Jazz de domingo por la noche, historia de un ciclo

Un grupo de talentosos músicos roquenses comenzó con esta aventura que ya lleva cuatro años y más de cien domingos. El año pasado redoblaron la apuesta y le sumaron un programa de radio.

Muchas dicen del jazz. Que es sólo para entendidos y que hay que saber para entender, dicen. También dicen que sólo se divierten los músicos. Y dicen que si no sos músico o entendido, te aburrís. Todos estereotipos, devuelven Walter Lusarreta y Mauricio Costanzo, dos músicos que se divierten tocando jazz, pero que rompen el clisé logrando que el público también la pase bien. Si no, no hay forma de explicar que un ciclo de jazz de domingos por la noche se sostenga durante cuatro años de manera ininterrumpida. Es cierto, podría explicarse el fenómeno tratándose de Roca, una ciudad particularmente jazzera. Pero, ¿cómo explicamos esto? Acaso una respuesta a todo esto se encuentre en los músicos. En ellos y sus ganas de tocar, siempre.
Tocar jazz cada domingo fue una idea que el bajista Ignacio Long le propuso al saxofonista Walter Lusareta y al baterista Mauricio Costanzo. Después de unos cuantos “¿estás seguro?”, “¿te parece?”, dijeron que sí. Sumaron a la pianistas Sabina Muruat y comenzaron. Y funcionó. Ya llevan cuatro años tocando cada domingo, en el resto bar La Jungla, a la hora en que el fútbol se termina.

P- ¿Cómo fue sucedió?
Walter Lusareta- Es medio milagroso porque tampoco teníamos tantas expectativas.
Mauricio Costanzo- Un domingo temprano era medio raro.
WL- El domingo tenía siempre un tinte dramático (risas). Se trataba de escaparle a ese momento. Como un minisábado antes del inminente lunes.
MC- Resignificar el domingo.

Lusarreta, Costanzo y Camba.

P- ¿Cómo le encontraron la vuelta para que el jazz sea convocante?
MC- Lo primero que hicimos fue pensar en tocar desde un buen lugar, escuchar música. Y pasó que gente que no escuchara jazz fuera a vernos, que volviera al domingo siguiente y que le recomendará el ciclo a otras personas. También es llamativo lo que sucede con el jazz porque tiene un público bastante grande aquí. Definitivamente, hay gente a la que le gusta el género, pero también notamos que hay gente a la que le gusta escuchar música y otra gente a la que le gusta ir a lugares donde se producen hechos artísticos.
WL- Yo creo que la repetición hace a la formación del hecho cultural. Si estás todos los domingos durante cuatro años, ya sabés que ese día y a esa hora pasa algo.

P- ¿La idea de ciclo los predispone a pensar de otra manera cada presentación?
WL- Es una característica del jazz: nunca sale de la misma manera. El ciclo también fue cambiando. Empezamos con la idea de tocar standars de jazz y se fue transformando al tomar otras músicas y pasarlas por el tamiz del jazz. Pero también eso fue variando. No queríamos caer en eso que llaman jazz rock.

P- ¿Qué fue lo más lejos que llevaron el jazz?
MC- ¡Cumbia! Una vez que hicimos un tributo a Charles Mingus. Tiene un disco que se llama “Cumbia & Jazz Fusion” que está buenísimo. Lo terminamos mezclando con “Bombón asesino” (risas).
WL- Ese es un desafío, tenemos que hacer más cumbia (risas).
MC- Hemos pasado por el candombe, la chacarera, el rock… siempre con respeto y entendiendo que no somos de esos palos. En general, cuando lo hacemos es porque invitamos a músicos que sí lo son y nos ayudan a entrar ahí.
WL- La otra idea es que haya una mezcla respetuosa. Tomamos esas músicas y las pasamos por las texturas del jazz, que tienen que ver con la improvisación, las texturas, lo tímbrico. Con esa libertad que da el jazz.

Sabina Muruat, una de las protagonistas del ciclo desde el primer domingo.

P- ¿Quiénes estuvieron el primer domingo del ciclo?
MC- Nacho Long, Sabrina Muruat, Walter y yo. Walter, Sabrina y yo seguimos. La variable siempre fue el bajista. A Nacho lo reemplazó Victor Valdebenito en contrabajo y a Víctor lo reemplazó Ignacio Camba, que es el bajista que más tiempo lleva en el ciclo. (N. de la R.: Camba ya no es parte del conjunto)

P- ¿Cuántos domingos llevan?
MC- Superamos los cien domingos. Algo que también cambió el ciclo fue la aparición de músicos invitados, que fueron cerca de 60. Tocamos con 60 personas distintas, y algunas se repitieron más de una vez.
WL- Al principio, los invitados iban a prenderse en alguna parte. Ahora, los llamamos para armar algo, ensayamos, hacemos arreglos para la ocasión.
MC- El cuarteto propone eso, porque nosotros ya teníamos mucha escucha entre nosotros le proponemos al que venga a sumarse en ese plan y nosotros lo vamos a estar escuchando muy atentamente lo que tiene que decir y ellos se copan escuchándonos a nosotros.

Una vez que hicimos un tributo a Charles Mingus. Tiene un disco que se llama “Cumbia & Jazz Fusion” que está buenísimo. Lo terminamos mezclando con “Bombón asesino”.

Mauricio Costanzo.

