La alegría de volver
Los uruguayos tienen un público fiel en la zona. Por eso No te va Gustar regresa para cerrar la noche roquera de la Fiesta Nacional de la Manzana. Con las pilas recargadas después de un merecido descanso -el año pasado hicieron alrededor de cien recitales-. Antes de su arribo a la zona Emiliano Brancciari, voz y guitarra del grupo, habló con “Río Negro” sobre el que será su primer show de 2016.
NO TE VA GUSTAR
La Fiesta Nacional de la Manzana en Roca se viene del 5 al 8 de febrero. El sábado roquero será abierto por Illya Kuryaki and the Valderramas y cerrado por No Te Va Gustar, uno de los grupos que más reclamó el público a través de las redes sociales. Formada en junio del 94 en Montevideo, NTVG está integrada por Emiliano Brancciari en voz y guitarra, el bajista y coros Guzmán Silveira, Diego Bartaburu en batería, el percusionista Gonzalo Castex, Martín Gil en trompeta y coros, el trombonista Denis Ramos, Mauricio Ortiz en saxos barítono y tenor, el guitarrista Pablo Coniberti y Francisco Nasser en teclados. Desde aquel año hasta el presente, han recorrido las principales ciudades de su país y el nuestro, Santiago de Chile, Munich, Hamburgo, Bremen, Berlín, Viena, Berna, Madrid, EE.UU., y los estadios Charrúa, Velódromo Municipal, Teatro de Verano y La Trastienda de Montevideo, Obras Sanitarias, River Plate, Malvinas Argentinas, Luna Park, Costanera Sur de Buenos Aires, el Ciudad de La Plata, Lunario del Auditorio Nacional de México, y el del Parque Simón Bolívar de Bogotá. El del venidero sábado 6, es el primer concierto del año para la tropa uruguaya. Momento con enormes condimentos, la vuelta a la actividad musical tras el reencuentro familiar y personal… “En principio, lo más rescatable es que volvemos con muchas ganas”, responde Emiliano Brancciari, al planteo de “Río Negro”. “Después de años tan cargados como los que venimos teniendo, quedamos un poquito saturados de viajes, sobre todo. La pasamos muy bien juntos, pero llega un tiempo en que extrañamos mucho la familia. Vivimos viajando todo el tiempo, así que necesitamos quedarnos quietos y hacer un poco de nido”. “Una vez recuperada esa energía, regresamos con muchas ganas. Estos últimos días ya andamos deseando ensayar, ni que hablar de tocar en vivo que es lo que más nos gusta. Entonces, las manos se nos mueven solas, ansiamos volver… El primer recital se vive un poco con nerviosismo porque, obviamente, hay cosas que nos recordamos cómo son. Es raro. Estamos tan acostumbrados a esto y sin embargo cuando retomamos, parece haber un montón de cuestiones nuevas que, en realidad son las que veníamos haciendo siempre”, agregó. – Serían algo así como segundas o terceras lecturas de un mismo libro. – Ta, exacto. Están los nervios del debut del año, pero también la alegría de volver. Yo lo vivo así. Me preocupa si va a salir todo bien y no por falta de práctica. Aunque los ensayos ayudan, sobre el escenario todo es distinto. – ¿Cuántos conciertos dieron en 2015? – No sé, cerca de cien. – Uno cada tres días, más o menos, lo que significa un entrenamiento, pruebas constantes. Aún así, hay que volver a calentar el motor, reconectar los vínculos afectivos y musicales, una tarea de fuerte peso. – Lo es, sí. De todos. Nosotros tenemos un montón de códigos de comunicación musical, de mirarnos, y en este período sin vernos, prácticamente, cada uno hace su vida en este período de vacaciones. Por ahí me cruzo con un par, pero tratamos de oxigenarnos. Y claro, al regresar tenemos tanto para contarnos, para reconectarnos, como dijiste, que nos lleva un tiempo, nos es rápido, automático. – Volver al nido, bella expresión que usaste, es también un trabajo de reconexión con los afectos y con el mundo propio, lejos de los escenarios, los hoteles, aviones, la prensa, los aplausos. – Tenés razón. Volver a casa nos lleva una tarea igual, de adaptación también a cuestiones que van marchando aunque uno no esté. Hay que adaptarse a los cambios, a vivir de otro modo porque es totalmente distinta la vida de gira que la hogareña. Sí, es un trabajo de adaptación que vamos haciendo siempre. Es muy intenso todo y la verdad es que enriquece en cualquier aspecto, digamos. Vamos conociendo en montón de experiencias y el cuerpo y la mente se adaptan y nos mantienen muy activos. – ¿En este parate, aparecen ideas musicales, letras? – De hecho, ahora estoy grabado cosas en mi casa (de Playa Hermosa, a 90 kilómetros de Montevideo, cerca de Piriápolis, frente a un cerro y mirando verde), sin apuro porque no sé bien cuándo vamos a grabar. Mi vocación es hacer canciones, entonces, cuando tengo tiempo libre, me relajo más y puedo dedicarme a ellas. Me rinde mucho trabajar así. De gira puedo componer, pero me gusta poder grabar y dejar el tema como yo quiero. Sigue pasando la vida “Lo que hemos aprendido a lo largo de tantos años, viajando, creo que de otra manera ni se nos pasaría por la cabeza. La cultura de