Convivir con la barda

En la capital neuquina, según el nivel adquisitivo se la padece o se la disfruta. Algunos claros ejemplos.

Redacción

Por Redacción

Neuquén

NEUQUÉN (AN).- Cuando anunciaron que habría una “gran tormenta” que descargaría agua y problemas el jueves, la mente de Erlinda Belarde se pobló de imágenes. Recordó que en abril de 2014 pasó los peores días de su vida: un mar de lodo bajó desde la barda, poseído, y se llevó todo a su paso. Es que la muchacha vive en uno de los tantos cañadones que se transformaron en barrios en Neuquén capital.

Erlinda, como todas las familias de ese sector olvidado de la toma Espartaco, no tiene servicios, vive en calles de barro y su vista es a una ladera de la barda llena de basura. Compró el terreno de la calle Antú hace tres años en 31.000 pesos, a “un argentino que agarró sus cosas y se fue”. Ella, como todas las familias del sector, llegó desde Bolivia en busca de trabajo y oportunidades.

La toma Espartaco tiene más de 12 años de vida y una realidad heterogénea. La calle Antú es de tierra y el agua complica cuando cae a baldazos, pero hay un sector con los servicios básicos y también con la atención del Municipio, y otro plenamente desprotegido. “Acá no tenemos nada: estamos enganchados a la luz, al agua, a todo. Nunca pasa el camión de los residuos y nosotros mismos quemamos la basura”, señala con naturalidad Daniela, que vive junto a su marido y dos niños en medio de ese corredor entre dos enormes paredes de arcilla.

Erlinda y Daniela, igual que Bárbara, tienen maridos que trabajan de sol a sol en la construcción. Por la mañana son albañiles en obras particulares y por la tarde se abocan a la construcción de sus nuevas casas. Les queda poco tiempo en esas casillas de cantonera pero igual saben que conseguir las escrituras de los terrenos y la instalación de los servicios será una batalla parecida a una utopía.

Algunas cuadras al norte, el barrio Terrazas del Sol cuenta con un sistema de drenaje del agua de lluvia, además de asfalto y todos los servicios básicos. (Foto: Leonardo Petricio)

Algunas cuadras al norte de toma Espartaco, el terreno se eleva y el panorama muta. Las casuchas desaparecen más allá de la asfaltada Atahualpa Yupanqui, calle que se une con el camino que llevará al futuro tercer puente. También en un cañadón, pero perpendicular al de la calle Antú, surge un coqueto barrio en plena construcción inundado de dúplex, estructuras de última generación y lujos.

En Terrazas del Sol las calles principales están asfaltadas y alguien se encargó de que el agua no moleste cuando cae en abundancia. ¿Cómo? Con una obra hídrica donde se entubó el contenedor que termina en la calle Jarilla del Rey. Es difícil no llegar a la conclusión que en ese barrio se genera un escenario inmobiliario interesante.

Una rápida recorrida permite constatar el estado de situación de uno y otro lugar. En Espartaco, “ilegal” para los oídos estatales, el esfuerzo es el único motor para cambiar realidades. Y el esfuerzo no es poco, y se ve en las casas de materiales que levantan estas familias bolivianas que sólo pueden andar en la calle hasta las nueve de la noche, porque con la oscuridad gobierna la inseguridad.


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