El Pompidou rinde homenaje al maestro del agua y la luz
Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén
APUNTES DE LA CULTURA
Fue, junto a Arden Quin, uno de los fundadores del movimiento Madí, esa corriente multidisciplinaria que, desde la pintura y la escultura a la arquitectura, desde la música a la literatura, buscaba liberar el arte de las limitaciones que muchas veces le impone lo externo, a partir de tensar hasta el límite la creación y la invención del artista.
Fue el precursor del arte cinético y del arte concreto-invención, y quien descubrió las posibilidades expresivas de los tubos de neón y el plexiglás, o del agua y la luz, mucho antes de que los minimalistas norteamericanos los descubrieran y usaran como soportes artísticos modernos.
Con el agua en particular, fue el primero en plasmar buena parte de su obra sobre este vital elemento, consciente de ser parte de una biosfera absolutamente líquida.
Integrante de la generación del Instituto Di Tella en los sesentas, a lo largo de su intensa carrera, ya sea en el arte como en la vida, frecuentó a personalidades tan diversas como Jean Paul Sarte, Jorge Luis Borges, Umberto Eco, Ray Bradbury o Enrique Pichón Riviere.
Hoy, a sus casi noventa años, Ferdinand Falk, nacido en Kosice, Hungría, en 1924, pero criado en Argentina y rebautizado artísticamente a los 16 años como Gyula Kosice, es nuevamente honrado en vida, esta vez con la inauguración de una sala permanente con su nombre en una de las mecas internacionales del arte moderno: el Centro Pompidou de París.
Una colección de quince obras, dos que ya tenía el Centro más trece que donó el artista para ese museo, será expuesta en forma permanente en una de las salas del quinto piso, la única dedicada a un artista argentino en forma exclusiva.
Curada por Camille Morineau, la muestra dedicada a Gyula exhibe obras fundamentales de este creador, plasmadas de las décadas del 40 y el 50, como la escultura lumínica Madí o la maqueta de su célebre Ciudad Hidroespacial.
Esta última obra fue concebida en los años cuarenta pero el artista siguió desarrollándola hasta el presente. En los años sesenta la presentó como proyecto en el Di Tella y fue discutido nada menos que en la NASA, la administración espacial norteamericana, que lo rechazó por “no redituable”.
Sobre la constante del agua en su obra, alguna vez declaró: “Lo único que veía cuando crucé el océano a los cuatro años desde mi Hungría natal, era el agua y las estrellas. De ahí esa relación que yo recupero con persistencia en toda mi obra”
Hace unos años, Gyula donó una de sus grandes esculturas al MNBA Neuquén. Es una obra de envergadura, una intervención urbana “penetrable” de grandes proporciones que será construida en los jardines exteriores del museo, en el Parque Central.
Diseñada en acero inoxidable, en partes pulido y en partes opaco, la obra es una síntesis formidable del lenguaje estético de Kosice que alude a la maternidad. Los paseantes del parque podrán ingresar en su interior y recorrer su estructura libremente y así, como la fuente del Centenario de Plá, pasará a formar parte del paisaje de nuestra moderna capital.
Es el legado de un gran artista internacional a la ciudad de Neuquén y también nuestro reconocimiento a uno de los más importantes creadores que ha dado la Argentina, el cual es hoy justamente homenajeado en París, donde le mundo entero lo aplaude de pie.
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