“Una cuestión de memoria”
He leído en el “Río Negro” del miércoles 27 de agosto una carta del señor Jorge Maureira, en la que criticaba mi gestión como intendente de Cipolletti, a la que quiero referirme. Someramente puedo decir que la deuda que quedó era manejable como pudo demostrarse y representaba una quinta parte de las acreencias que en ese período tenía el municipio. De todas formas, la deuda lejos está hoy de la que el actual gobernador le dejó a Abel Baratti. Más allá de la ampulosidad de los cuestionamientos vertidos, voy a señalar aspectos de mi gestión que creo ayudarán a informar a los lectores, sobre todo a los jóvenes. En medioambiente: la recolección de residuos la efectuaba una empresa privada que conformaba su diaria tarea con relleno sanitario en el basural. O sea, no se quemaba la basura a cielo abierto . Se ubicó en nuestra ciudad el primer horno incinerador de residuos patológicos de la Patagonia. Tarea que se realizaba con vehículos especiales para retirarlos de clínicas, hospital y otros centros sanitarios. Se construyó un galpón en el sector de deposición, donde una cooperativa constituida por los que hoy serían cartoneros realizaba una suerte de separación de residuos para luego ser comercializados. Allí mismo se erigió un depositario de pilas, elemento altamente contaminante, que primeramente eran cementadas. A la vez, en muchas esquinas de la ciudad se colocaron cestos metálicos adecuados para que los vecinos pudieran arrojar allí las que estaban en desuso. Junto con el entonces DPA se diseñó la primera y única planta depuradora de líquidos cloacales a partir del sistema de piletones que hoy tiene Cipolletti. Por supuesto era para una ciudad de 50.000 habitantes. Hoy hay casi 100.000 habitantes, la capacidad no se amplió y por eso se contaminan lastimosamente las aguas de la isla Jordán con efluentes sin tratar. En obras públicas: amén de las necesarias y lógicas obras de alumbrado público, cordón cuneta, redes cloacales y otras menores, se asfaltaron más de 300 cuadras en distintos barrios de la ciudad, se hizo la primera conexión de gas rural en Cuatro Esquinas –es la única hasta el día de hoy–, se llevaron conexiones de luz y agua a barrios alejados y se canalizó el desagüe pluvial sobre la calle Kennedy. La reparación de las escuelas de la ciudad se atendía con personal municipal y no se registraban mayores problemas en su mantenimiento. Se firmó en 1994 el convenio interprovincial, con la participación de Vialidad Nacional, para la construcción del complejo vial de dos puentes sobre el río Neuquén y el trazado como autovía de la Ruta 22. Tras 20 años de su firma, más allá del segundo puente carretero y los accesos derivadores a calles troncales de la ciudad, lo demás está en veremos, sin que se alcen muchas voces oficiales reclamando las obras, ya sea a Caminos del Valle y a la actual concesionaria, que cobraron con impunidad muchos años de peaje no estipulados en el acuerdo marco y adeudan, además del tercer puente, obras tales como el asfaltado y mantenimiento de la circunvalación. Se renovaron las redes de gas y de telefonía por parte de sus concesionarios de toda la ciudad, lo que provocó múltiples aperturas de zanjas a lo largo y ancho del casco urbano. En lo social: se erigió el centro comunitario del barrio Don Bosco, se creó el primer centro de ancianos de la ciudad, en funcionamiento hasta hoy; dos hogares de niños que funcionaron con la ayuda de ONG, comedores comunitarios en la totalidad de barrios carenciados con participación de madres; una casa para la mujer golpeada y un centro de atención para jóvenes con problemas de adicción. Además se estableció una red de contención por parte de un inigualable grupo de asistentes sociales que atendían la emergencia cotidiana, tras las privatizaciones generadas en ese entonces. En lo político, el Concejo Deliberante funcionaba todos los jueves a la noche en verdaderas asambleas populares, en un salón del viejo edificio municipal con fácil acceso, y 12 concejales que llegaron a representar hasta cinco partidos diferentes. Funcionaban las juntas vecinales que se convertían en inexcusables foros de participación, así como también el Consejo de Planeamiento integrado por instituciones y fuerzas vivas de la ciudad para analizar y compartir las acciones a encarar en el vertiginoso crecimiento de Cipolletti. Con todo respeto al vecino Maureira, la ciudad pujante, moderna y pulcra que describe con su río contaminado, los altos índices de inseguridad, las 20.000 personas que viven en tomas, la quema de la basura a cielo abierto y el sistema cloacal colapsado no son la mejor fotografía para sus elogios. Jorge Ocampos, DNI 4.751.456 Cipolletti
Jorge Ocampos, DNI 4.751.456 Cipolletti
