Recuerdos
Recuerdos dulces, recuerdos amargos, recuerdos alegres, recuerdos tristes, recuerdos ignorados, recuerdos… recuerdos fatuos, malos recuerdos. Todos los tenemos. Habitan nuestra conciencia y vuelven una y otra vez a nuestro fuero íntimo. Los recibimos, los ahuyentamos, los disfrutamos o nos hacen daño. Cuando los ignoramos es porque nos involucran traicioneramente en episodios que preferiríamos no haber protagonizado. Los recuerdos fatuos, en cambio, son casi fantasías que nos inventamos para reparar zonas oscuras. Los demás evocan partes de nuestra vida con dolor y placer. Es bueno guardar los buenos recuerdos y disolver los malos, aquellos que vez tras vez hacen decaer nuestro estado de ánimo. Pero, en suma, los recuerdos se evocan desde el presente según las circunstancias que estamos viviendo y tenemos que aquietar nuestro espíritu y adueñarnos de la situación real para dejar atrás imaginarias limitaciones y asociaciones repetidas. Mas los recuerdos tienen mucho que enseñar; por ejemplo, a no repetir lo que los ocasionó ni infligirles el mismo daño a otros. Seamos responsables de nuestros recuerdos, asumamos todas sus facetas y que nos ayuden a mejorar y a conectarnos con los demás de una forma más responsable, pacífica y empática. Que nuestros recuerdos, buenos y malos, nos hagan menos crueles y más considerados con los demás, que también cargan con los suyos… Alberto Félix Suertegaray DNI 14.169.481 Roca
Alberto Félix Suertegaray DNI 14.169.481 Roca
Recuerdos dulces, recuerdos amargos, recuerdos alegres, recuerdos tristes, recuerdos ignorados, recuerdos... recuerdos fatuos, malos recuerdos. Todos los tenemos. Habitan nuestra conciencia y vuelven una y otra vez a nuestro fuero íntimo. Los recibimos, los ahuyentamos, los disfrutamos o nos hacen daño. Cuando los ignoramos es porque nos involucran traicioneramente en episodios que preferiríamos no haber protagonizado. Los recuerdos fatuos, en cambio, son casi fantasías que nos inventamos para reparar zonas oscuras. Los demás evocan partes de nuestra vida con dolor y placer. Es bueno guardar los buenos recuerdos y disolver los malos, aquellos que vez tras vez hacen decaer nuestro estado de ánimo. Pero, en suma, los recuerdos se evocan desde el presente según las circunstancias que estamos viviendo y tenemos que aquietar nuestro espíritu y adueñarnos de la situación real para dejar atrás imaginarias limitaciones y asociaciones repetidas. Mas los recuerdos tienen mucho que enseñar; por ejemplo, a no repetir lo que los ocasionó ni infligirles el mismo daño a otros. Seamos responsables de nuestros recuerdos, asumamos todas sus facetas y que nos ayuden a mejorar y a conectarnos con los demás de una forma más responsable, pacífica y empática. Que nuestros recuerdos, buenos y malos, nos hagan menos crueles y más considerados con los demás, que también cargan con los suyos... Alberto Félix Suertegaray DNI 14.169.481 Roca
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