cada lugar, la lectura o la comida, son aprendizajes enormes. Es una forma de enriquecerse todo el tiempo que viajamos. Por la manera que nos nutre, somos muy agradecidos a esta profesión, a este oficio”, cuenta Emiliano Brancciari. – Visto desde afuera, parece buenísimo, se la pasan viajando, se divierten haciendo lo que les gusta… Pero si no se cuida, se trata con mesura en todos sus aspectos, dura poco, se desarma. – Exactamente, sí. Muchas cosas se van dando solas pero porque las fuimos cultivando en todos estos años (21), y algunas ya no nos cuestan. El cuidar las relaciones -lo más importante de todo porque somos un grupo de personas que se tienen que respetar- se fue gestando paulatinamente y ahora ya sabemos, conocemos los límites, cómo proteger al otro, a uno mismo. Pero eso lleva su proceso y generalmente, de no atenderse, es la principal causa de separación de grupos y de cualquier proyecto colectivo. Por supuesto, también la parte artística que es vital; intentar no defraudar al público lleva trabajo porque te mantiene alerta siempre. Se trata de dar el mejor concierto posible, no importa la gente que haya. Esas son bases que están sentadas en NTVG desde hace mucho y las vivimos como algo natural. Lo que nos cuesta es alejarnos de los seres queridos, vivir cada día en un lugar distinto. Llegando a fin de año, queremos ya quedarnos quietos y no salir corriendo de un lado al otro, no estar mal dormidos porque hay que tomar un vuelo, subir a un micro, lo que sea… Claro que tiene un lado de disfrute, de goce, hacemos lo que más nos gusta y encima con la gente que queremos. Eso es impagable. También hay que dar espacio al que lo necesita, porque mientras estamos de viaje, sigue pasando la vida en nuestras casas, mantenemos relaciones ahí a distancia. Siempre hay alguien que no la está pasando de la mejor manera y los demás lo cuidan. Tratamos de que así sea, le damos el espacio necesario, porque si no están bien nuestras cabezas, la cosa no funciona. Bueno, tiene la parte que te decía, de disfrutar, pero también la de esperar… Se espera mucho, demasiado en gira, lo más disfrutable es cuando nos divertimos entre nosotros o cuando tocamos en vivo, por sobre todas las cosas. Después, el resto de día es espera para probar sonido, para tomar un vuelo, que llegue la combi, y se lleva un montón de tiempo que si no sabés canalizar los sentimientos que te vienen, las ganas de irte a tu casa, se sentís mal. Tiene lo bueno, pero también su costado tedioso, como cualquier trabajo. – Como decíamos, es el tiempo de la vuelta a tocar y del reencuentro reconstituyente entre ustedes, de los abrazos y los relatos… – Tal cual, sí. El lunes nos juntamos para el primer ensayo y ya nos quedamos comiendo juntos, como que tratamos de recuperar el tiempo perdido y es re-lindo. Una de las etapas más bellas del año es la del reencuentro con los compañeros y el vernos cada uno en su lugar, con su instrumento, algo único para nosotros, por lo menos. No solo entre los músicos sino con los técnicos… Es el punto de partida y se disfruta un montón. Para mí, como cantante, es el mejor momento porque tengo la voz como yo quiero, por la alegría de volver. Obviamente, con el correr del año y de los recitales, voy adquiriendo un montón de información que me ayuda a cantar con mayor facilidad, pero el de ahora es el que más disfruto. Quizás esté más duro tocando la guitarra o cantando, pero la alegría de volver a sonar juntos hace que transmita algo más lindo. Viajando sin espada La última actividad 2015 de los uruguayos, antes de entrar en las vacaciones que casi todos sus miembros están cursando, fue la presentación del nuevo single y video “Viajando sin espada”, canción parte de su más reciente disco de estudio “El tiempo otra vez avanza”. Con letra y música de Emiliano Brancciari, NTVG propone aquí -con la participación del intérprete y multi-instrumentista oriental Hugo Fattorusso, en piano y voz- un corte acústico con sonido folk en una faceta diferente de su rock combativo y catártico. El clip, dirigido por Gabriel Nicoli y Daniel Ortega, retrata a un grupo comando que rescata de la rutina a oficinistas, para reconectarlos con la simpleza de la vida. “Viajando sin espada” dio además nombre a la extensa gira que la banda desarrolló a lo largo de año pasado y congregó a más de 300 mil personas en su paso por ciudades de Argentina, Uruguay, México, Chile, Colombia, Perú, España y Estados Unidos. El tema lo interpretaron recientemente en el KA Theatre del MGM Grand de Las Vegas durante la 16 Entrega Anual de los Latin Grammys, donde el cedé fue nominado Mejor Álbum de Rock.
Eduardo Rouillet
“Sólo de noche” (1999)

“Este fuerte viento que sopla” (2002)

“Aunque cueste ver el sol” (2004)

“Todo es tan inflamable” (2006)

“El camino más largo” (2008)

“El calor del pleno invierno” (2012)

“El tiempo otra vez avanza” (2014)

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