo pone en juego una inmensa madeja de intereses personales que aspiran a sobrevivir.
–¿Y si ganan las parlamentarias?
–Terminarán de licuar la obra maestra que han logrado en una década de poder: lo que queda del sistema político. Pero bueno, tienen que ganar.
–Admitamos que usted es Cristina aunque sea en clave a un imposible: género, en…
–En ideas…
–¿Cuál sería su mayor preocupación en relación con la economía?
–Toda la situación a la que la condujeron por capricho e irresponsabilidad. Estaría preocupado, por dar un caso, porque el precio de los commodities, de la soja concretamente, subiera mágica y sistemáticamente y me permitiera seguir con la orgía permanente de recursos. Cristina sabe que tiene espacios restringidos.
–En términos navales, aguas negadas.
–Efectivamente: poca profundidad para maniobrar. Y esto lo tensiona, aumenta la fatiga de material que ya tiene el kirchnerismo.
–Usted tiene sólidos contactos con distintos planos del kirchnerismo. Hacia adentro de esa estructura, ¿hay ebullición, debate?
–Debate, en todo caso muy restringido a espacios muy limitados. El kirchnerismo, en tanto definidamente autoritario, disciplina, silencia. Pero sí, hacia afuera, en los contactos que yo mantengo, se detecta cierta sensación de vergüenza en gente que conozco de años y con la que me unen vínculos, amistad. En esas conversaciones siempre está omnipresente mucho que no se expresa pero está y está.
–¿En términos de qué?
–“¿Cómo pudo pasarnos esto?”. A veces esto se dice en términos más explícitos.
–¿Siempre en relación con la economía?
–¡No necesariamente! Desde un tiempo largo hay en esas franjas del kirchnerismo cierto “valor agregado” de lo que siente: un sentimiento de desazón, quizá de angustia por lo burdo y grotesco en que han devenido las conductas de la cúpula del poder. El caso Báez y todas las maniobras para ver cómo se sale de ese lugar. Porque, digamos, en paralelo con la gravedad de la corrupción que le es consustancial a este gobierno está lo burdo y grotesco con que busca poner cara de inocencia. Burdo y grotesco como en el accidente de Once, cuando teniendo el gobierno máximas responsabilidades en la relación con TBA en tanto consignataria, bueno… 24 horas después de esa sangre quiso licuar la responsabilidad presentándose como denunciante de lo que habían permitido y financiado vía subsidios y cuya contraprestación tenían la obligación de vigilar pero no vigilaron. Pero, apelando a la ironía, creo que hay que ser “indulgente” con el kirchnerismo.
–En otros términos, ¿no es una alteración en nuestra cultura política?
–Lo cual no lo justifica. Es el resultado de la educación en que se formó gran parte de la dirigencia política del país a partir del 45 al 55, una educación que hizo de la inflación –por ejemplo– un agente neutro, ausencia de todo mal. En ese lapso hubo 30% de inflación anual promedio, pero a esa dirigencia no le importaba. Es más, en el período que se abre en el 55 hasta el Rodrigazo, en 1975, esa dirigencia –que no se remite únicamente al peronismo– vio a la Argentina como país que integraba, que crecía vigorosamente. Yo no participo de esa idea. En ambos tiempos se sembraron las causas de nuestro gravísimo desorden en el manejo de la economía. El Rodrigazo no fue la consecuencia del vacío de poder abierto con la muerte de Perón. Fue la consecuencia de un proceso con génesis muy profunda, preexistente a situaciones puntuales. Mire, hay mucha política argentina atrincherada en la nostalgia de todos aquellos tiempos.
–Pero eso ya no sería política, sino patología.
–Llámela como usted quiera, pero hay nostalgia que empuja proyectos y decisiones: economía bien cerrada, inflacionaria, convencimiento de que el estatismo les da “oportunidades a todos”…
–¿Esto también atañe al radicalismo?
–Por supuesto, desde la cuna me formé y milité ahí. Y cuando tuve iniciativas concretas, destinadas a abrir las ventanas del ideario del partido, a generar debates, bueno, me encontré muy condicionado.
–¿Cuando armó el Ateneo Motor?
–Por ejemplo. Bueno, partí. Y partí con dolor, porque es un partido que ha sido y podría seguir siendo muy útil vía un proceso intenso, fresco, de autocrítica, de revisión de ideas. Pero sí, hay mucho radical y de otros sectores de la política que, aun defendiendo derechos, la libertad, siendo sin dudas muy democráticos, igual simpatizan con la idea de, bueno, la inflación en todo caso es manejable y no afecta el crecimiento y el estatismo es muy sano, hace al vigor de un país. Un error, error probado por la historia. Y error que, si bien fue común a gran parte de Latinoamérica, en muchos países se ha corregido: Brasil, Chile, Uruguay. Un error que aquí, desgraciadamente, tiene mucho respaldo popular.
–¿Por qué?
–Porque el manejo del aparato del Estado, más los términos en que amplios sectores de la vida nacional reflexionan su situación, nada más que en términos inmediatos, bueno… genera consenso. Visión legítima pero que descuida toda reflexión sobre el futuro, el largo plazo que, para Argentina, ya está llegando.
entrevista: Ricardo López Murphy, economista
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