Un Victorica íntimo y místico emociona en el barrio de Quinquela

Por Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén

Redacción

Por Redacción

APÚNTES DE LA CULTURA

El Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín de La Boca, presenta una exposición antológica de la obra de Miguel Carlos Victorica, considerado como uno de los más importantes exponentes de su generación y de ese emblemático barrio porteño.

Titulada Un príncipe en la República de La Boca, la muestra ha sido curada por Sabrina Díaz y Víctor Fernández y ofrece un amplio panorama de la obra del artista, consistente en pinturas, dibujos, documentos y objetos personales que por primera vez se exponen al público.

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Estos elementos proporcionan al visitante un atisbo al mundo íntimo y particular de Victorica, desde los objetos con los que compuso muchas de sus obras como naturalezas muertas, pasando por las anotaciones personales de temas de índole doméstica hasta sus objetos de fe religiosa, como las imágenes de santos que ocuparon una parte importante de su vida espiritual.

Al respecto dijo Sigward Blum, «la pintura de Victorica no es arte de vanguardia. Es la obra de un hombre solitario y beato que no frecuentó círculos intelectuales ni artísticos. Su introversión era casi monacal, predominantemente afectivo, no defendió ideas, tendencias, ideologías. Decía sus verdades en el único lenguaje que dominaba, el de la pintura».

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El nudo de esta muestra no sólo lo comprenden cuadros o dibujos que son parte ya de la historia del arte nacional, sino fundamentalmente el mundo interior de uno de nuestros pintores más destacados a través de sus pequeñas cosas.

Ya sea en su libreta de anotaciones personales, con sus apuntes a lápiz o carbón, o en las fotografías que lo muestran posando en su taller rodeado de cuadros e imágenes que entrevén sus propias pasiones, en toda esta colección afloran sus ideas acerca del arte así como su propio lenguaje estético con el cual construyó parte de la Cultura de la Argentina del siglo pasado.

Más que una muestra de la obra de Victorica, es una biografía artística presentada a partir de su obra pero también de su universo íntimo.

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Esta muestra confirma que un artista es mucho más que su obra. Es un complejo mundo donde cada parte se relaciona para culminar en la obra de arte, tarea en la cual la propia humanidad del artista juega un papel primordial imposible de soslayar.

Nacido en 1884 el seno de una familia patricia de la zona norte de Buenos Aires, de profundas creencias religiosas, Victorica aprendió su oficio y su arte de la mano de maestros como Angel Della Valle, Eduardo Sívori, Reinaldo Giúcide y Ernesto De la Cárcova, prosiguiendo luego su formación en París.

De regreso a Buenos Aires, se instala en 1922 en La Vuelta de Rocha, en el barrio de La Boca, en un taller que había pertenecido a sus amigos Fortunato Lacámera y Benito Quinquela Martín, integrando así esa frondosa escuela pictórica que caracterizó a ese pintoresco barrio porteño y cuyos exponentes pudimos admirar en el MNBA Neuquén en la muestra Quinquela y sus contemporáneos, del año 2008.

20141016_165536Victorica forma parte de la bohemia artística de ese barrio. Por eso cuando se eligieron las «autoridades» de la «REPÚBLICA DE LA BOCA» y en relación a sus orígenes aristocráticos, es designado «PRÍNCIPE DE LA TABERNA».Victorica renunció a todos sus privilegios sociales, vivió austeramente y se dedicó a pintar como le dio la gana.

En 1941 obtuvo el Gran Premio del Salón Nacional. Ese año el prestigioso periodista y poeta Córdova Iturburu escribiría:

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«Si se me preguntara en trance de precisiones definitorias, cuales son las figuras más significativas de la pintura moderna argentina en lo que va del siglo – aludo a las figuras mayores, desde luego, y no a los jóvenes – contestaría sin vacilaciones pronunciando cuatro nombres. Estos cuatro nombres son: Emilio Pettoruti, Lino Enea Spilimbergo, Eugenio Daneri y Miguel Carlos Victorica. Disímiles los cuatro, dotados los cuatro de personalidades aguzadas en precisos perfiles diferenciales, con ellos se inician, en el país, los cuatro rumbos – dicho sea sin metáfora – hacia donde se orienta la evolución y el desarrollo de nuestra pintura actual».

Victoria, falleció en Buenos Aires el 9 de febrero de 1955.

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