A 25 años de un hito industrial que puso a la región en el mapa mundial

Tras un año de “prueba y error” los operarios de la planta de Arroyito consiguieron “las primeras gotas” de agua pesada. Lo cuentan en primera persona.



Adrián Lizzi recuerda el día 1 de la puesta en marcha de las operaciones. Foto: Juan Thomes

Adrián Lizzi recuerda el día 1 de la puesta en marcha de las operaciones. Foto: Juan Thomes

Hace 25 años Neuquén fue noticia en el mundo. Por primera vez en el país se obtuvo agua pesada grado reactor. Este hito en la historia de la energía nuclear argentina se produjo el 9 de septiembre de 1994 en la Planta Industrial de Agua Pesada de Arroyito (PIAP).

Adrián Lizzi, que ingresó a la planta en 1993 fue uno de los autores del logro y lo rememoró como la culminación de un proceso de un año de prueba y error.

Desde entonces la planta tuvo muchos vaivenes con períodos donde se detuvo la producción y una actualidad que atraviesa su momento más difícil.

“Cuando vos entrabas no había un conocimiento de cómo ponerla en marcha, te daban un manual y había que estudiarlo”, recuerda Lizzi.

En números

196
toneladas fue la producción que alcanzó la planta de Arroyito en 1998, año que registró su punto récord.

El trabajador llegó desde Rosario cuando tenía 25 años . Fue uno de los tantos técnicos e ingenieros que vino de plantas químicas y petroquímicas de otros puntos del país con la misión de poner la planta en funcionamiento. Algo inédito por aquellos años.

Lo desafíos eran constantes. “Por ahí alguna falla provocaba fugas de amoniaco y teníamos que andar con máscara”, recuerda sobre lo que ocurría entre 1993 y 1994 .

Realizaban tareas 40 personas por cada turno de ocho horas. “Pero las tareas eran muchas, y la puesta en marcha por ahí se paraba por una falla técnica y en general se estiraba a turnos de 12 horas”, comenta.

En ese entonces estaba a cargo del compresor de amoniaco.

Lizzi narró que ya en julio de 1994 “se empezó a entender mejor el funcionamiento los primeros días de septiembre la muestra en la torre 17 “registraba “un alto enriquecimiento de deuterio”.

Era la brújula que indicaba que el objetivo estaba cerca de cumplirse. Fue el momento de activar el sector de oxidación que hasta ese momento no se había puesto en funcionamiento.

Todo este largo proceso culminó el 9 de septiembre en un día con mucha algarabía y expectativa: “Se luchó un año y cuando salieron las primeras gotas fue alegría total ”, rememora.

El logro fue celebrado con cenas y agasajos.

Para que se considere grado reactor tiene que tener un contenido de 99,75% de deuterio y en Arroyito la pureza supera el 99,8%. Es un líquido que se utiliza para moderar y refrigerar reactores nucleares.

“Argentina la produce primero para devolverle el agua pesada que le alquilaba a Canadá y después se produjo la carga para Atucha 2”, informó el empleado de la PIAP sobre el destino de las primeras producciones.

Luego, con lo elaborado se abasteció a centrales nucleares argentinas y el agua pesada se exportó a otros países. Formó parte de un plan de energía nuclear nacional elaborado en la década de 1970 y se basó en reactores con combustible con uranio natural.

Lizzi recordó que los ingresantes a la planta posterior a 1995 eran trabajadores que egresaban de las escuelas técnicas de la región, que recibían el conocimiento de los que estaban desde el periodo inicial, pero ya nunca más se debió experimentar.

El complejo pasó de 150 a 40 operarios en los últimos años. Foto: Juan Thomes

Producción detenida y un futuro con pocas esperanzas

El panorama de la planta ubicada sobre la ruta 237 está lejos de aquel momento de gloria. Desde 2017 tiene paralizada su producción y el futuro de los trabajadores es incierto.

Una de las propuestas que se barajó fue la reconversión a una planta de fertilizantes, pero el proyecto nunca avanzó.

“Con mucha bronca. Siempre pensé que era un parte de un sector que era floreciente. Me ofrecieron un retiro y lo rechacé”, expresó Lizzi.

Por la parálisis, de los 120 operadores de campos y 32 panelistas que habían hoy solo quedan 30 operadores y 11 panelistas.

“El departamento de ingeniería ya no funciona y muchos mecánicos que tenían el conocimiento para la reparación de los equipos hoy ya no están”, comentó sin ocultar su tristeza.


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