Acuerdo Transpacífico: un “tesoro” bien guardado

Por Redacción

Eduardo Tempone (*)

Es como la búsqueda del “tesoro” en tiempos de la globalización. Tal vez menos romántica que el hallazgo de un manuscrito antiguo, pero igualmente remunerativo. Se trata de los cien mil dólares de recompensa que ofrecería el sitio WikiLeaks a quien revele uno de los secretos mejor guardados en los últimos años: los detalles del Acuerdo de Asociación Transpacífico –conocido como TPP–, un polémico pacto comercial concluido hace unos días en Atlanta entre Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y otros ocho países de tres continentes: Brunei, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Las negociaciones, celebradas en secreto, estuvieron rodeadas de no pocas críticas y protestas en los países participantes. No sólo porque las negociaciones fueron secretas, sino por lo que parecerían ser concesiones problemáticas que beneficiarían a las grandes corporaciones en desmedro de la salud pública, el acceso a las medicinas, el empleo, el medioambiente y otras cuestiones cruciales. Hasta ahora el acuerdo recibió grandes dosis de literatura económica y comercial, pero escasa información. A pesar de su anuncio, el texto se desconoce en su totalidad. La visión dominante es que la iniciativa estadounidense responde a una suerte de pivote en el eje Asia-Pacífico para reequilibrar la influencia de China en la región, basada en ciertos objetivos geoestratégicos y de seguridad nacional. Esa interpretación es correcta pero, sin duda, el acuerdo parece ser algo más. El TPP reúne a la primera y la tercera economías a nivel mundial (Estados Unidos y Japón) y un mercado de 800 millones de consumidores. Se presenta como el mayor acuerdo de libre comercio desde que se concluyó el de América del Norte (Nafta) en los 90. Lo más obvio es que el pacto dispara sobre las corrientes comerciales asiáticas y sobre la influencia económica de China en el área, que no recibió la invitación para sentarse a la mesa de las negociaciones. Pekín, por lo pronto, ya se encargó de devolver diplomáticamente el gesto: lanzó su propia iniciativa (Asociación Económica Integral Regional, RCEP) con otros dieciséis socios de la región pero sin Estados Unidos. Pero, más allá de la región asiática, el TPP también se proyecta sobre otras latitudes porque refuerza la tendencia para concluir acuerdos comerciales al margen de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La exclusividad de la entidad internacional para generar y administrar las normas del comercio global parece haber quedado definitivamente relegada. Algunas voces optimistas, sin embargo, señalan que el acuerdo podría sacar del pantano las conversaciones sobre asuntos sensibles (liberalización agrícola, industrial y otras) que mantienen postradas en la incertidumbre las negociaciones multilaterales comerciales, conocidas como la Ronda de Doha (2001). Pero esos asuntos, en general, no parecerían ser la clave del TPP. El objetivo declarado es profundizar o incorporar nuevas normas para adaptarlas a la realidad del comercio del siglo XXI, algo que la OMC fue incapaz de hacer durante los últimos veinte años. La fragmentación geográfica de la producción y la distribución de las grandes compañías multinacionales han creado esa nueva realidad comercial. Designadas con frecuencia como “cadenas de valor”, su funcionamiento requiere de procesos de integración y apertura cada vez más profundos. La liberalización de servicios (telecomunicaciones, transporte y logística), la protección de inversiones y de los derechos de propiedad intelectual, la convergencia regulatoria y los flujos transfronterizos de datos son algunas de las cuestiones que requiere el funcionamiento de los nuevos modos que adquirieron las transacciones de mercancías, servicios e inversiones. Todas estuvieron presentes en las negociaciones del TPP. Hasta ahora esos aspectos no habían figurado en la agenda de los acuerdos comerciales de un modo prominente. En adelante, seguramente sirvan de precedentes para futuras negociaciones, incluyendo las que se desarrollen en el ámbito multilateral de la OMC. El TPP se asienta en un modo de relación comercial que, se quiera o no, será el dominante en los próximos años. Sus efectos concretos para los países que no pertenecen al “club” deberán ser calculados a medida que se conozca el contenido y la amplitud de sus cláusulas. Por ahora, sólo resta esperar que el acuerdo se dé a conocer o bien que alguien encuentre el “tesoro”. (*) Abogado y diplomático