Adrián Iaies estará en el Segundo Festival de Música en Roca

El pianista Adrián Iaies compartirá su experiencia y su música con los roquenses

Por Redacción

Música

Hoy comienza el Segundo Festival de Música que organiza Fundación Cultural Patagonia (FCP), que hasta el sábado próximo -en el Auditorio “Ciudad de las Artes” y el Centro Musical de FCP, Rivadavia 2263, de Roca- sumará conciertos y clases maestras. De esta nueva edición participarán la pianista Haydée Schvartz, Elías Gurevich y Ramiro Gallo en violín, y los pianistas, compositores y arregladores Andrés Pilar, y Adrián Iaies, también productor musical, con quien “Río Negro” habló antes de su arribo a Roca.

Iaies es la combinación equilibrada de prolífica tarea jazzística y particular acercamiento al tango y otras formas de nuestra música popular, desde una estética que le ha valido aplausos y elogiosas críticas, dentro y fuera de la Argentina. Nominado tres veces a los premios Grammy Latinos por sus discos “Las Tardecitas de Minton’s”, “Tango reflections” y “Las cosas tienen movimiento”, ganó el Konex de Platino Mejor Músico de Jazz 1995-2005.

Su intervención en el Segundo Festival de Música comenzará el jueves 1 de octubre a las 19, dictando una Clase Magistral y el viernes 2 dará un recital con el Grupo de Jazz de FCP.

– Expresaste la idea de reunir, de congeniar, presente en tu modo de concebir la música…

– Me parece una gimnasia propia del jazz. Si te asumís como músico de este género y no tenés reparos con el rótulo, yo no los tengo, uno de los puntos importantes es el concepto de juntarse, de reunirse, de estar dispuesto a sorprenderse y asumir el riesgo que significa salir del lugar cómodo de tocar siempre con la misma gente y el mismo plan. De hecho, como director artístico del Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires, desde el comienzo promoví los cruces. Un tipo viene de afuera a dar su concierto pero quiero que toque con colegas locales. Es como dar clases.

Un músico de jazz da clase siempre, pero no porque simplemente lo ayuda a vivir, es un tema de ideología. El jazz es música a escala humana.

– El intercambio es vital para el género. Es ceder el ego ante el otro.

– ¡Claro! Es la clave de esta música. Con mis alumnos, por ejemplo, uso metrónomo. Y les explico que el tempo no lo marca el metrónomo, resulta de tocar con otros. Una vez tocarán con un baterista de buen tempo y otro día con uno más flojo y puede pasar lo mismo con un contrabajista… Deben aprender a lidiar con esa situación porque la mitad de la energía está puesta en tocar, y la otra parte, en escuchar qué tocan los demás, ya que condiciona la propia ejecución.

Es un fenómeno que debe suceder sincronizada y automáticamente. Tocás y escuchás y en base a lo que oís, tocás. Por eso, es tan importante entrenar la oreja, acostumbrarse a sacar cosas de los discos. Tenés que oír a alguien y en tiempo real, poder contestarle, citar lo que tocó, decir algo al respecto con tu instrumento. Aunque ese algo sea un silencio. Puede que el mejor comentario posible sea dejar que eso quede sonando y no entorpecerlo, no saturar el momento. Claramente, no hay ego posible. La única estrella es la música y se supone que todo el mundo está atrás de ese objetivo.

A mí, me emociona mucho -aun cuando prefiero los formatos chicos- escuchar orquestas. No solo grandes bandas. En una sinfónica hay setenta, ochenta tipos sacando adelante una partitura. Es como una comunidad, una comunión de personas interpretando la obra. Me emociona hasta las lágrimas. Y eso es el jazz.

– Tocaste con el roquense Lucio Balduini.

– Lucio es un capo. Siempre hay excepciones, en cualquier rubro. Pero él está dentro de esa regla en la que creo: alguien toca como es y es lo que toca. Es un tipo súper humilde, muy sencillo, profesional y minucioso. Cuando charlás con él, te das cuenta cómo cuida los detalles y cuando toca, también. Lo que hace con el trío de Pipi Piazzolla que no tiene bajo eléctrico ni contrabajo, es maravilloso. Cumple un doble rol. Acabo de programarlo de nuevo para el Festival Internacional (del 10 al 15 de noviembre). El año pasado hizo un set de guitarra solista y ahora va a dúo con otro gran guitarrista de Mar del Plata, Jorge Armani (el viernes 13).

Jorge es más tradicional, le gusta tocar estándares con un sonido más viejo, y Lucio, no. Sin embargo, funcionan, se llevan fenómeno. Los dos atentos a aprender del otro. Creo que si una virtud y un talento tengo, es que siempre he elegido buena gente para tocar. Teniendo posibilidades, estás del lado de la solución o del lado de los problemas. Yo quiero a los que son una solución, a los interesados en sacar la música adelante, a los dispuestos a aprender. Lucio es uno de ellos. Y es de Roca.

– Vos te estás escuchando y muchas de las cuestiones que citás, también hacen a tu persona.

– Como no tengo cabeza de sideman (profesional contratado que toca o graba con un grupo del que no es miembro regular), cuando me siento a escribir música o un arreglo, necesito saber quién va a tocar esa partitura. Yo no escribo para un instrumento, sino para tal instrumentista, y debo conocerlo, sentir la ilusión de que le gusta la obra. Cuando Ángel Frette me llamó para el concierto de Roca, en la Fundación, le dije que no me alcanzaba con la formación del grupo, que necesitaba los nombres para buscarlos y ver qué tocan. Mandame videos, le pedí. Y si tengo que escribir para uno que toca el caño (viento de metal), ¿cómo lo hace, cuál es su estilo?

– Darás también una clase magistral, el 1 de octubre.

– Mejor, una charla. La palabra masterclass la dejo para Winton Marsalis. En cualquier caso, quiero conocer qué público habrá, para saber si ponerme técnico o específico, si hablar de cuestiones musicales o de otras más amplias, más conceptuales, filosóficas; algo relacionado con la labor del músico, con la forma en que se ubica frente a este oficio. Los músicos nos olvidamos de ello y los alumnos, también. Esto es casi una manualidad, no es como estudiar Derecho. Es más una artesanía. El estudiante de música está más cerca del aprendiz de zapatero.

El momento del escenario es como una misa, estás en un altar que se debe respetar. Tenés una responsabilidad porque alguien que tenía un montón de opciones para hacer, decidió dedicarte una hora, hora y media, de su vida, sentándose en una platea a escucharte. Mejor que te hagas cargo de lo que eso significa.

Eduardo Rouillet


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