“No está bien celebrar destruyendo”
Algo anda muy mal si para festejar el logro de la selección nacional de fútbol terminamos destruyendo todo a nuestro paso. Apenas cabe aclarar que fue una minoría violenta, dirigida y descontrolada. La mayoría desea el orden, la paz, la alegría de disfrutar el espacio público como pueblo unido. Pero ¿qué es lo que pasa? ¡¿En qué país vivimos que los jugadores no pueden participar en el festejo porque nadie sabe qué puede pasar?! ¿Alguien puede imaginar esta situación en un país desarrollado? Deberemos poner nuestro mayor empeño en una revolución educativa y cultural. Creo que el cambio que debemos producir empieza por ahí. El sistema educativo deberá volver a ser la herramienta cultural del amor a la ley. Dentro de la ley todo; fuera de la ley nada. Estamos pensando la revolución educativa en Argentina. Pronto la daremos a conocer. Pero el sentido común, el estilo de vida ordenado, pacífico, basado en el respeto, la educación y las normas de convivencia armónicas del pueblo se empiezan a enseñar desde la niñez, en el colegio. Luego deberemos revisar por qué de unas fuerzas de seguridad represoras y asesinas hemos pasado a otras permisivas, incapaces y funcionales al delito y el caos. ¿No existe un punto medio? ¿No podemos tener fuerzas policiales que en el marco de la ley eviten el descontrol social? A los violentos, destructores, delincuentes, a aquellos que se dan la licencia de destruir la paz del festejo del pueblo, ¿no hay que encarcelarlos y condenarlos? Hay muchos niños y adolescentes fuera de la red de integración social. Esto es producto de la corrupción de la clase dirigente, comenzando por la clase política. En un país rico, una generación de niños y adolescentes pobres, ni-ni y adictos no es más que el fruto de la corrupción. No podemos ni debemos reprimirlos, pero debemos atender este problema y dejar de mirar para otro lado. La ley y una cultura civilizada deben prescribir soluciones integrales para la felicidad del pueblo. ¡Debemos soñar con las soluciones a estos problemas socioculturales y no pensar que no se puede hacer nada! Amo el día, y va a llegar, en que vivamos en calles limpias, donde respetar las normas de manejo, convivencia y espacio público, con respeto por la vida en comunidad en armonía y promoción del otro en función de mi propia promoción, sea parte de lo cotidiano y normal. Gastón Bruno – Capital Federal
Gastón Bruno – Capital Federal
Algo anda muy mal si para festejar el logro de la selección nacional de fútbol terminamos destruyendo todo a nuestro paso. Apenas cabe aclarar que fue una minoría violenta, dirigida y descontrolada. La mayoría desea el orden, la paz, la alegría de disfrutar el espacio público como pueblo unido. Pero ¿qué es lo que pasa? ¡¿En qué país vivimos que los jugadores no pueden participar en el festejo porque nadie sabe qué puede pasar?! ¿Alguien puede imaginar esta situación en un país desarrollado? Deberemos poner nuestro mayor empeño en una revolución educativa y cultural. Creo que el cambio que debemos producir empieza por ahí. El sistema educativo deberá volver a ser la herramienta cultural del amor a la ley. Dentro de la ley todo; fuera de la ley nada. Estamos pensando la revolución educativa en Argentina. Pronto la daremos a conocer. Pero el sentido común, el estilo de vida ordenado, pacífico, basado en el respeto, la educación y las normas de convivencia armónicas del pueblo se empiezan a enseñar desde la niñez, en el colegio. Luego deberemos revisar por qué de unas fuerzas de seguridad represoras y asesinas hemos pasado a otras permisivas, incapaces y funcionales al delito y el caos. ¿No existe un punto medio? ¿No podemos tener fuerzas policiales que en el marco de la ley eviten el descontrol social? A los violentos, destructores, delincuentes, a aquellos que se dan la licencia de destruir la paz del festejo del pueblo, ¿no hay que encarcelarlos y condenarlos? Hay muchos niños y adolescentes fuera de la red de integración social. Esto es producto de la corrupción de la clase dirigente, comenzando por la clase política. En un país rico, una generación de niños y adolescentes pobres, ni-ni y adictos no es más que el fruto de la corrupción. No podemos ni debemos reprimirlos, pero debemos atender este problema y dejar de mirar para otro lado. La ley y una cultura civilizada deben prescribir soluciones integrales para la felicidad del pueblo. ¡Debemos soñar con las soluciones a estos problemas socioculturales y no pensar que no se puede hacer nada! Amo el día, y va a llegar, en que vivamos en calles limpias, donde respetar las normas de manejo, convivencia y espacio público, con respeto por la vida en comunidad en armonía y promoción del otro en función de mi propia promoción, sea parte de lo cotidiano y normal. Gastón Bruno - Capital Federal
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