He leído en el “Río Negro” del miércoles 27 de agosto una carta del señor Jorge Maureira, en la que criticaba mi gestión como intendente de Cipolletti, a la que quiero referirme. Someramente puedo decir que la deuda que quedó era manejable como pudo demostrarse y representaba una quinta parte de las acreencias que en ese período tenía el municipio. De todas formas, la deuda lejos está hoy de la que el actual gobernador le dejó a Abel Baratti. Más allá de la ampulosidad de los cuestionamientos vertidos, voy a señalar aspectos de mi gestión que creo ayudarán a informar a los lectores, sobre todo a los jóvenes. En medioambiente: la recolección de residuos la efectuaba una empresa privada que conformaba su diaria tarea con relleno sanitario en el basural. O sea, no se quemaba la basura a cielo abierto . Se ubicó en nuestra ciudad el primer horno incinerador de residuos patológicos de la Patagonia. Tarea que se realizaba con vehículos especiales para retirarlos de clínicas, hospital y otros centros sanitarios. Se construyó un galpón en el sector de deposición, donde una cooperativa constituida por los que hoy serían cartoneros realizaba una suerte de separación de residuos para luego ser comercializados. Allí mismo se erigió un depositario de pilas, elemento altamente contaminante, que primeramente eran cementadas. A la vez, en muchas esquinas de la ciudad se colocaron cestos metálicos adecuados para que los vecinos pudieran arrojar allí las que estaban en desuso. Junto con el entonces DPA se diseñó la primera y única planta depuradora de líquidos cloacales a partir del sistema de piletones que hoy tiene Cipolletti. Por supuesto era para una ciudad de 50.000 habitantes. Hoy hay casi 100.000 habitantes, la capacidad no se amplió y por eso se contaminan lastimosamente las aguas de la isla Jordán con efluentes sin tratar. En obras públicas: amén de las necesarias y lógicas obras de alumbrado público, cordón cuneta, redes cloacales y otras menores, se asfaltaron más de 300 cuadras en distintos barrios de la ciudad, se hizo la primera conexión de gas rural en Cuatro Esquinas –es la única hasta el día de hoy–, se llevaron conexiones de luz y agua a barrios alejados y se canalizó el desagüe pluvial sobre la calle Kennedy. La reparación de las escuelas de la ciudad se atendía con personal municipal y no se registraban mayores problemas en su mantenimiento. Se firmó en 1994 el convenio interprovincial, con la participación de Vialidad Nacional, para la construcción del complejo vial de dos puentes sobre el río Neuquén y el trazado como autovía de la Ruta 22. Tras 20 años de su firma, más allá del segundo puente carretero y los accesos derivadores a calles troncales de la ciudad, lo demás está en veremos, sin que se alcen muchas voces oficiales reclamando las obras, ya sea a Caminos del Valle y a la actual concesionaria, que cobraron con impunidad muchos años de peaje no estipulados en el acuerdo marco y adeudan, además del tercer puente, obras tales como el asfaltado y mantenimiento de la circunvalación. Se renovaron las redes de gas y de telefonía por parte de sus concesionarios de toda la ciudad, lo que provocó múltiples aperturas de zanjas a lo largo y ancho del casco urbano. En lo social: se erigió el centro comunitario del barrio Don Bosco, se creó el primer centro de ancianos de la ciudad, en funcionamiento hasta hoy; dos hogares de niños que funcionaron con la ayuda de ONG, comedores comunitarios en la totalidad de barrios carenciados con participación de madres; una casa para la mujer golpeada y un centro de atención para jóvenes con problemas de adicción. Además se estableció una red de contención por parte de un inigualable grupo de asistentes sociales que atendían la emergencia cotidiana, tras las privatizaciones generadas en ese entonces. En lo político, el Concejo Deliberante funcionaba todos los jueves a la noche en verdaderas asambleas populares, en un salón del viejo edificio municipal con fácil acceso, y 12 concejales que llegaron a representar hasta cinco partidos diferentes. Funcionaban las juntas vecinales que se convertían en inexcusables foros de participación, así como también el Consejo de Planeamiento integrado por instituciones y fuerzas vivas de la ciudad para analizar y compartir las acciones a encarar en el vertiginoso crecimiento de Cipolletti. Con todo respeto al vecino Maureira, la ciudad pujante, moderna y pulcra que describe con su río contaminado, los altos índices de inseguridad, las 20.000 personas que viven en tomas, la quema de la basura a cielo abierto y el sistema cloacal colapsado no son la mejor fotografía para sus elogios. Jorge Ocampos, DNI 4.751.456 Cipolletti
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