La migración a la educación privada y sus razones

Redacción

Por Redacción

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Según las últimas cifras oficiales publicadas por el Ministerio de Educación de la Nación, las escuelas primarias públicas de todo el país perdieron 49.094 alumnos en un año.

El dato marca un nuevo récord en la caída de la matrícula de la escuela estatal, una tendencia que se ha mantenido firme durante la última década: hoy las primarias estatales tienen casi 100.000 alumnos menos que hace dos años.

La mitad de las jurisdicciones presenta caídas mayores al 10%. Las únicas sin retrocesos fueron Santa Cruz, el interior de Buenos Aires (a diferencia del conurbano, donde el descenso fue del 11%), San Juan y Tierra del Fuego.

Podría suponerse que es una cuestión de calidad educativa pero no, las evaluaciones nacionales e internacionales indican que los alumnos de las privadas obtienen resultados de aprendizaje similares a los de las públicas. En otras palabras: a igual clase social, los estudiantes de las distintas escuelas obtienen iguales calificaciones.

Las razones esgrimidas

Ahora bien, si no es una cuestión de rendimiento y descartado que fuera el ánimo de los padres asumir una erogación que bien podrían evitar, cabe entonces preguntarse: ¿cuáles serían las razones que justificarían este pasaje a la escuela privada?

Según Alieto Guadagni, director del Centro de Estudios de la Educación Argentina, la clave para interpretar el fenómeno es “el cumplimiento de los días de clase”, cuestión que lleva a que “los padres desde primer grado decidan el tipo de escuela que prefieren”.

Otros ven en la posibilidad de la jornada completa, tanto en el Nivel Inicial como en el primario privado, una solución a la problemática laboral de sus padres.

En tanto, para el ex titular de la cartera educativa de la CABA Mariano Narodowski, hay “una caída de la imagen institucional” de los colegios estatales que no ha sido revertida por la política educativa.

Esta posición es reforzada por estudios como el de Emilio Tenti Fanfani (”La escuela y la cuestión social”, Siglo XXI Editores, Buenos Aires) y el de Verónica Halperín e Ianina Tuñón (”Desigualdad social y percepción de la calidad en la oferta educativa en la Argentina urbana”), los que dan cuenta de que quienes eligen escuelas privadas lo hacen a partir del mayor orden percibido, la sensación de cuidado y protección que ofrecen (señalada en especial por familias con hijos adolescentes), la mayor previsibilidad de su calendario escolar y la valoración de actividades extra-curriculares.

Consultado por la mirada del gobierno, el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, sostuvo que es una situación compartida con otros países de la región, respuesta similar a la que ensayó cuando se lo interpeló por el pobre rendimiento de los estudiantes argentinos revelados por el Informe PISA de la OCDE.

Luego postuló lo que podríamos llamar “la teoría de la bonanza económica”, a partir de la cual, “con el crecimiento económico, las familias toman decisiones respecto de la escuela privada que podríamos llamar ideológicas o confesionales”.

Esta posición es respaldada por Axel Rivas, quien señaló que “es una tendencia sociológica que los padres con mejores ingresos ‘compran’ un colegio privado. Es independiente de la crisis en la escuela pública, es una decisión económica y ya pasó en los 90”.

La versión parece ignorar la afligente situación de millones de asalariados argentinos que día a día ven menguado su poder adquisitivo producto de los efectos nocivos de la inflación.

Tampoco falta, a pesar de los indiscutibles números, el planteo de la teoría conspirativa, por la que se sostiene que se trata de una campaña contra la escuela pública orquestada por los grandes medios gráficos nacionales.

Cuestiones básicas

Lejos de pretender generar una cuestión maniquea entre escuela estatal y privada y comprendiendo la enorme importancia de garantizar la educación pública y gratuita, se llega a la conclusión de que las causas que llevan a los progenitores -muchos de los cuales son los propios gobernantes- a volcarse por la opción privada son básicas. Cuestiones simples, precedentes incluso, a los contenidos a dictarse en clases.

Los padres no persiguen tanto un aprendizaje puntual, sino que los días y horas de clase se respeten, que las instalaciones estén en debidas condiciones y que hayan docentes y cuerpos directivos cercanos a los que plantear inquietudes, evitando respuestas “políticas”.

También buscan en dichas escuelas cierto orden, reconocimiento de méritos y preservación del alumno ante flagelos como la violencia o la droga.

En fin, temas todos de los que la escuela pública tradicionalmente fue garante y que hoy se desdibujan con políticas laxas y a la postre, tal como se ve, resistidas.

Es a esta batalla contra la percepción -a veces anómica- que da la escuela estatal a lo que las políticas de Estado deberán prestar especialísima atención para que la credibilidad de la educación pública vuelva a ser lo que era.

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN

Abogado. Profesor nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar

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