“Y un día el tren volvió a la ciudad”
Cuando era muy chico, mi padre tuvo que hacer un viaje muy largo y muy lejano para esa época. Eran tiempos en que no había telefonía celular, computadoras ni satélites, pero sí trenes. Los trenes siempre y en todas partes del mundo han tenido un magnetismo singular y creo que por eso en ese viaje mi papá me trajo de regalo uno de juguete. Marklin era la marca, muy conocida en el mundo del hobby, y se trataba de un lujo para la época aunque hoy siguen siendo objetos de admiración y, por su valor, de difícil adquisición en nuestro país. Tal vez fue por eso con mis escasos años sólo podía verlo cuando se armaba el circuito ovalado en el living de mi casa y podía jugar con él solamente con la supervisión y el control de los mayores para evitar que se rompiera, aunque eso no imposibilitaba que pasara horas y horas mirando cómo daba vueltas y vueltas sin parar. Así, mi gusto por los trenes se convirtió en algo eterno. Todas sus partes aún están guardadas en la caja original, como legado del pasado y de hermosos momentos. Mi gusto por los trenes me ha permitido disfrutar de algunos muy conocidos y tradicionales de la Argentina, como el Patagónico que sale de Bariloche, La Trochita de Esquel y el Tren del Fin del Mundo en Ushuaia, y otros más extraños para los que vivimos en estas latitudes, como el de los Alpes suizos, que recorre un hermoso camino de montaña uniendo Suiza con Italia; el AVE de España y un tren bala NSB en Noruega. Acá, en mi querida Argentina, donde las distancias son largas y los paisajes diversos, siempre anhelé que el tren de pasajeros volviera a transitar nuestras provincias del Valle, anhelo siempre conducido por el significado que trae implícito la presencia del tren entre la gente, tal vez porque pienso y estoy convencido de que es una herramienta de desarrollo económico y turístico para la región. Imaginemos lo fantástico que sería poder llegar a Bariloche pasando por Junín, San Martín de los Andes y Villa La Angostura en el “Tren de los Lagos” desde Roca, Cipolletti o Neuquén. Más allá de todo el folclore en derredor a la llegada del tren a nuestra capital y dejando de lado las opiniones de tinte político que cada uno pudiera tener, me gustaría cerrar esta carta haciendo una breve reflexión del significado de un hecho histórico que compartimos todos los que vivimos aquí. La llegada del tren simboliza muchas cosas. Nos hace recordar el pasado y ver hacia el futuro, particularmente al mirar a nuestros hijos, que podrán disfrutarlo plenamente. El tren nos trae una sensación de “unión y libertad”, como reza nuestra moneda, y eso no es poco. El tren es rejuvenecer los pensamientos de cada uno y de todos, repitiendo sin cesar “se puede, cuando se quiere”. Es ver que lo que fue la Argentina en tiempos de esplendor tal vez pueda volver a ser si dejamos de lado nuestras diferencias. Ahí está la solución, a la vuelta de la esquina. Más allá de mirar qué partido político fue el responsable de poner en marcha el ferrocarril entre nosotros o qué causas le impusieron esa misión, lo verdaderamente importante es poder decir que el tren llegó para quedarse y con él quizás podamos ver una nueva Argentina, capaz, segura y moderna, que nos haga quererla siempre, respetarla y valorarla. Ricardo Becerra Serial, DNI 20.493.669 Neuquén
Ricardo Becerra Serial, DNI 20.493.669 Neuquén
Cuando era muy chico, mi padre tuvo que hacer un viaje muy largo y muy lejano para esa época. Eran tiempos en que no había telefonía celular, computadoras ni satélites, pero sí trenes. Los trenes siempre y en todas partes del mundo han tenido un magnetismo singular y creo que por eso en ese viaje mi papá me trajo de regalo uno de juguete. Marklin era la marca, muy conocida en el mundo del hobby, y se trataba de un lujo para la época aunque hoy siguen siendo objetos de admiración y, por su valor, de difícil adquisición en nuestro país. Tal vez fue por eso con mis escasos años sólo podía verlo cuando se armaba el circuito ovalado en el living de mi casa y podía jugar con él solamente con la supervisión y el control de los mayores para evitar que se rompiera, aunque eso no imposibilitaba que pasara horas y horas mirando cómo daba vueltas y vueltas sin parar. Así, mi gusto por los trenes se convirtió en algo eterno. Todas sus partes aún están guardadas en la caja original, como legado del pasado y de hermosos momentos. Mi gusto por los trenes me ha permitido disfrutar de algunos muy conocidos y tradicionales de la Argentina, como el Patagónico que sale de Bariloche, La Trochita de Esquel y el Tren del Fin del Mundo en Ushuaia, y otros más extraños para los que vivimos en estas latitudes, como el de los Alpes suizos, que recorre un hermoso camino de montaña uniendo Suiza con Italia; el AVE de España y un tren bala NSB en Noruega. Acá, en mi querida Argentina, donde las distancias son largas y los paisajes diversos, siempre anhelé que el tren de pasajeros volviera a transitar nuestras provincias del Valle, anhelo siempre conducido por el significado que trae implícito la presencia del tren entre la gente, tal vez porque pienso y estoy convencido de que es una herramienta de desarrollo económico y turístico para la región. Imaginemos lo fantástico que sería poder llegar a Bariloche pasando por Junín, San Martín de los Andes y Villa La Angostura en el “Tren de los Lagos” desde Roca, Cipolletti o Neuquén. Más allá de todo el folclore en derredor a la llegada del tren a nuestra capital y dejando de lado las opiniones de tinte político que cada uno pudiera tener, me gustaría cerrar esta carta haciendo una breve reflexión del significado de un hecho histórico que compartimos todos los que vivimos aquí. La llegada del tren simboliza muchas cosas. Nos hace recordar el pasado y ver hacia el futuro, particularmente al mirar a nuestros hijos, que podrán disfrutarlo plenamente. El tren nos trae una sensación de “unión y libertad”, como reza nuestra moneda, y eso no es poco. El tren es rejuvenecer los pensamientos de cada uno y de todos, repitiendo sin cesar “se puede, cuando se quiere”. Es ver que lo que fue la Argentina en tiempos de esplendor tal vez pueda volver a ser si dejamos de lado nuestras diferencias. Ahí está la solución, a la vuelta de la esquina. Más allá de mirar qué partido político fue el responsable de poner en marcha el ferrocarril entre nosotros o qué causas le impusieron esa misión, lo verdaderamente importante es poder decir que el tren llegó para quedarse y con él quizás podamos ver una nueva Argentina, capaz, segura y moderna, que nos haga quererla siempre, respetarla y valorarla. Ricardo Becerra Serial, DNI 20.493.669 Neuquén
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