¿Cómo y cuándo una canción pasa a formar parte de tu vida?
Como un perfume, la letra, la melodía, la sintonía perfecta con el marco histórico o social y la capacidad emotiva son claves que transforman una canción en un himno en nuestras vidas. Enterate más.
CUÁL ES “TÚ” TEMA
Las canciones nos acompañan a lo largo de nuestra vida hasta el punto que, muchas de ellas, acaban formando parte de nuestra propia historia individual y colectiva. Hay quien va más allá y asegura que la música nos hace mejores personas y es un elemento que puede ayudar a hacer un mundo mejor.
De este trata un informe especial que publica La Vanguardia donde especialista opinan y coinciden en decir que una canción puede mejorar el mundo. Sí, puede mejorar el mundo y eso está muy bueno. ¿Coincidís?
¿Cuáles son esas opiniones? Veamos:
* El musicólogo y profesor de la UAB, Francesc Cortès, sostiene: “cualquier música sirve para que nosotros nos podamos identificar, y todas las canciones tienen una significación. La lectura que le damos depende mucho de nuestras circunstancias personales o como colectivo, así como del momento político, social o cultural en el que nos encontramos. Muchas canciones han contribuido radicalmente a cambiar nuestra manera de pensar. Todos los procesos revolucionarios o sistemas que quieren cambiar tiene una canción o un repertorio que los compaña”. Es la música como elemento cohesionador de la sociedad y que tiene como ejemplo más reciente la interpretación de La Marsellesa en el estadio de Wembley tras los atentados de París.
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* El periodista musical Pep Blay, quien acaba de publicar el libro Les cançons de la nostra vida (Rosa dels vents): está convencido de que, en muchas ocasiones, “nuestros pensamientos o palabras no expresan tan bien lo que sentimos como lo hace la música”. Blay reflexiona que, por esa razón, es habitual que “para expresar un sentimiento, como puede ser amor o tristeza, compartamos una canción en las redes sociales o se la dediquemos a alguien”.
* El dramaturgo francés Alfred de Musset aseguraba que “la música es el lenguaje del corazón”. En los últimos años se está introduciendo otro elemento de análisis en la música como es la capacidad emotiva de las canciones. Coincide con esto de que “la música que funciona es la que es capaz de emocionarnos” y alerta de que “según estudios de neuropsicología moderna aseguran que hay determinadas canciones que tienen la misma capacidad de revivir emociones que un perfume”.
¿Qué hace que una canción pueda acabar integrando la banda sonora de nuestra historia?
Francesc Cortès afirma que hay cuatro elementos que hay que tener en cuenta: “La capacidad de la canción para ser recordada desde un punto de vista musical, la identificación con la letra, la introducción de alguna gestualidad o coreografía en el tema y, por último, la empatía con un determinado hecho personal”. El musicólogo matiza que la melodía tiene un peso muy importante: “Hay algunos himnos nacionales que tienen un perfil rítmico o melódico muy determinado que es fácil de distinguir y útil para que todo el mundo lo pueda cantar”. El himno del Barça o el God Save the Queen serían claros ejemplos.
Pep Blay también aporta sus propias claves para entender por qué una canción puede acabar formando parte de un himno vital: “Más allá de que el tema nos guste, eso está claro, son canciones que están en sincronía con el marco histórico y social, o que están escritas de tal manera que puedan tener tantas lecturas como personas la escuchen”. El escritor añade otro elemento que para él puede llegar a cobrar un protagonismo inesperado: el azar. “Hay muchísimas canciones que han sido muy importantes para la historia de la música y que se han hecho por casualidad o para completar un disco que ya estaba prácticamente terminado”, explica Blay.
Pep Blay asegura que si consultamos a la gente acerca de sus canciones vitales, muchos escogerán temas de su juventud “porque es la música que nos acompaña en la independencia cuando dejamos de ser adolescentes que vivimos con los padres para tener una personalidad propia. Esto hace que las canciones que más escuchábamos durante ese cambio nos terminen para acompañar toda la vida”.
La identificación con la letra es, sin duda, uno de los ingredientes más importantes a la hora de vincularnos con una canción. El problema es que, en alguna ocasión, cantamos determinadas canciones, especialmente de otro idioma al nuestro, sin saber muy bien qué están expresando por lo que al traducirlas podemos llevarnos alguna que otra sorpresa. En las canciones más próximas, también podemos acabar descubriendo que esa letra que hemos cantado toda una vida tiene un significado muy distinto al que creíamos. “Si eso sucede, no es que nos desencantemos con la canción, sino que la adoptamos como propia con el sentido que nosotros le habíamos dado siempre con independencia de los que nos diga el autor”, señala Pep Blay.
Está claro que hay canciones que, al escucharlas, nos recuerdan automáticamente hechos tangibles o intangibles que nos han hecho llorar, reír estar tristes o alegres. Por ello el valor final de una canción vital no está en manos de ningún crítico o experto musical sino en la capacidad que tiene de llegar justo a nuestras experiencias y emociones. Y es ahí cuando notamos que en nuestro interior se enciende una llama, se aviva un juego que nos aporta un cosquilleo por el cuerpo que nos hace reconocer que aquella canción formará parte para siempre de nuestra vida.
¿Cuál es la canción que a vos te provoca esto?
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