Patricia recuerda…

Redacción

Por Redacción

Graciela Fernández Meijide trabajó prolijamente la hechura de su libro. Así, entre las fuentes consultadas sobre aquellos crueles 70, figuran incluso políticos que tuvieron singular proyección en el presente de Latinoamérica y que, de una u otra manera, vivieron intensamente aquel tiempo de violencia. Así, pasan por las páginas del libro, entre otros, los expresidentes de Brasil y Chile, Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos, y Lucía Topolansky, senadora uruguaya, exmiembro de Tupamaros y esposa del mandatario de ese país y también integrante de ese grupo armado, Pepe Mujica. Entre las fuentes argentinas a las que apela Fernández Meijide está la diputada nacional Patricia Bullrich, quien militó en Montoneros. Asumiendo ese protagonismo, Patricia recuerda que tras el retorno del peronismo al poder en 1973, en aquella organización “se desestimaba la idea de democracia, la idea de que habíamos salido de una dictadura o “dictablanda” de Lanusse y que por lo tanto había que cuidar ese producto, que era un paso y había que cuidarlo… ¿no? La democracia era un estorbo y no servía. La idea de consenso, del diálogo, no existía; a nadie se le ocurría pensar en eso”.


Graciela Fernández Meijide trabajó prolijamente la hechura de su libro. Así, entre las fuentes consultadas sobre aquellos crueles 70, figuran incluso políticos que tuvieron singular proyección en el presente de Latinoamérica y que, de una u otra manera, vivieron intensamente aquel tiempo de violencia. Así, pasan por las páginas del libro, entre otros, los expresidentes de Brasil y Chile, Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos, y Lucía Topolansky, senadora uruguaya, exmiembro de Tupamaros y esposa del mandatario de ese país y también integrante de ese grupo armado, Pepe Mujica. Entre las fuentes argentinas a las que apela Fernández Meijide está la diputada nacional Patricia Bullrich, quien militó en Montoneros. Asumiendo ese protagonismo, Patricia recuerda que tras el retorno del peronismo al poder en 1973, en aquella organización “se desestimaba la idea de democracia, la idea de que habíamos salido de una dictadura o “dictablanda” de Lanusse y que por lo tanto había que cuidar ese producto, que era un paso y había que cuidarlo… ¿no? La democracia era un estorbo y no servía. La idea de consenso, del diálogo, no existía; a nadie se le ocurría pensar en eso”.

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