¿Menos repitentes y más calidad educativa?
Como sucede con otros aspectos fundamentales de nuestra realidad, el tema de la disminución de cifras de alumnos repitentes publicado por algunos medios gráficos y televisivos puede ser observado desde posiciones opuestas y, por lo tanto, generar opiniones contrarias.
COLUMNISTAS
Cuando leemos que por primera vez en muchos años la repitencia de los alumnos de escuelas secundarias cayó, lo que quiere decir que la inclusión con calidad educativa es posible, como ha declarado el Ministerio de Educación de Córdoba, por ejemplo muchos padres y sobre todo docentes reaccionan como la profesora que citamos a continuación:
-¿Que hay menos repitentes? -responde espontáneamente una profesora de la escuela secundaria-. Yo trabajo en escuelas privadas y públicas. Puedo atestiguar que en la escuela secundaria actual los alumnos no aprenden porque, en general, no van a la escuela a aprender, no quieren, y si ellos se niegan, ¿qué puede hacer el docente? Los chicos van a la escuela a lograr un certificado y, si ése es el objetivo, a la mayoría de los docentes no nos queda otra que dejarlos pasar. ¿De qué calidad educativa se habla?
Otra sumó su visión: «Claro que hay menos repitentes. La escuela se ha vuelto más facilitadora. Los docentes estamos cansados y desarmados. El aprobado es fácil, que pasen, que se vayan, que no nos rayen el auto o nos amenacen ellos y muchos padres, que no nos peguen. Claro que hay menos repitentes, porque la orden es retener, que aprobemos. Y, como se ha instalado la idea de la no discriminación que emana desde el Ministerio de Educación nacional, en la escuela se termina igualando a todos de mediocres para abajo, nada de distinguir a los buenos, a los pocos que quieren aprender. Así está la escuela. Los docentes, sin apoyo de arriba, no podemos exigir».
Los alumnos son los primeros informantes de cómo se vive la escuela hoy. Los comentarios, cuando hay diálogo, llegan a casa, a cada hogar, ¿intencionados?, ¿realistas?, ¿espontáneos?, y debieran ser escuchados.
Es importante tener en cuenta lo que es vox populi, lo que recogen de sus contactos los taxistas, por ejemplo. Algunos de ellos hacen muy acertados resúmenes del pulso social. Sobre el tema de los repitentes un taxista expresó: «Me parece que los docentes están cansados y ya han bajado los brazos. Todos dicen lo mismo: «Es imposible dar clases. Yo no reniego más, que los padres se hagan cargo de lo que están formando; yo los apruebo y así quedan todos conformes»».
Resumimos un pensamiento generalizado de la docencia: «A los docentes nos desgasta tener que luchar con los alumnos, cada día más maleducados y atrevidos; con los padres, que no quieren problemas, que priorizan el aprobado al aprendizaje, que no ayudan ni respetan a los docentes, y con las autoridades, cuya mayor preocupación es retener y que, con la excusa de la discriminación, nos llevan a una igualación injusta y nos quitan armas para marcar los límites».
Se piensa y se sabe que, por cierto, algunas familias tienen una acertada concepción de lo escolar, saben y se hacen cargo de lo esencial que es el apoyo familiar y que el aprendizaje tiene su tiempo, que transcurridos los años de primaria y secundaria los hijos saldrán a la vida a rendir el examen diario de su preparación, del desarrollo de sus capacidades, habilidades y talento, por lo que algunos opinan que es hora de que la escuela sea más exigente, que realmente logremos una educación de calidad.
Ante la mirada tan optimista de la conducción educativa sobre disminución de repitentes, la familia se pregunta: ¿se habrá tenido en cuenta al dar a conocer este diagnóstico que nunca como ahora la enseñanza ha sido tan mediocre, tan poco exigente y competitiva, tan nivelada para abajo?
Creemos que cuando se habla del problema educativo argentino debe tenerse en cuenta que la acción del docente es fundamental, lo que significa que para lograr calidad educativa se debe inyectar y exigir al docente una redoblada autoestima, convicción, energía, fe en sus fuerzas y un gran amor por su tarea, que es tan única e insustituible.
¿Tendrán en cuenta quienes dirigen la educación la idea de que sólo con docentes autoexigidos, competentes y entregados a su noble tarea con auténtica vocación y confianza en sus propias fuerzas y creatividad puede lograrse que en el día a día de un extenso año lectivo los chicos superen dificultades de aprendizaje, estudien, investiguen, sepan más, sean mejores personas y, como resultado, aprueben y pasen de curso?
(*) Escritora. Educadora
gladys seppi fernández (*)
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