Octubre y después

Se acentuarán las aspiraciones y ya asoman pujas desmedidas.

Redacción

Por Redacción

ADRIÁN PECOLLO adrianpecollo@rionegro.com.ar

El ruido electoral a veces silencia quebrantos internos El oficialismo oculta sus luchas de aspiraciones, que volverán después de las elecciones. En el PJ-FpV no hay moderación cuando disputa poder. Quedó claro el año pasado con la reyerta del gobernador Alberto Weretilneck y el senador Miguel Pichetto. Existieron una lección y una reprimenda presidencial. Igual, ya asoman erupciones locales. Sorprende la virulencia interna en Jacobacci y Ñorquinco. Su repetición y su expansión serían un problema innegable: enfrentarían y ocuparían a quienes conducen el Estado. Bariloche quedará sometida a un ensayo. La justicialista Maru Martini fue electa intendenta con el 33%. El otro candidato del FpV, Carlos Valeri del Frente Grande, acopió un 22%. Su suma aporta al argumento matemático del kirchnerismo, que en Bariloche logró un apoyo del 55%. Curiosa mirada cuando, dos semanas antes, el FpV había rondado el 38%. Fuera de toda especulación, la dirigencia de esa “mayoría” disociada hoy tiene el imperioso deber de seguir con la reparación de esa ciudad más allá de su innegable responsabilidad en la crisis del 2012, que sólo recayó en el destituido Omar Goye. El pasado reciente quedó atrás, sin mayores revisiones. Rápidamente se advertirá si legó enseñanzas. No parece. Martini no perdió tiempo y anunció que buscará su reelección. Mal comienzo si, como afirma, augura un gobierno inclusivo. El Frente Grande acompañará, pero sólo de afuera. El interinato de Martini sirvió a la restauración pero el actual proceso tiene otros componentes. Sus alianzas son difusas. La Cámpora –vía el legislador Claudio Doñate– tiene injerencias intermitentes. En lo provincial, Weretilneck y Pichetto observan, incómodos, los meneos de la jefa andina. ¿Estas relaciones cambiarán? ¿O el trato sólido se mantendrá con Martín Soria, como lo alienta el jefe roquense? “No la votó un 70%”, relata Weretilneck a su círculo. Entiende que el presente lo favorece. Cree que el débil apoyo logrado inclinará a Martini hacia su gobierno. El gobernador mantuvo su prescindencia incluso el domingo cuando el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, le solicitó que lo acompañara al festejo. No aceptó aunque sí transmitió el mensaje diseñado: el centrado en el respaldo del 55%. Tal rechazo no fue neutro. En realidad, Weretilneck nunca dudó de su apartamiento y sí lo insinuó Valeri, quien lo volvió a esa posición. “Si apoyás a Martini, me bajo y pierden”, lo alertó. Esa posibilidad atemorizó al FpV ante el crecimiento de Gustavo Gennuso, que concluyó a cinco puntos de Martini. En sus testimonios, el mandatario recurrió a una pieza personal. “No puedo hacerle eso al Negro (Valeri), lo conozco de siempre”, decía en un inusual rescate de camaradería. Su valoración es política. En Bariloche radica el único asentamiento efectivo del FG, más allá de las cepas existentes en Cipolletti, hoy atadas a las controversias entre Weretilneck y el intendente Abel Baratti, quien insinúa acercamientos al roquense Soria. El gobernador no quiso colisionar con sus vínculos históricos. Se emociona y se entusiasma cuando incursiona en los contornos del PJ, pero sabe y siente que se mueve en un latifundio ajeno. Por eso, su construcción tendrá cimientos asentados en viejas o flamantes fidelidades. Así, el legislador Facundo López –arriaguista que abandonó la bancada radical y retomó un trato personal con Weretilneck– se transformó, poco a poco, en un partícipe de los entramados del gobernador. Hay incondicionales justicialistas que aportan al blindaje en obra, como el presidente de la bancada Pedro Pesatti. Nutre ciertas alianzas con justicialistas –como la lograda con el vice Carlos Peralta– pero, en cambio, debilita otras, como la que pudo existir con Soria. Weretilneck percibe que el jefe roquense será su principal adversario en su pretendida continuidad. Se combinan, entonces, estrategia y tolerancia. No