Agradecimiento del “hombre que cayó del cerro López”
Me llamo Juan Carlos Landry. Soy el hombre que cayó del cerro López el lunes 18 de enero. No soy turista, vine con mi hijo David a visitar a mis peñis (hermanos) de Bariloche y de la región de Maquinchao (adonde lamentablemente no podré ir hasta que me reponga de los golpes en Buenos Aires). En Maquinchao viví con mi familia entre 1981 y 1988, años de luchas y de trabajos en las cooperativas y el CAI. Quiero, en primer lugar, comunicar a todas las personas que se preocuparon por mí que gracias a Futa Chao (Dios padre) no sólo estoy con vida, sino que si bien estoy muy golpeado apenas necesité algunas costuras y no tengo ningún hueso roto. Quiero agradecer a mi hijo David, de 16 años, que luego de mi caída de la picada al arroyo (unos 30 metros), ante la abundante pérdida de sangre de mi cabeza, me dio los primeros auxilios y salió rápidamente a buscar ayuda. A las dos horas aproximadamente llegaron los rescatistas. Aquí quiero destacar el trabajo desinteresado y arriesgado de estas personas, que me trataron con el mayor de los cuidados. Bajándome por ese sendero completamente destruido pude ver cómo varias veces estuvieron a punto de caer también ellos, y es el tramo más largo y difícil de la picada. Yo subí al López dos veces hace varios años. Nunca estuvo tan abandonado como ahora. Por todos lados la picada está cortada por árboles caídos. Después de los primeros 400 metros desaparecen las señales. A partir de allí, el que no tiene experiencia previa puede confundirse muy fácil y perderse. De hecho, tres chicas perdidas, Violeta, Julia y Caro, me ayudaron muchísimo prestándome sus abrigos y colaborando con los rescatistas hasta que me subieron a la ambulancia. Para ellas también mi agradecimiento. Volviendo al tema que más me preocupa: yo no me caí, no perdí el equilibrio como se publicó. Me resbalé por un sector de la picada que está unos 50 metros antes del cruce del arroyo, que es como un tobogán de arena que sobre el final gira bruscamente a la izquierda. Yo seguí de largo y luego de rodar unos 30 metros caí sobre las piedras del arroyo. No me maté de milagro. Hay varios lugares parecidos en la picada. En cualquier momento alguien muere. Nos volvemos a Buenos Aires el sábado 23 de enero debiéndoles la visita a nuestros peñis de la zona de Maquinchao. El cerro López es hermoso, es un paseo turístico precioso que yo siempre recomendé. Hagan que las personas responsables arreglen en forma urgente esa picada que hoy se podría llamar “la picada de la muerte”. Si no me creen, pregunten a los rescatistas. ¿Es justo que estas personas generosas, valientes y hasta heroicas arriesguen sus vidas en una picada sin mantenimiento? A todo el personal del hospital zonal Ramón Carrillo, médicos y enfermeras mi más profundo agradecimiento por su dedicación, profesionalismo y trato humano. Por último, un agradecimiento de corazón a la familia Painefil, que nos recibió con los brazos abiertos, al igual que al Espacio de Articulación Mapuche. Hasta siempre. Juan Carlos Landry DNI 8.573.575 – Buenos Aires
“Sr. presidente de la Nación, esperamos su última palabra: la que empeñó en su campaña”.
Juan Carlos Landry DNI 8.573.575 – Buenos Aires
Me llamo Juan Carlos Landry. Soy el hombre que cayó del cerro López el lunes 18 de enero. No soy turista, vine con mi hijo David a visitar a mis peñis (hermanos) de Bariloche y de la región de Maquinchao (adonde lamentablemente no podré ir hasta que me reponga de los golpes en Buenos Aires). En Maquinchao viví con mi familia entre 1981 y 1988, años de luchas y de trabajos en las cooperativas y el CAI. Quiero, en primer lugar, comunicar a todas las personas que se preocuparon por mí que gracias a Futa Chao (Dios padre) no sólo estoy con vida, sino que si bien estoy muy golpeado apenas necesité algunas costuras y no tengo ningún hueso roto. Quiero agradecer a mi hijo David, de 16 años, que luego de mi caída de la picada al arroyo (unos 30 metros), ante la abundante pérdida de sangre de mi cabeza, me dio los primeros auxilios y salió rápidamente a buscar ayuda. A las dos horas aproximadamente llegaron los rescatistas. Aquí quiero destacar el trabajo desinteresado y arriesgado de estas personas, que me trataron con el mayor de los cuidados. Bajándome por ese sendero completamente destruido pude ver cómo varias veces estuvieron a punto de caer también ellos, y es el tramo más largo y difícil de la picada. Yo subí al López dos veces hace varios años. Nunca estuvo tan abandonado como ahora. Por todos lados la picada está cortada por árboles caídos. Después de los primeros 400 metros desaparecen las señales. A partir de allí, el que no tiene experiencia previa puede confundirse muy fácil y perderse. De hecho, tres chicas perdidas, Violeta, Julia y Caro, me ayudaron muchísimo prestándome sus abrigos y colaborando con los rescatistas hasta que me subieron a la ambulancia. Para ellas también mi agradecimiento. Volviendo al tema que más me preocupa: yo no me caí, no perdí el equilibrio como se publicó. Me resbalé por un sector de la picada que está unos 50 metros antes del cruce del arroyo, que es como un tobogán de arena que sobre el final gira bruscamente a la izquierda. Yo seguí de largo y luego de rodar unos 30 metros caí sobre las piedras del arroyo. No me maté de milagro. Hay varios lugares parecidos en la picada. En cualquier momento alguien muere. Nos volvemos a Buenos Aires el sábado 23 de enero debiéndoles la visita a nuestros peñis de la zona de Maquinchao. El cerro López es hermoso, es un paseo turístico precioso que yo siempre recomendé. Hagan que las personas responsables arreglen en forma urgente esa picada que hoy se podría llamar “la picada de la muerte”. Si no me creen, pregunten a los rescatistas. ¿Es justo que estas personas generosas, valientes y hasta heroicas arriesguen sus vidas en una picada sin mantenimiento? A todo el personal del hospital zonal Ramón Carrillo, médicos y enfermeras mi más profundo agradecimiento por su dedicación, profesionalismo y trato humano. Por último, un agradecimiento de corazón a la familia Painefil, que nos recibió con los brazos abiertos, al igual que al Espacio de Articulación Mapuche. Hasta siempre. Juan Carlos Landry DNI 8.573.575 - Buenos Aires
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