P- Musicalmente, ¿cómo se estimulan para seguir?
WL- Con las ganas de tocar. Mantenemos este espacio por las ganas de tocar. Y la evolución del espacio sonoro, la escucha entre nosotros, la búsqueda permanente del sonido… eso es lo que te estimula a seguir yendo y a seguir tocando. El problema de los proyectos a largo plazo es el que yo llamo de cristalización, cuando laburás una cosa, te gusta como sale y la repetís. No es nuestro caso.
MC- Respecto del comienzo, también hubo una profundización del lenguaje del standard, porque si bien habíamos tocado mucho eso, el hecho de tocarlos todos los domingos empieza a activar otras cosas, otras escuchas. Volvíamos a escuchar discos clásicos y decíamos “Mirá, el tipo está haciendo esto o lo otro…”. Eso nos lleva a encontrar cosas. Es lo fantástico de la música, siempre encontrás algo nuevo aunque lo hayas escuchado muchas veces. Eso nos dio mucha retroalimentación
WL- ¿Qué es el standard? Temas de un cancionero de Estados Unidos. Entonces, agarrás canciones de acá y las tocás en formato standard sabiendo que es otra cosa. Si vas a hacer una canción de Spinetta, establecés una estructura sobre lo que vas a tocar y tocás esa canción y la utilizás como un standard.
MC- Si tuviera que definir el jazz diría que es toda música que tiene improvisación sin límites. No es algo que uno pueda decir ‘vamos a improvisar esto, después va a pasar lo otro…’ No, es vamos a entrar y ver qué puede pasar allí. Quizás, cuando entraste había una idea de que pasara cierta cosa con la improvisación y una vez adentro te das cuenta que hay que hacer otras cosas.
En una pieza de rock viene determinada sección y no podés no tocar, en cambio en el jazz sí puede pasar, decimos vamos a tocar dos melodías un solo y ya está, pero quizás tocamos una de las dos melodías y ya está, no hace falta tocar la segunda. O al revés. Eso también el jazz. No siempre nos encontramos (risas), pero sí se nota claramente la intención de estar buscándonos en la interpretación.

Hay gente a la que le gusta el jazz, pero también notamos que hay gente que viene a escuchar cualquier tipo de música y otra a la que simplemente le gusta ir a lugares donde se producen hechos artísticos”.

Walter Lusarreta.


WL- La gente que está escuchando también hace que vayas para un lado o para el otro. Percibir lo que sucede.
Una de las cosas que me gusta de este proyecto es que hemos mejorado mucho el sonido, algo que habitualmente se descuida. También terminar con la idea de público de jazz, que se sostiene en que le jazz es una música para entendidos. Un estereotipo del escucha de jazz. El público de nuestros ciclos es un público diferente, yo no diría que es un público de jazz. Desde el estereotipo, pero que sí lo es a parir de los ciclos, ¿no?
MC- Es un público más jazzero desde donde nosotros concebimos el jazz, un público que se mete donde nosotros proponemos que se metan, se involucran en la música que interpretamos.
WL- Es el público que uno quiere que haya en todo, sin preconceptos. Todos, y me incluyo, estamos esperando escuchar lo que ya escuchamos. Vas a ver a alguien para que toque esa canción que vos querés escuchar, pero la mejor situación es la de estar libre de eso. Existe el preconcepto que en el jazz sólo se divierten los músicos (risas). Es una responsabilidad compartida entre el músico y el público. Vos como músico tenés que tirar la onda. Porque también es cierto que so “olvidan” del público (risas).
MC- También está prestablecida la idea de entender el jazz. Muchas veces dicen “fui y no entendí nada”. ¡No hay que entender! (risas). Se trata de un disfrute del hecho artístico y de que la gente se sienta movilizada con lo que ve o escucha. No se trata de “Ah, Walter tocó la escala de mi mayor…”. La verdad es que eso no importa para nada.
WL- Ese debe ser el mensaje (risas): ir y disfrutar de la música, que en nuestro caso es de jazz.

El ciclo de jazz sucede cada domingo a las 21 en La Jungla resto-bar. Mientras que Estación Jazz se emite cada miércoles a las 21 por 97.1 Estación Diez.

P- No conformes con un ciclo, desde el año pasado hacen un programa de radio, “Estación Jazz”, cada miércoles a las 21, por Estación Diez. ¿Por qué un programa sobre jazz?
MC- Chorky Fernández nos llamó para una columna de jazz dentro de su programa. Rápidamente, se copó y nos sugirió que hiciéramos un programa. Consiguió un espacio y arrancamos. El programa retroalimentó el ciclo de jazz.
WL- Pero a nosotros no nos interesa que sea un programa de jazz, nos interesa pasar música. Charlamos, leemos, invitamos gente. Es un programa más de arte, no es de música de género. Me aterran un poco ese tipo de programas. Esos tipos que tiran data del tipo “este disco se grabó en 1934…”. No los escucharía (risas).


Muchas dicen del jazz. Que es sólo para entendidos y que hay que saber para entender, dicen. También dicen que sólo se divierten los músicos. Y dicen que si no sos músico o entendido, te aburrís. Todos estereotipos, devuelven Walter Lusarreta y Mauricio Costanzo, dos músicos que se divierten tocando jazz, pero que rompen el clisé logrando que el público también la pase bien. Si no, no hay forma de explicar que un ciclo de jazz de domingos por la noche se sostenga durante cuatro años de manera ininterrumpida. Es cierto, podría explicarse el fenómeno tratándose de Roca, una ciudad particularmente jazzera. Pero, ¿cómo explicamos esto? Acaso una respuesta a todo esto se encuentre en los músicos. En ellos y sus ganas de tocar, siempre.
Tocar jazz cada domingo fue una idea que el bajista Ignacio Long le propuso al saxofonista Walter Lusareta y al baterista Mauricio Costanzo. Después de unos cuantos “¿estás seguro?”, “¿te parece?”, dijeron que sí. Sumaron a la pianistas Sabina Muruat y comenzaron. Y funcionó. Ya llevan cuatro años tocando cada domingo, en el resto bar La Jungla, a la hora en que el fútbol se termina.

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