“El gobierno no acusa recibo”

Redacción

Por Redacción

Todos los años asistimos al reclamo por parte de los sectores de educación y salud por mejoras salariales que nos equiparen con la inflación existente y por el pago en término de los valores acordados en el caso de los prestadores de las obras sociales. Se reclama ante el gobierno con paros y/o marchas. O sea golpeamos: 1) con el cerebro de los educandos, ya bastante deteriorado por otras razones; 2) con la salud de la gente, también deteriorada por otras razones, y 3) con el bienestar de la gente, también deteriorado por muchas más razones, con cortes de rutas y obstaculización del tránsito. Los tres ítems no afectan precisamente a las capas gobernantes, o eso es lo que ellos creen. Disponen de otros recursos. Los integrantes del gobierno no acusan recibo de los golpes. Es que las armas son muy poco ofensivas. Mientras tanto todos los trabajadores, con pocas excepciones, o sea la gente, están asociados a gremios que confluyen en las centrales obreras. Sus dirigentes luchan para mantener el salario. Si no lo consiguen, tienen armas que sí son efectivas, como paros generales o en sectores sensibles. Ahora, los aumentos de sueldos, por buenos que sean, ¿pueden compensar el deterioro de los tres puntos? No lo creo. ¿No sería hora de que los dirigentes gremiales asumieran que ese deterioro no se lo compensa el dinero? ¿Que evaluaran si es justo el reclamo? ¿Y en caso positivo asumieran la defensa de esas dos actividades como previa a cualquier otra conquista con medidas contundentes mientras lo niños siguen asistiendo a clase, los enfermos atendiéndose y la gente circulando sin inconvenientes? ¿No habría que deponer armas tan ineficaces contra políticos ocupados en cálculos electoralistas, fidelidad a ideologías que apuntan a una edad dorada que no llega nunca, o en sus propios negocios? Quizás estas líneas susciten la sonrisa compasiva de los lectores por la ingenuidad de quien escribe. Sé, además, que no es sólo con palabras que se cambia el mundo, pero no sé cómo hacerlo o soy incapaz de ello. Vayan entonces estas líneas con la esperanza de que alguien con más peso las encuentre razonables, sino me servirán sólo de desahogo, y mis disculpas por el tiempo perdido de aquel al que se le ocurrió leerme. Francisco E. J. Silva DNI 7.967.865 Neuquén

Francisco E. J. Silva DNI 7.967.865 Neuquén


Todos los años asistimos al reclamo por parte de los sectores de educación y salud por mejoras salariales que nos equiparen con la inflación existente y por el pago en término de los valores acordados en el caso de los prestadores de las obras sociales. Se reclama ante el gobierno con paros y/o marchas. O sea golpeamos: 1) con el cerebro de los educandos, ya bastante deteriorado por otras razones; 2) con la salud de la gente, también deteriorada por otras razones, y 3) con el bienestar de la gente, también deteriorado por muchas más razones, con cortes de rutas y obstaculización del tránsito. Los tres ítems no afectan precisamente a las capas gobernantes, o eso es lo que ellos creen. Disponen de otros recursos. Los integrantes del gobierno no acusan recibo de los golpes. Es que las armas son muy poco ofensivas. Mientras tanto todos los trabajadores, con pocas excepciones, o sea la gente, están asociados a gremios que confluyen en las centrales obreras. Sus dirigentes luchan para mantener el salario. Si no lo consiguen, tienen armas que sí son efectivas, como paros generales o en sectores sensibles. Ahora, los aumentos de sueldos, por buenos que sean, ¿pueden compensar el deterioro de los tres puntos? No lo creo. ¿No sería hora de que los dirigentes gremiales asumieran que ese deterioro no se lo compensa el dinero? ¿Que evaluaran si es justo el reclamo? ¿Y en caso positivo asumieran la defensa de esas dos actividades como previa a cualquier otra conquista con medidas contundentes mientras lo niños siguen asistiendo a clase, los enfermos atendiéndose y la gente circulando sin inconvenientes? ¿No habría que deponer armas tan ineficaces contra políticos ocupados en cálculos electoralistas, fidelidad a ideologías que apuntan a una edad dorada que no llega nunca, o en sus propios negocios? Quizás estas líneas susciten la sonrisa compasiva de los lectores por la ingenuidad de quien escribe. Sé, además, que no es sólo con palabras que se cambia el mundo, pero no sé cómo hacerlo o soy incapaz de ello. Vayan entonces estas líneas con la esperanza de que alguien con más peso las encuentre razonables, sino me servirán sólo de desahogo, y mis disculpas por el tiempo perdido de aquel al que se le ocurrió leerme. Francisco E. J. Silva DNI 7.967.865 Neuquén

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