“Que lo dejen en paz”
Tengo un hijo de siete años con un retraso madurativo con certificado de discapacidad (tratado con un psicólogo, psicopedagoga, fonoaudióloga y equinoterapia). Él asiste a la Escuela Nº 274, 2º grado, turno tarde, sita en la calle Don Bosco entre México y Paraguay, barrio Don Carlos. Cuando voy a buscarlo al lugar donde diariamente concurre, espero con miedo las novedades de su jornada escolar. Camino a casa él me cuenta lo que ha vivido (empujones, golpes, burlas, robo de útiles, etc.). ¿Esto no es bullying? Mi límite llegó el 25 de agosto pasado, cuando mi pequeño me contó que le habían puesto una cinta de pegar en la boca y lo arrastraron por el patio de la escuela sus propios compañeros (¿dónde estaba el docente de turno?). Cada vez que voy a plantear la situación (con justa razón, según mi parecer) me encuentro con que los directivos del establecimiento niegan los hechos. Estas situaciones que se repiten provocan en mi hijo una respuesta agresiva hacia él mismo, según su psicóloga. Y eso es cierto, señores, mi hijo es incapaz de agredir a nadie y por eso lo hace con él mismo, lo hace de rabia, de impotencia a las injusticias. Sus compañeros son niños, pueden no entender lo que le pasa a mi hijo, pero los adultos, ¿no son responsables? No están a cargo, al menos en el horario escolar. Ellos han estudiado supuestamente para estar al frente de un aula, ¿no deben hacer valer los derechos de los niños, de los que no se pueden defender? ¿Quién va a levantar la voz por mi hijo si no soy yo que soy su madre? Sólo pido que de una vez por todas lo dejen en paz. Él quiere ir a la escuela, es su derecho, pero ante tantas agresiones e intolerancias hay días en que realmente no soy capaz de llevarlo, no me da el alma, es como abandonarlo en un lugar donde a nadie le importa. Me he dirigido a todas las personas y lugares que me han dicho (Consejo de Educación, Supervisión… le he escrito hasta al ministro de Educación) y nunca recibí respuesta alguna. Sólo pido ser escuchada y comprendida y no sentirme tan sola en este proceso en la vida de mi hijo; quienes deban ayudarme tienen que escucharme. Soy la voz de mi hijo y por él lucharé toda mi vida. Erika Melo, DNI 23.220.659 Roca
Erika Melo, DNI 23.220.659 – Roca
Tengo un hijo de siete años con un retraso madurativo con certificado de discapacidad (tratado con un psicólogo, psicopedagoga, fonoaudióloga y equinoterapia). Él asiste a la Escuela Nº 274, 2º grado, turno tarde, sita en la calle Don Bosco entre México y Paraguay, barrio Don Carlos. Cuando voy a buscarlo al lugar donde diariamente concurre, espero con miedo las novedades de su jornada escolar. Camino a casa él me cuenta lo que ha vivido (empujones, golpes, burlas, robo de útiles, etc.). ¿Esto no es bullying? Mi límite llegó el 25 de agosto pasado, cuando mi pequeño me contó que le habían puesto una cinta de pegar en la boca y lo arrastraron por el patio de la escuela sus propios compañeros (¿dónde estaba el docente de turno?). Cada vez que voy a plantear la situación (con justa razón, según mi parecer) me encuentro con que los directivos del establecimiento niegan los hechos. Estas situaciones que se repiten provocan en mi hijo una respuesta agresiva hacia él mismo, según su psicóloga. Y eso es cierto, señores, mi hijo es incapaz de agredir a nadie y por eso lo hace con él mismo, lo hace de rabia, de impotencia a las injusticias. Sus compañeros son niños, pueden no entender lo que le pasa a mi hijo, pero los adultos, ¿no son responsables? No están a cargo, al menos en el horario escolar. Ellos han estudiado supuestamente para estar al frente de un aula, ¿no deben hacer valer los derechos de los niños, de los que no se pueden defender? ¿Quién va a levantar la voz por mi hijo si no soy yo que soy su madre? Sólo pido que de una vez por todas lo dejen en paz. Él quiere ir a la escuela, es su derecho, pero ante tantas agresiones e intolerancias hay días en que realmente no soy capaz de llevarlo, no me da el alma, es como abandonarlo en un lugar donde a nadie le importa. Me he dirigido a todas las personas y lugares que me han dicho (Consejo de Educación, Supervisión... le he escrito hasta al ministro de Educación) y nunca recibí respuesta alguna. Sólo pido ser escuchada y comprendida y no sentirme tan sola en este proceso en la vida de mi hijo; quienes deban ayudarme tienen que escucharme. Soy la voz de mi hijo y por él lucharé toda mi vida. Erika Melo, DNI 23.220.659 Roca
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