Adiós a Ray Bradbury, padre de otros mundos
Ayer, a los 91 años, falleció el visionario escritor, autor de “Fahrenheit 451” y de “Crónicas marcianas”. Su nombre es uno de los símbolos de la literatura de ciencia ficción.
Desde 1992, un asteroide, allá en el espacio que tanto le gustaba, lleva su nombre: Ray Bradbury. Un gran homenaje para el padre de esos otros mundos que están más allá de la Tierra; para ese creador que ayer, a los 91 años, falleció en Los Ángeles.
“Crónicas marcianas”, “El hombre ilustrado”, “Fahrenheit 451”, la novela de 1953 que 16 años más tarde llevó al cine François Truffaut, son seguramente sus clásicos más recordados. Pero lo cierto es que escribió más de 500 títulos en su larga carrera.
Relatos, poemas, novelas, piezas de teatro y guiones de cine y televisión. Los críticos hablaban de él como un maestro de la observación detallada y un virtuoso del idioma que siempre creaba nuevas e impensables imágenes.
Bradbury publicó su perturbadora novela “Fahrenheit 451” en 1953. Allí, el autor dibuja una sociedad represiva donde los libros están prohibidos. La historia no sólo es una fuerte crítica a los regímenes totalitarios, sino que cuestiona la indiferencia y la postura acrítica de la sociedad de consumo que hace posible una situación de ese tipo.
Bradbury relató en algún momento que la inspiración para su libro llegó al ver a una pareja paseando: a pesar de que pasaba una hermosa noche junto a su marido y su perro, la mujer seguía con sus auriculares una novela en una pequeña radio.
El título hace referencia a la temperatura con la que el papel se inflama y arde por sí mismo. Y muchos vieron en él un ataque a la persecución de comunistas bajo Joseph McCarthy. La novela fue traducida en numerosos idiomas y popularizó el nombre de su autor.
Por eso, no le hizo ninguna gracia que Michael Moore utilizara el mismo título para su premiado documental sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 “Fahrenheit 9/11”. “Michael Moore es un maldito saco de basura. Eso es lo que pienso de él. Me ha robado el título y ha cambiado las cifras sin haberme pedido permiso jamás”, dijo.
En 1997, en su visita a la Feria del Libro de Buenos Aires, un Bradbury de pelo blanco y anteojos, relató cómo fueron sus primeras aproximaciones al género: “Cuando tenía ocho o nueve años comenzaron a aparecer las revistas de ciencia ficción en Estados Unidos. Yo quería vivir en las revistas, en sus edificios, quería ser parte de ese futuro”. “En 1929 llegó la Gran Depresión, y comencé a coleccionar las revistas de Buck Rogers… Los chicos se reían de mí, porque yo creía en el futuro”.
En aquella misma visita al país, Bradbury narró una anécdota que lo define mejor que muchas palabras: “Hace unos 20 años –contó el escritor– fui invitado a ver las primeras imágenes televisadas de Marte. Entonces, un reportero de la NBC me interrogó: ‘Usted estuvo escribiendo desde siempre sobre la vida en Marte. ¿Cómo se siente ahora que han llegado allí y no hay seres vivientes?’ Yo le dije: ‘Tonto, tonto, hay vida en Marte, nosotros somos los marcianos’”.
Jorge Luis Borges –prologuista de la primera edición española de “Crónicas marcianas”– dijo que al leerlo sintió la fuerza de una narración que aunque anticipaba los viajes espaciales, también recuperaba el corazón de viejas creencias. “Otros autores estampan una fecha y no les creemos porque sabemos que se trata de una convención literaria; Bradbury escribe 2004 y sentimos la gravitación, la fatiga, la vasta y vaga acumulación del pasado”, escribió el autor de “Ficciones” en la introducción del libro, donde además se interroga: “¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?”
“Cuando escribí el libro –contó Bradbury– la Segunda Guerra Mundial había terminado hacía pocos años y ya entonces miré a la ciencia con ojos críticos. Desde entonces mantengo esa actitud y creo que hoy debemos agudizarla: basta con ver lo que sucede en África o en Medio Oriente, cómo la gente se está matando y cómo la técnica interviene en ello”.
Aunque nunca recibió el codiciado premio Pulitzer, en el 2007 el jurado le otorgó una mención especial por su “productiva e influyente carrera”. Tampoco se llevó un Oscar, pero fue nominado por el guión del clásico de Melville “Moby Dick” de John Huston en 1956. De todas formas recibió varios galardones, entre ellos el Emmy por el guión de “The Halloween Tree”, para la cinta animada basada en el libro del mismo nombre.
Bradbury solía reunir dinero para las bibliotecas, a las que amaba: “Las bibliotecas me educaron. No creo en las escuelas y universidades”. Aun a los 91 años escribía a diario, incluso durante su enfermedad. Su mujer había muerto en el 2003 después de 57 años de matrimonio.
“No se preocupe por las cosas. No se presione”, dijo una vez. “Sólo haga su trabajo y sobrevivirá. Lo importante es divertirse, ser feliz, ser amoroso y ser explosivo. Fuera de eso viene todo lo demás y uno crece”.
En 1985, tras un paréntesis de 23 años, Bradbury regresó a la novela con “La muerte es un asunto solitario” , seguida de varias obras más.
El escritor sufrió un derrame cerebral en 1999, pero se las arregló para regresar al trabajo, dictando a su hija “De la ceniza volverás”.
“Lo más importante es dedicar el tiempo a ser uno mismo”, decía Bradbury, a quien le gustaba citar sus dos principios básicos: “¡Al diablo con eso!” y “Haz lo que tienes que hacer”.
Novelas, ensayos, poesías, guiones para el cine y la televisión conforman la obra prolífica de este escritor, que tuvo sobre todo desde un principio la aceptación de la gente común, fascinada con sus historias.
“Si me preguntan cuál es el día más feliz de mi vida, respondo que todos los días, porque estoy haciendo lo que quiero hacer”, solía decir él, que dejó, con esa felicidad diaria que lograba al escribir, un gran legado al futuro.
(DPA/Télam/ Redacción)
“Soy un pensador libre, no pertenezco a nadie, digo lo que quiero y lo que veo”, se definía Bradbury.