Las “33 variaciones” de Marilú Marini y Lito Cruz

Un obsesión compartida que diluye el tiempo

Redacción

Por Redacción

Para viajeros

Marilú Marini y Lito Cruz, con Malena Solda, dirigidos por Helena Tritek en el Teatro Metropolitan Citi, encabezan “33 Variaciones”, de Moisés Kaufman -autor de “Los tres juicios de Oscar Wilde” y director en Broadway de “Yo soy mi propia mujer y La heredera”- en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Otro de los trabajos actorales, altamente recomendables de Buenos Aires por la calidad de los integrantes del elenco y en particular por la creación de Marini y Cruz. Un texto atractivo, bien tramado, donde el drama, la memoria y la música de Ludwig Van Beethoven (en la experimentada piel de Cruz), se combinan en un viaje del presente al siglo XIX cuando el compositor alemán -casi al fin de su vida- dedicó tres años, habiendo ya escrito ocho de sus nueve sinfonías, a componer treinta y tres variaciones sobre un pequeño vals de Anton Diabelli.

¿Por qué Beethoven hizo precisamente eso? quiere saber Catalina (Marini), como musicóloga, mientras procura comprenderse con su hija Clara (Solda). Ludwig busca entenderse con su genio. Y aunque los separan doscientos años, comparten una obsesión que, por instantes, diluye el tiempo y breves momentos de belleza transforman sus vidas conmovidas por la fragilidad y lo efímero de lo humano. Por la finitud inapelable. Una de las claves de esta obra que se estrenó en Broadway en 2009 protagonizada por Jane Fonda. Comenta su directora Helena Tritek: “33 Variaciones nos invita a entrar en el mundo espiritual de Beethoven, a transformarnos, a ser protagonistas de una experiencia inconmensurable; nos desafía a valorar, a detenernos y saborear las pequeñas cosas que nos brinda el estar vivos. El elenco de siete actores y sus interpretaciones con la presencia del pianista en vivo nos sumergen en esta creación dramática y nos llevan a explorar lo profundo del alma.”

Otra clave es la inmensa presencia de Marilú, la tarea plena de belleza y goce que despliega, emana, segundo a segundo, palabra por palabra, gesto a gesto. Domina el escenario con una soltura tal que semeja una niña jugando a ser otro en el patio del fondo de su casa. Con esa misma naturalidad, feliz, entrega su cuerpo y su mente a un personaje que también se encamina al final, que enfrenta una enfermedad irreversible, de pie, con sabia serenidad, hasta para decidir el modo en que abandonará el mundo. Hay actrices capaces de brindar eso, muy pocas, contables con algo más que los dedos de las manos y Marini es una de ellas. De-fi-ni-ti-va-men-te.

Completan eficazmente los roles, Rodolfo De Souza (Diabelli), Francisco Donovan (David Clark), Gaby Ferrero (Gertie), Alejo Ortiz (Anton Schindler) y el pianista Natalio González Petrich. Diseños de escenografía, Jorge Ferrari; de iluminación, Eli Sirlin; de vestuario, Mini Zuccheri; supervisión de sonido, Pablo Abal; director técnico y de montaje, Jorge Pérez; asistente de dirección & stage manager, Martín Henderson; director de producción Ariel Stolier; y productor general Pablo Kompe`. Funciones de jueves a domingo a las 20:15 con entradas desde $180.

Eduardo Rouillet


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