“Griesa o Cristina”
Este dilema es una pobre actualización del viejo “Braden o Perón”; su intención es sólo electoralista y va dirigido a aquella franja de la población que puede ser manipulada con simplificaciones. La realidad económica es mucho más compleja que las variables que supone esa consigna, y esto no parecen advertirlo los alegres muchachos de la juventud guevarista, que despreocupadamente improvisan sobre la economía del país. Como su futuro económico personal ya lo tienen resuelto, y saben que nadie les pedirá cuentas del sufrimiento que infieren al pueblo, desde el escritorio continúan dando órdenes irresponsables a una realidad sorda que no les responde. Desde que el peronismo está en el poder, tanto el Parlamento como la Justicia omitieron cumplir con sus deberes constitucionales de poner límites al hiperpresidencialismo, devenido hoy en una verdadera “dictadura” de la mayoría. Si bien el gobierno habla de década ganada y progresos sostenidos, lo que se ve es inflación, inseguridad, precariedad laboral, educación en caída libre, futuro comprometido, etc. ¿Tan severa es su pérdida de contacto con la realidad? ¿No les interesa el dolor que sus insensatas medidas económicas producen más allá de la Residencia de Olivos? Gobernar un país es mucho más complejo que manejar, látigo en mano, provincias como La Rioja o Santa Cruz. Y el problema se agrava si, a la ignorancia de cómo funcionan las cosas a nivel internacional, acompaña el arrogante narcisismo presidencial que no tolera consultas ni advertencias de personas competentes y bien intencionadas. Una diplomacia silenciosa e inteligente logra resultados más favorables que las desacreditadas arengas de barricada. Si la presidenta de un país grita que no pagará compromisos internacionales asumidos y, además, firmados por su esposo, tanto las naciones con acreedores como sus tribunales podrían tomar las medidas defensivas que les permite el derecho. “Los acuerdos deben ser honrados”; desafiar este principio es comprometer nuestro futuro. El enfrentamiento con Braden ayudó a Perón a ganar las elecciones, pero sólo eso; con mayor realismo que el gobierno actual, Perón acompañó disciplinadamente la política internacional de Estados Unidos y solicitó la radicación de sus empresas para dar trabajo a los obreros argentinos, pues Perón, bueno para repartir riqueza, no sabía cómo crearla. El enfrentamiento con Estados Unidos alimentaba su vanidad de caudillo, pero era sólo para consumo interno. El actual pleito con los fondos buitre no tendrá un desenlace diferente. Más temprano que tarde se terminará cumpliendo con los compromisos asumidos, pero estas bravuconadas para la tribuna asustan a quienes estarían dispuestos a crear fuentes de trabajo que hagan innecesarios los nunca suficientes subsidios. Y estas actitudes nos perjudican a nosotros, los trabajadores, no a los que nos gobiernan. Hace setenta años que, con pocas excepciones, la política argentina sólo produce héroes de historieta. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca
Este dilema es una pobre actualización del viejo “Braden o Perón”; su intención es sólo electoralista y va dirigido a aquella franja de la población que puede ser manipulada con simplificaciones. La realidad económica es mucho más compleja que las variables que supone esa consigna, y esto no parecen advertirlo los alegres muchachos de la juventud guevarista, que despreocupadamente improvisan sobre la economía del país. Como su futuro económico personal ya lo tienen resuelto, y saben que nadie les pedirá cuentas del sufrimiento que infieren al pueblo, desde el escritorio continúan dando órdenes irresponsables a una realidad sorda que no les responde. Desde que el peronismo está en el poder, tanto el Parlamento como la Justicia omitieron cumplir con sus deberes constitucionales de poner límites al hiperpresidencialismo, devenido hoy en una verdadera “dictadura” de la mayoría. Si bien el gobierno habla de década ganada y progresos sostenidos, lo que se ve es inflación, inseguridad, precariedad laboral, educación en caída libre, futuro comprometido, etc. ¿Tan severa es su pérdida de contacto con la realidad? ¿No les interesa el dolor que sus insensatas medidas económicas producen más allá de la Residencia de Olivos? Gobernar un país es mucho más complejo que manejar, látigo en mano, provincias como La Rioja o Santa Cruz. Y el problema se agrava si, a la ignorancia de cómo funcionan las cosas a nivel internacional, acompaña el arrogante narcisismo presidencial que no tolera consultas ni advertencias de personas competentes y bien intencionadas. Una diplomacia silenciosa e inteligente logra resultados más favorables que las desacreditadas arengas de barricada. Si la presidenta de un país grita que no pagará compromisos internacionales asumidos y, además, firmados por su esposo, tanto las naciones con acreedores como sus tribunales podrían tomar las medidas defensivas que les permite el derecho. “Los acuerdos deben ser honrados”; desafiar este principio es comprometer nuestro futuro. El enfrentamiento con Braden ayudó a Perón a ganar las elecciones, pero sólo eso; con mayor realismo que el gobierno actual, Perón acompañó disciplinadamente la política internacional de Estados Unidos y solicitó la radicación de sus empresas para dar trabajo a los obreros argentinos, pues Perón, bueno para repartir riqueza, no sabía cómo crearla. El enfrentamiento con Estados Unidos alimentaba su vanidad de caudillo, pero era sólo para consumo interno. El actual pleito con los fondos buitre no tendrá un desenlace diferente. Más temprano que tarde se terminará cumpliendo con los compromisos asumidos, pero estas bravuconadas para la tribuna asustan a quienes estarían dispuestos a crear fuentes de trabajo que hagan innecesarios los nunca suficientes subsidios. Y estas actitudes nos perjudican a nosotros, los trabajadores, no a los que nos gobiernan. Hace setenta años que, con pocas excepciones, la política argentina sólo produce héroes de historieta. Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180 Bahía Blanca
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