“Río Negro sin árboles”

Redacción

Por Redacción

Cerremos los ojos y tratemos de visualizar un mundo sin árboles. ¿Cómo se vería? Imaginemos los paisajes cordilleranos de Bariloche, Angostura, Esquel, etc., rodeados de cerros yermos, totalmente sin vegetación y con sólo los claroscuros marrones de las montañas, un desolado paisaje sin árboles. Esta situación es posible (décadas o centurias mediante), y no estaremos nosotros ni ningún ser vivo para verlo. En las plantas, fenómeno conocido como fotosíntesis, nace la vida, sólo allí se forman con los fotones solares y el milagroso laboratorio natural, las células vegetales, que, cadena alimentaria mediante, permitirán nuestra vida, alimentándonos. Además, nos es imprescindible el oxígeno sólo producido en las plantas, y que ellas absorban el exceso de anhídrido carbónico que envenena el aire que respiramos. La sencilla conclusión de que nuestra vida depende de los árboles la conoce cualquiera que haya superado al tercer año secundario. Parece desconocido para los dirigentes ancestrales, los recientes y los actuales. Demostramos lo anterior con algunos ejemplos que se multiplican en todo el planeta y que se llama deforestación. La “Mata atlántica” era una selva subtropical de enorme superficie y con una riqueza en variedad de especies enormes –abarcaba sur de Brasil, parte de Paraguay y la provincia de Misiones, donde se le conocía como “selva misionera”–. De esta riqueza sólo queda el diez por ciento (si, el 10%). La soja transgénica, entre otras, ocupa su lugar –véalo en Google Satelital– contenta. ¿Y en la Argentina? Enorme. En 2,5 millones de kilómetros cuadrados la deforestación barrió el 70% de la masa original. Si, queda sólo el 30%. La solución a la tala, archiconocida, es la reforestación, y preventiva, es la forestación. Los árboles crecen solos, basta plantarlos y un mínimo riego. ¿Qué se hace en Río Negro? Nada. En un territorio estepario (casi sin árboles) yo no conozco que exista ningún plan de forestación, pública ni privada –fíjense en el Alto Valle, donde sobra tierra y agua–. Salvo la actividad frutícola, no se conocen planes de forestación. Ni casi existe, por su tamaño y estado, el vivero municipal de General Roca. Todo esto me hace recordar un cuento en el que el Río Limay, como personaje, se preguntaba: “¿Qué hacen los caciques de los hombres blancos, si no se ocupan de preservar los recursos que precisaran sus descendientes?” ¿Qué hacen? Nada… Cobran alrededor de setenta mil pesos mensuales por no hacer nada para preservar los recursos naturales. Sepan que “no se puede desvincular el destino del hombre, del de la naturaleza, o sea, del destino del planeta” (cita final del Dr. Héctor Piacentini) . Carlos H. López DNI 4.820.317 Roca

Carlos H. López DNI 4.820.317 Roca


Cerremos los ojos y tratemos de visualizar un mundo sin árboles. ¿Cómo se vería? Imaginemos los paisajes cordilleranos de Bariloche, Angostura, Esquel, etc., rodeados de cerros yermos, totalmente sin vegetación y con sólo los claroscuros marrones de las montañas, un desolado paisaje sin árboles. Esta situación es posible (décadas o centurias mediante), y no estaremos nosotros ni ningún ser vivo para verlo. En las plantas, fenómeno conocido como fotosíntesis, nace la vida, sólo allí se forman con los fotones solares y el milagroso laboratorio natural, las células vegetales, que, cadena alimentaria mediante, permitirán nuestra vida, alimentándonos. Además, nos es imprescindible el oxígeno sólo producido en las plantas, y que ellas absorban el exceso de anhídrido carbónico que envenena el aire que respiramos. La sencilla conclusión de que nuestra vida depende de los árboles la conoce cualquiera que haya superado al tercer año secundario. Parece desconocido para los dirigentes ancestrales, los recientes y los actuales. Demostramos lo anterior con algunos ejemplos que se multiplican en todo el planeta y que se llama deforestación. La “Mata atlántica” era una selva subtropical de enorme superficie y con una riqueza en variedad de especies enormes –abarcaba sur de Brasil, parte de Paraguay y la provincia de Misiones, donde se le conocía como “selva misionera”–. De esta riqueza sólo queda el diez por ciento (si, el 10%). La soja transgénica, entre otras, ocupa su lugar –véalo en Google Satelital– contenta. ¿Y en la Argentina? Enorme. En 2,5 millones de kilómetros cuadrados la deforestación barrió el 70% de la masa original. Si, queda sólo el 30%. La solución a la tala, archiconocida, es la reforestación, y preventiva, es la forestación. Los árboles crecen solos, basta plantarlos y un mínimo riego. ¿Qué se hace en Río Negro? Nada. En un territorio estepario (casi sin árboles) yo no conozco que exista ningún plan de forestación, pública ni privada –fíjense en el Alto Valle, donde sobra tierra y agua–. Salvo la actividad frutícola, no se conocen planes de forestación. Ni casi existe, por su tamaño y estado, el vivero municipal de General Roca. Todo esto me hace recordar un cuento en el que el Río Limay, como personaje, se preguntaba: “¿Qué hacen los caciques de los hombres blancos, si no se ocupan de preservar los recursos que precisaran sus descendientes?” ¿Qué hacen? Nada… Cobran alrededor de setenta mil pesos mensuales por no hacer nada para preservar los recursos naturales. Sepan que “no se puede desvincular el destino del hombre, del de la naturaleza, o sea, del destino del planeta” (cita final del Dr. Héctor Piacentini) . Carlos H. López DNI 4.820.317 Roca

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