“Lo vi con mis propios ojos”
Por razones de familia, mis recientes vacaciones fueron en El Bolsón y Bariloche. El fuego había llegado antes a la zona de Cholila. En El Bolsón el humo que provenía de esa quema tornaba el aire irrespirable y hacía mal a los ojos. Las montañas, grises, habían secado su llanto y sus hojas. En un día de sol radiante en el lago Puelo, uno de los lugares más bellos del país, no se distinguía su color del de la montaña. Todo era gris melancólico, como la esperanza de sus moradores y visitantes. El fuego avanzaba inexorablemente. Un helicóptero sacaba agua del lago y la derramaba sobre una gigantesca masa de fuego, evaporándose casi toda antes de llegar a cumplir su cometido. Luego estalló el incendio en el centro de Bariloche. Al paisaje dantesco no sólo lo componían las llamas, sino la enorme cadena humana de manos que pasaban baldes que arrancaban llenos y al llegar al fuego por el apuro y la angustia sólo lograban tirar un poco de agua. Los bomberos tuvieron dificultades con la presión del agua y las bocas de incendio se encontraban lejanas. Nada estaba previsto para la catástrofe o la miseria humana. Año 2015. Sí, digo bien, año 2015, aunque el proceder parece propio de la edad media. En el colmo de la angustia recordé el rostro de la presidenta, no hace mucho tiempo, cuando por cadena nacional dijo que habían invertido algo así como 50 millones de dólares en la compra de 26 aviones hidrantes, más los permanentes gastos de adiestramiento de los brigadistas. Y remarcó que ella también es brigadista. No la vi como a Bachelet en el medio de la tragedia, ni tampoco comprobé la existencia de ningún avión. La tristeza apagó mi inicial enojo y recordé las palabras de Gandhi: “El engaño está dentro del ser humano”. Triste Argentina, bello país, por nuestro medioambiente y todos nosotros, te auguro tiempos de equilibrio y transparencia en tus gobernantes. Edith Michelotti DNI 39.950.54 Rosario
Edith Michelotti DNI 39.950.54 Rosario
Por razones de familia, mis recientes vacaciones fueron en El Bolsón y Bariloche. El fuego había llegado antes a la zona de Cholila. En El Bolsón el humo que provenía de esa quema tornaba el aire irrespirable y hacía mal a los ojos. Las montañas, grises, habían secado su llanto y sus hojas. En un día de sol radiante en el lago Puelo, uno de los lugares más bellos del país, no se distinguía su color del de la montaña. Todo era gris melancólico, como la esperanza de sus moradores y visitantes. El fuego avanzaba inexorablemente. Un helicóptero sacaba agua del lago y la derramaba sobre una gigantesca masa de fuego, evaporándose casi toda antes de llegar a cumplir su cometido. Luego estalló el incendio en el centro de Bariloche. Al paisaje dantesco no sólo lo componían las llamas, sino la enorme cadena humana de manos que pasaban baldes que arrancaban llenos y al llegar al fuego por el apuro y la angustia sólo lograban tirar un poco de agua. Los bomberos tuvieron dificultades con la presión del agua y las bocas de incendio se encontraban lejanas. Nada estaba previsto para la catástrofe o la miseria humana. Año 2015. Sí, digo bien, año 2015, aunque el proceder parece propio de la edad media. En el colmo de la angustia recordé el rostro de la presidenta, no hace mucho tiempo, cuando por cadena nacional dijo que habían invertido algo así como 50 millones de dólares en la compra de 26 aviones hidrantes, más los permanentes gastos de adiestramiento de los brigadistas. Y remarcó que ella también es brigadista. No la vi como a Bachelet en el medio de la tragedia, ni tampoco comprobé la existencia de ningún avión. La tristeza apagó mi inicial enojo y recordé las palabras de Gandhi: “El engaño está dentro del ser humano”. Triste Argentina, bello país, por nuestro medioambiente y todos nosotros, te auguro tiempos de equilibrio y transparencia en tus gobernantes. Edith Michelotti DNI 39.950.54 Rosario
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