fue al aniversario de Roca después de una sorda disputa originada en que sólo Soria hablaría en el acto. El gobernador no tendría micrófono. Llegó tarde una rectificación que se lo ofrecía. Ya estaba lista la publicación del exagerado listado de las obras en Roca financiadas por “la gestión Weretilneck y Peralta”. El roquense se molestó, aunque la relajación llegó el lunes con un diálogo telefónico con el gobernador. Estos vaivenes se multiplicarán. ¿Y Pichetto? Espera el resultado de octubre. Vaticina “cuatro a cinco puntos más” para el FpV y un 47%. Si ocurre, cualquier dirigente abrigaría una multiplicidad de fantasías con ese tesoro, más allá de su real propiedad. “Voy a tener 65 años”, respondió frente a la consulta de su candidatura. Esa respuesta no dice nada. Una traducción sería: “Seré mayor”. Hay, según un intérprete del PJ, otro análisis: “Es mi última oportunidad”. Pichetto y Soria tienen disputas, pero los reúne un dominio: el justicialismo. El senador asistió a la celebración roquense y el anfitrión resaltó –como nunca– su figura. Hay un criterio latente. “El candidato debe ser un justicialista”, es la línea acordada en un encuentro en el que participó además el intendente Javier Iud. Esa terna monopoliza deseos y probabilidades en el PJ para el 2015. Entre las teorías, Weretilneck prevé implementar las PASO en Río Negro y romper con el peligro partidario si existe una confrontación en el FpV. Se desempolvó un proyecto archivado, presentado en el 2010 por el bloque del PJ. Esa autoría otorga un argumento al gobernador si hay resistencia de los socios. Por ahora todo parece controlado en su andar al 27 de octubre. Después, esa percepción cambiará. La “agenda positiva” –según definición de Pichetto– podría tornarse en un arqueo negativo. Hay experiencias válidas para aquélla y abundan apuntes para un repaso crítico. Los mandos de Seguridad y la Policía tienen caminos opuestos. Una sola mención de esa contradictoria coexistencia: Gobierno desarticula cualquier incidencia del gremio de presos en su política penitenciaria pero el subsecretario de Seguridad, Daniel Badié, alienta y asiste al llamado “Sindicato de Trabajadores Privados de la Libertad Ambulatoria”. Otros ejemplos alejados de la “agenda positiva”. Economía expandió el año pasado su influencia. Se apoderó de dos áreas centrales: la Unidad Ejecutora de Préstamos Internacionales y Función Pública. Esas conquistas acarreaban riesgos porque exigían resultados. Hoy su letargo representa un costoso planteo al ministro Alejandro Palmieri. Función Pública –destinada a la política laboral y salarial, casi nada– acumula casi tres meses sin conducción, salvo la faena multifacética de Emanuel Tobares, a cargo de Hacienda. Y la unidad de financiamiento sigue con un largo interinato de la funcionaria del sector, Magalí Pacioni. El efecto es el peor: Palmieri ejerce ese mando y, en resumen, nadie tiene ocupación plena de esas funciones. Los programas de financiamiento ya no son los que eran. La intervención obligada en la sobredimensionada Unidad en Capital Federal derivó en su virtual desarticulación. Los planes ante el BID siguen paralizados, incluso los valorados por este gobierno, como los créditos para reformar calles céntricas de Viedma y Bariloche, el hospital barilochense y trabajos en el puerto SAE. Marcelo Mango advirtió que esa parálisis afecta a Educación. Poco se avanzó para un segundo préstamo del BID para obras del Programa de Jornada Extendida. Por eso el ministro asumió y ventiló gestiones en Nación. No faltaron evidencias y, por las dudas, aparecieron las correcciones oficiales. “Mango gestionó nuevo crédito del BID”, fue el título de una gacetilla. Dos horas después otro hizo más amplia la faena: “El gobierno de la Provincia gestionó…”. La tan temida partición interna. En esa administración de Weretilneck –con sus rasgos “positivos” y también los negativos– resta que entren a jugar las grandes aspiraciones, todavía calladas y moderadas.

DE DOMINGO A domingo


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