Instructivo para políticos
Política
Estamos en tiempo previo a las elecciones escuchando lo que cada político tiene como propuesta de mejoría o cambio, para elegir correctamente o de acuerdo a lo que suponemos que la parte política llevará a cabo en esta (muchas veces muy mal utilizada) democracia.
Escuchamos, muchas veces de acuerdo a la evolución etaria de cada uno (no es lo mismo un joven con futuro vital por delante que una persona de mediana edad o alguien que ha alcanzado lo que debería ser realidad de vivir la vida sin compromisos laborales, un jubilado). Cada uno se centra en lo que más interesa de acuerdo a su edad y expectativa. El que es joven lo hará de acuerdo a su formación laboral o académica y a sus proyectos, el que es maduro lo hará de acuerdo a sus actividades laborales o académicas y a sus proyectos (tiene tiempo) y el que es mayor, ya con cierto cansancio, lo hará de acuerdo al objetivo de disfrutar de la vida.
Los políticos deben tener en cuenta esto: todos tienen proyectos, porque de proyectos se trata cuando se quiere mantener la mente joven, el corazón activo y el espíritu puesto en otra cosa que no sea cambiar la medida de la pantalla del lcd o el led.
El discurso del expresidente de Uruguay José Mujica -el “menos político” de los presidentes que he conocido salvando al Dr. Illia- en 2012, en el encuentro de Río+20, (palabras que deberían estar en el preámbulo de todas las Constituciones de todos los países del mundo) permite situarnos en un parlamento donde todo termina en el objetivo final de la humanidad: alcanzar la felicidad. No hay otra cosa que motive al ser humano que ser feliz y aquí se incluyen las muchas posibilidades de lograrlo: ser feliz con cosas mínimas, ser feliz con búsquedas espirituales, ser feliz con proyectos. ¡Ser feliz con proyectos!
Es decir: los políticos deberían estar viendo cuántas o cuáles son las posibilidades de hacer feliz a la población, ayudarlos (ayudarnos) a lograr los objetivos proyectados para que los jóvenes puedan crear, imaginar y evolucionar en el futuro, para que los maduros puedan cumplir con lo suyo sin abandonar sus proyectos y para que los adultos mayores o clase pasiva (como se da en llamar a los jubilados) puedan disfrutar de su merecido descanso en lugar de juntar cada vez más trabajos para llegar a fin de mes.
Así como estamos viendo que las estaciones, en los últimos años, están cambiando (el verano se alarga, las hojas recién caen en junio en vez de abril), la evolución personal y laboral de todos nosotros también ha cambiado: una persona de 60 años no es más una persona “inútil” pese a que así lo dispone la ley jubilatoria. La disyuntiva es que, frente a la evolución en años y como cada uno se siente, por un lado, y cobrar la jubilación mínima después de haber trabajado durante toda la vida activa por el otro, pocas son las posibilidades de elección. Hay que seguir trabajando, lo que da por tierra con los conceptos de Mujica respecto de la felicidad: lo transforma en un hecho teórico cuando debería ser más sagrado que un mandamiento (de los diez).
Lo que deberían pensar los políticos es cómo hacer para que un juez tenga su futuro de descanso asegurado y cumplir su proyecto vital sin la obligación laboral porque le alcanza y sobra con lo que se le retribuye con la “merecida jubilación”, o que un educador consiga lo mismo porque su gremio (afortunadamente) lo ha conseguido, o un bancario, o cualquiera de los afortunados 82% “sin juicios al Estado” que consiguen porque sí y dejan a los demás colegas sociales sin estas posibilidades. Entiéndase: no es cuestión de discutir las acordadas en la Justicia o las paritarias de otros gremios o trabajos, que bien conseguido tienen lo que han logrado, sino de preguntarse con una mano en la lógica laboral: ¿por qué ellos?, ¿por qué uno no, si trabajé como un burro durante toda mi vida, algunas veces en trabajos de la misma o mayor responsabilidad?
Lo que deberían pensar los políticos es por qué un trabajador del Estado cobra en negro todos los ítems de su sueldo con excepción del porcentual del sueldo básico que, en esta provincia, alcanza sólo para una jubilación mínima que, paradoja literaria, no alcanza para nada.
Lo que deberían hacer los políticos es (no digo donar sus sueldos, no sería justo) lograr que sus compatriotas, correligionarios, hermanos, camaradas, compañeros, o como se los quiera llamar, tengan las mismas posibilidades de cumplir con sus proyectos vitales con una redistribución justa de lo que tienen entre manos durante un segundo de la vida del universo como para que el próximo segundo sea mejor: de eso se trata y no de otra cosa.
Don José Mujica, que ya no es más presidente, lo hizo en su momento. Tuvo la mayor estadística de aprobación por parte de sus gobernados; estadística que no le sirvió para ninguna reelección sino para ser feliz con su tiempo de descanso. Su jubilación.
RONALDO ALFREDO VARELA
Médico Especialista en Psiquiatría. Bariloche
RONALDO ALFREDO VARELA
Política
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